Por José Luis Rojo. Editorial SoB 496, 22/11/18.

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Hagamos una movilización multitudinaria contra el G-20

Ciudad sitiada

José Luis Rojo

“ ‘La seguridad es uno de los elementos preponderantes en un evento de este tipo, con la presencia de los mandatarios más relevantes del mundo. Será un dispositivo de seguridad potente, fuerte y adecuado al desafío’ dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, durante una conferencia de prensa realizada ayer en el CCK”. (La Nación, 21/11/18)

Con la excusa del G-20 el gobierno se apresta a declarar un “Estado de sitio” los próximos viernes 30 y sábado 1°. Estableciendo “perímetros”, cerrando Retiro, suspendiendo el servicio del subterráneo, prohibiendo que caminen juntas más de tres personas; la ciudad estará sitiada.   

Y no se tratará solamente de la Capital Federal. Durante esas jornadas tampoco circularán los trenes por el Gran Buenos Aires; una aberración que no tiene otra explicación que disuadir el libre derecho a manifestarse.

La única manera para transportarse en la región más concentrada del país, serán los colectivos. Y esto sin perder de vista que, en muchos casos, tendrán diagramas de emergencia.

Con la aprobación de la ley presupuestaria, los fondos aportados por el FMI y esta contraofensiva intimidatoria, el gobierno goza de una calma transitoria.

Sin embargo, esta “estabilidad” es demasiado frágil. La situación económica es malísima y la bronca por abajo inmensa.

Si las cosas no se han desbordado ha sido por la inestimable colaboración de los dirigentes sindicales y el kirchnerismo, jugados todo el año a la gobernabilidad.

Oficialistas y “opositores” están entrando ahora en “modo electoral”. Esto se verá reforzado por el festival de elecciones provinciales que se viene a partir de marzo. Pero la coyuntura que se avecina será mixta: combinará las elecciones con el conflicto social.

El gobierno va a desplegar una parafernalia represiva con la excusa que “el mundo mira la Argentina”. Razón de más para realizar una movilización multitudinaria contra los amos del mundo capitalista.

Una frágil estabilidad  

Como señalamos semanas atrás, una coyuntura que no logra ser explotada por la izquierda amenaza con serlo desde la derecha.

Esto es lo que explica los últimos desarrollos, y da marco al despliegue represivo que hará el gobierno.

Macri viene de anotarse un triunfo costoso con el presupuesto. Un triunfo que no le asegura la aplicación del ajuste por abajo: algo que deberá dirimirse en cada lugar de trabajo (sin olvidarnos de las pulseadas en las legislaturas provinciales).

Esa aprobación se hizo con costo incluso dentro de Cambiemos. La relación del gobierno con los radicales y Carrió está desgastada. Pero, sobre todo, hay conflictos al interior del PRO: el vínculo entre Macri y Vidal no pasa por su mejor momento.

Vidal se queja por haber quedado hecha un sandwich entre el ajuste nacional y la resistencia de los intendentes; intendentes a los que quiere endosarles parte del mismo[1].

Por otra parte, la aprobación del segundo acuerdo con el FMI y el giro de 5.500 millones de dólares le han dado al gobierno el colchón que necesitaba para parar la corrida cambiaria; al menos en lo inmediato.

Sin embargo, esta evaluación también exige cuidados: el diario La Nación informa que de esos 5.500 millones de dólares (llegados al país sólo quince días atrás), ya se fugaron 2.000 millones.

Y el periodista Javier Blanco le ha puesto cifras a la fuga de divisas hasta septiembre pasado: ¡24.500 millones de dólares! (La Nación, 21/11/18). ¿Qué significa esta cifra en términos concretos?: ¡930.000 millones de pesos! ¡El doble del ajuste brutal que acaba de votar el Congreso y que deberán pagar los trabajadores rifado graciosamente para el beneplácito de los especuladores!

