Por Santiago Follet y Ale Kur. 14/10/18

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Alrededor de 250.000 personas se dieron cita este sábado 13 de octubre en el Tiergarten de Berlín, en una multitudinaria marcha antifascista contra el racismo y la xenofobia. La movilización fue convocada por cerca de cuatrocientas organizaciones, entre las cuales se encuentran los partidos de izquierda y de centroizquierda, así como organizaciones sindicales y de todo tipo. Podemos ver entonces la enorme potencialidad que tiene la unidad en las calles de todos los sectores antifascistas, evitando que estas sean tomadas por la ultraderecha. La convocatoria, promocionada con el hashtag #unteilbar (indivisible), reunió a miles de personas, que como señalaron los organizadores del evento en su documento “Por una sociedad abierta y libre: solidaridad, no exclusión”, se manifestaron en solidaridad con los inmigrantes y en defensa de las libertades democráticas que se encuentran actualmente amenazadas ante el crecimiento de la extrema derecha.

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En efecto, en las últimas semanas, en la ciudad de Chemnitz, en el este de Alemania, un movimiento xenófobo fue ganando las calles propagando su ideología “neonazi” de odio contra la inmigración, luego de que un hombre iraquí y otro sirio fueran arrestrados como sospechosos de cometer asesinato. Un hecho que ha servido para que estos sectores descarguen su bronca reaccionaria contra los más de un millón de inmigrantes y refugiados que han llegado a Alemania en los últimos años.

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En el mismo sentido, la oleada reaccionaria viene expresándose en el crecimiento electoral del partido anti-migrantes de extrema derecha Alternative für Deutschland (AFD), que logró obtener este domingo cerca del 10% en unas elecciones regionales del estado de Baviera, en donde el CSU, de Angela Merkel, acaba de obtener su peor resultado electoral en décadas.

El descontento con un gobierno considerado como “progresista” y la confusión política reinante ante la falta de alternativas para las grandes masas son elementos en los cuales se apoya un crecimiento generalizado de la extrema derecha en diversos países, tal como ocurriera con Bolsonaro en Brasil en la semana anterior. Esta avanzada es de suma peligrosidad porque pone en cuestionamiento hasta los derechos más elementales y básicos de la población y amenaza con retroceder hacia relaciones de fuerza mucho más desfavorables para los sectores explotados y oprimidos.

Por otra parte, la movilización berlinesa muestra que el clima reaccionario evidenciado por el triunfo de Bolsonaro en Brasil no debe tomarse de manera unilateral. Siguen existiendo en la situación internacional enormes reservas de lucha por parte de amplios sectores. El avance mundial de los movimientos de mujeres, de los movimientos juveniles, etc. es una enorme contratendencia, que marca un polo alternativo y opuesto al del giro derechista.

Por estos motivos, la movilización masiva de Berlín es una enorme muestra de resistencia, la expresión de una mayoría muchísimo más grande que el sector reaccionario anti-inmigrantes y marca el camino de una lucha en las calles que es necesario profundizar, apelando a la autoorganización de los trabajadores y los oprimidos, para quebrar el avance de los “neonazis”. Se impone, en este contexto, como una tarea central la defensa de las libertades democráticas y la libertad de asilo, libre circulación e instalación de los inmigrantes y refugiados en Europa. Es necesario levantar las banderas internacionalistas, para que la solidaridad triunfe sobre los racistas que quieren imponer su intolerancia reaccionaria. Como decía una de las banderas presentes en la marcha de Berlín: ¡No pasarán!

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