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Nov - 15 - 2018

En la fotografía, de izquierda a derecha: Ilhan Omar, Ayanna Pressley, Rashida Tlaib, Alexandria Ocasio-Cortez

Estados Unidos: la “guerra civil” del Partido Demócrata se pone en el centro de la escena

Por Ale Kur

En el número anterior de este periódico, cubrimos los resultados de las elecciones de “medio término” de los EEUU, que culminaron con un triunfo parcial del Partido Demócrata: desde enero de 2019 se hará con el control de la Cámara de los Representantes (la Cámara baja del Congreso Nacional norteamericano). En esta nota queremos referirnos a los hechos posteriores a la elección.

Un discurso colaboracionista del “establishment” demócrata

El primero de estos hechos ocurrió a pocas horas de conocido el resultado electoral. La representante Nancy Pelosi (portavoz del grupo demócrata en la Cámara) realizó un discurso ampliamente repudiado por las bases progresistas de su propio partido. En él, llamó a una “colaboración bipartidista” en el nuevo Congreso: es decir, a colaborar con el gobierno de Trump y sus legisladores republicanos. No se trata de una figura de rango menor: por el contrario, Pelosi es la representante oficial del “establishment” corporativo y neoliberal demócrata -el mismo que nominó a Hillary Clinton como candidata en 2016- para ser derrotada por Trump en las elecciones generales.

A través del discurso de Pelosi, la plana mayor del Partido Demócrata expresó su intención de no ser ninguna oposición seria, de no poner en riesgo la gobernabilidad y no hacer que Trump salga eyectado de la Casa Blanca. Una orientación totalmente a contramano de lo que vienen exigiendo millones de personas que se enfrentan al gobierno reaccionario de Trump en las calles, en los lugares de trabajo, en las universidades, y también en las urnas.

En dichos sectores, el clima político se caldea cada vez más, y la paciencia se viene agotando hace rato: no hay ninguna razón para retrasar la salida de un presidente machista, racista, xenófobo, ajustador, y que encima perdió las últimas dos votaciones por varios millones de votos de diferencia[1]. Si el establishment demócrata llama a la “paz social” es únicamente porque está al servicio de la estabilidad capitalista, y teme tanto como Trump al estallido de una verdadera rebelión popular.

La ocupación ecologista de las oficinas de Pelosi

El repudio de las bases progresistas a esta orientación del “establishment” demócrata no se hizo esperar ni quedó solamente en los discursos. Hace unos días atrás, una movilización del grupo ecologista “Sunrise Movement” (“Movimiento del Amanecer”) irrumpió en las oficinas de Pelosi, presionándola para que adoptara un programa mucho más proactivo contra la terrible amenaza del cambio climático. Más exactamente, el programa defendido por dicha organización se denomina “Green New Deal” (“New Deal”[2] verde): consiste en exigir un plan económico integral que reemplace los combustibles fósiles por energías limpias y renovables, y que genere millones de puestos de empleo erradicando la pobreza.

La medida de ocupar las oficinas de Pelosi logró un gran impacto político, ayudado por un hecho bastante significativo: se sumó a la misma Alexandria Ocasio-Cortez[3], recientemente electa a la Cámara de los Representantes. La participación de Ocasio en una medida de este tipo es una fuerte declaración política: pese a que tanto aquélla como Pelosi pertenecen al mismo partido político y al mismo grupo parlamentario, encarnan posiciones opuestas. Mientras Pelosi representa la continuidad del viejo Partido Demócrata, Ocasio llegó al Congreso de la mano de los movimientos sociales y de la campaña de organizaciones socialistas y progresistas.

La batalla por el liderazgo del grupo parlamentario demócrata

Esta “guerra civil” entre el establishment Demócrata y el ala izquierda del partido recién acaba de comenzar. Tendrá nuevos episodios apenas asuman los nuevos representantes en enero de 2019. Allí, el grupo parlamentario del Partido Demócrata deberá elegir a su nuevo/a portavoz para el mandato vigente (que será, por la mayoría obtenida en las elecciones, el portavoz de toda la Cámara de los Representantes). El “establishment” demócrata irá nuevamente por la reelección de Pelosi. De manera nada paradójica, Donald Trump anunció su apoyo a esta perspectiva –lógicamente, es la que menor amenazaría su gobierno.