Aun así la coyuntura se estabilizó transitoriamente por las razones antedichas; incluyendo en esto la no realización del (falso) paro general que la CGT no estaba dispuesta a convocar.

Fue una típica maniobra de la burocracia para “sacar” algo que ya estaba charlado: un bono miserable de $5.000 pagadero en dos cuotas (y del cual no se sabe realmente qué sectores lo van a cobrar).

Con ser muy frágiles, el gobierno encontró un respiro y pretende pasar a la contraofensiva. Contraofensiva que conjuga varios elementos: entre ellos, el papel de la Legislatura porteña.

Una de las leyes que acaban de ser votadas es que los micros escolares no podrán trasladar manifestantes; una limitación escandalosa del derecho a la protesta.

Pero hay más proyectos votándose en la ciudad porque Cambiemos tiene mayoría parlamentaria propia; proyectos que se votan en CABA y luego pretende endosárselos al país.

Uno de ellos es la aberración del UniCABA: buscar cerrar 28 escuelas terciarias, muchas de ellas con tradición centenaria, llevando a cabo un ajuste privatizador.

Y parte también de estas votaciones aberrantes es la degradación de la carrera profesional de las enfermeras y otros sectores no médicos: una aberración que está dando lugar a una histórica irrupción de la base que desborda los sindicatos.

A esta frágil estabilización viene a sumársele el mega operativo represivo que prepara el gobierno para el G-20.

La excusa es evidente y repite lo ocurrido en otros países en circunstancias similares: un evento de carácter internacional se utiliza para la política interna.

Pasó con la Copa del Mundo en Brasil bajo el gobierno del PT; que incluso llegó a la aberración de imponer una “ley antiterrorista” (de la cual ahora se va a servir Bolsonaro). Pasa ahora en la Argentina: se justifica el despliegue represivo con la excusa que vienen los mandatarios.

No contentos con la “zona de exclusión” en torno a la Costanera, Macri y Bullrich decidieron montar una segunda zona de exclusión alrededor del Teatro Colón.

La razón: prevenirse de la movilización que se realizará el viernes 30 contra los mandatarios del mundo.

En síntesis: la próxima semana viviremos una escenificación represiva que pretenderá coronar un giro en la coyuntura, pero que será de patas cortas.

Aprestos electorales

Cada índice económico que se anuncia sólo parece agravar la crisis que se está viviendo. La caída del PBI este año será el 3%. Para el 2019 no se espera nada mejor: una nueva caída del 2%.

En materia inflacionaria se espera una caída del salario real promedio del 10%. Además, la inflación apenas si se “moderaría” este mes de noviembre, totalizando el 2018 un 50% de aumento de los precios (un verdadero record mundial sacando Venezuela).

Los despidos crecen pero todavía no conforman una epidemia. ¿Hasta cuándo? Nadie lo sabe. Aunque podemos adelantar que bajo el resguardo de las fiestas y el comienzo del año, el gobierno y los empresarios se van a dedicar a despedir tupido…

Nadie da dos centavos por la estabilidad económica. El riesgo país, es decir, la sobretasa que paga el gobierno por los préstamos (un dato “teórico”, porque nadie le presta a la Argentina), está en 700 puntos (un 7% más de lo que se paga en el centro del mundo).

Y la incertidumbre crecerá a lo largo del 2019. Es que los fondos parecen suficientes para cubrir los vencimientos del año que viene; nadie sabe qué pasará a partir del 2020.

Conforme avance el año avanzará la incertidumbre electoral: comenzará el nerviosismo sobre si Macri sigue o no, lo que meterá presión sobre el peso habilitando una mayor fuga de divisas, presiones al alza nuevamente sobre la tasa de interés, etcétera, por lo cual podría renacer la corrida cambiaria.

Por abajo la bronca es enorme. Si Macri sigue en su cargo es por la “sobrevida” que le otorgaron la CGT, el moyanismo y el kirchnerismo.