Pero el ala izquierda del grupo parlamentario Demócrata ya anunció que presentará a sus propios candidatos para el cargo. Se está poniendo en pie, por ejemplo, una campaña para nominar a la representante Barbara Lee, perteneciente a dicho sector. El programa que unifica a esta tendencia es una versión actualizada del que levantó Bernie Sanders en las primarias demócratas de 2016: cobertura universal y gratuita de salud para todos (“Medicare for All”), abolición del organismo encargado de perseguir y deportar a los migrantes (ICE), educación superior gratuita, combate contra el cambio climático, aumento del salario mínimo, etc.  

Para dicho sector, la pelea por el liderazgo del grupo parlamentario es una pelea estratégica porque prefigura (y prepara el terreno) para la “madre de todas las batallas”: las primarias demócratas de 2020, de las que saldrá el próximo candidato/a presidencial de dicha formación. Es muy probable que Bernie Sanders vuelva a presentarse, esta vez con chances muy serias de disputar el triunfo.

El ala progresista del Partido Demócrata viene muy fortalecida, especialmente luego de que en estas elecciones de medio término fueron electas cuatro nuevas representantes de esta tendencia: Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib, Ilhan Omar y Ayanna Pressley. Su triunfo fue uno de los elementos más impactantes (y más destacados por los medios) de la votación. Pone de relieve, entre otras cosas, el gran impacto que tuvo el movimiento de mujeres, principal protagonista de la resistencia contra el gobierno de Trump.

Sigue abierto el conteo de votos

El último elemento que queremos señalar aquí es que, pese a haber transcurrido una semana de la votación, en muchos Estados (como Florida y Georgia) los resultados todavía no están disponibles. Esto se debe a que se trató de una elección particularmente pareja. Las diferencias entre uno y otro candidato son demasiado pequeñas para declarar un ganador. Por ello se está procediendo al recuento de votos.

Esta situación perjudica a Trump y favorece a la oposición, ya que las elecciones que siguen abiertas son aquellas donde supuestamente debían ganar los candidatos republicanos.  De esta manera, por ejemplo, el conteo tardío de los votos en Arizona dio lugar a una nueva senadora demócrata –una gran novedad en un Estado tradicionalmente conservador. En Florida, si bien es difícil que el recuento cambie la tendencia, el solo hecho de que el resultado esté en disputa es todo un hecho político: se trata de un Estado clave para las elecciones presidenciales de 2020, y que Trump supuestamente había ganado la semana pasada.

La tendencia política señalada por los “recuentos de votos” es muy clara: está en cuestión la hegemonía de Trump y los republicanos. Más allá de como resulte concretamente cada votación, el sentido general es claramente el de un retroceso del gobierno. Aunque en el conjunto de estas elecciones no se haya producido una “ola azul”[4] en toda la regla, la derecha gobernante sale debilitada de la votación, y la oposición progresista sale fortalecida.

La palabra última la tendrá la lucha en las calles y en los lugares de trabajo, la resistencia que los sectores populares, explotados y oprimidos puedan oponerle al gobierno reaccionario de Trump. Es allí donde éste puede (y debe) ser derrotado, para abrirle el paso a una verdadera salida por izquierda.

[1] Recordamos aquí, una vez más, que Trump pudo ganar la presidencia por el sistema de elecciones indirectas existente en EEUU: el mandatario es elegido por el Colegio Electoral, formado por representantes de los Estados, sin guardar proporción directa con la cantidad de población. El que gana más Estados gana la presidencia, por más que haya quedado abajo en el voto popular. Trump no sólo perdió la votación popular de 2016 por tres millones de votos, sino que el Partido Republicano volvió a quedar seis millones de votos debajo de los Demócratas en las elecciones de la última semana.

[2] El “New Deal” original fue un plan económico implementado por el presidente demócrata Roosevelt durante la década de 1930, cuya intención era reactivar la economía y el empleo fomentando entre otras cosas la obra pública, la negociación colectiva de los salarios, el derecho a sindicalización, etc.

[3] Ocasio pertenece al ala izquierda del Partido Demócrata y se reconoce a sí misma como “socialista democrática”, además de apoyar a Bernie Sanders.

[4] El Partido Demócrata se representa con el color azul, mientras que el Republicano lo hace con el rojo.

Por Ale Kur. SoB 495, 15/11/18.

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