El kirchnerismo y Moyano hacen un juego doble: por un lado, garantizan la gobernabilidad de Macri y su ajuste; por el otro, buscan encauzar electoralmente la bronca y derrotar al gobierno electoralmente.

El macrismo se aferra a la posibilidad de la reelección en medio de reproches y cruces con Vidal, los radicales y Carrió.

En el peronismo el sector de Pichetto, Urtubey, Massa y Schiaretti aparece debilitado, mientras que los K parecen estar fortaleciéndose.

El Congreso está virtualmente cerrado; con la perspectiva electoral acercándose, el gobierno aparece más en minoría que nunca.

La estabilización coyuntural aparece muy frágil aunque, de momento, la salida anticipada de Macri parece haberse cerrado. Todas las fuerzas patronales y burocráticas hacen esfuerzos mancomunados para llevar la coyuntura a las elecciones, y el 2019 está a la vuelta de la esquina.

En este contexto hay que detenerse en las aberrantes declaraciones de Cristina. Estuvo prácticamente borrada de la escena política durante 3 años y ahora reaparece para decir que la “grieta” es Cambiemos y ella es la “unidad de los pañuelos verdes y los celestes”…

Más allá del cinismo de su votación “favorable” al derecho al aborto en el Senado (y de su apelación a “no enojarse con la Iglesia”), ahora vuelve a la carga con la idea de que en su espacio hay sectores que defienden “ambos pañuelos”…  una confirmación de que si los K vuelven al gobierno tampoco van a facilitar la conquista del derecho al aborto.

Lo que el kirchnerismo ensaya es un nuevo giro a la derecha. Tratan de demostrarle a la patronal que “no son ellos los que dividen el país”, que ellos van a ser una “prenda de unidad”.

Muchos simpatizantes K justifican esto con el falaz argumento de que los derechos de las mujeres “no son contradicción principal”…

Pero es todo pura real politik burguesa y patronal: Kicillof acaba de salir en una revista de negocios a afirmar que un nuevo gobierno K “no rompería con el FMI”; “que no son enemigos de los empresarios”.

Movilicémonos masivamente contra el G-20

A pesar del cambio de la coyuntura, por abajo se desarrollan ricos procesos de lucha; entre ellos la rebelión de las enfermeras.

Hay que entender un poco de qué se trata. Es una irrupción del sector como hace años no se ve. Que irrumpa masivamente la base refleja cosas profundas. En este caso, el ataque brutal de no reconocerles carrera profesional a uno de los sectores que hacen el trabajo más sacrificado.

Significa quitarles expectativas de progreso; ideales. Considerar la Enfermería y otros servicios de salud como un trabajo “rebajado” además de lo que significa eso en materia de miseria salarial y condiciones esclavistas de trabajo.

Esta misma bronca generalizada por abajo es lo que puede facilitar que el viernes 30 vivamos una movilización multitudinaria contra el G-20.

Frente al polo reaccionario y explotador de los Trump, los Bolsonaro y los Macri, y ante las traiciones y entregadas del PT y los K también, emerge una nueva generación que se expresa mundialmente en las calles contra los zarpazos reaccionarios, los gobiernos bonapartistas y la barbarie del capitalismo.

Desde ¡Ya Basta!, Las Rojas y el Nuevo MAS nos vamos a movilizar con todo el viernes 30 a partir de las 14 hs. en Avenida 9 de Julio y San Juan.

Vamos a sortear todos los escollos para poner en pie una gran columna militante que les diga bien alto a los dignatarios del mundo que no queremos al G-20: ¡no queremos estos gobiernos explotadores, represivos y capitalistas en nuestro país!  

[1] Pretende transferirles el costo de la tarifa social del transporte y los servicios, quitarles fondos educativos para que hagan obras y, al mismo tiempo, lograr que en la Legislatura provincial se le apruebe un nuevo aumento del endeudamiento provincial.

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