Por Roberto Sáenz. Cierre del punto nacional del VIII Congreso Nacional del Nuevo MAS. 8/12/18

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Con el desarrollo del debate, el Congreso se fue acomodando: vemos una coyuntura “mixta” marcada por la inestabilidad: crisis económico-social, elecciones y luchas.

1) Una coyuntura mixta muy inestable

Hay que delimitar dos cuestiones: el análisis de lo que se viene y la orientación; orientación que plantea iniciar un giro hacia la campaña electoral pero sin perder el terreno de las luchas.

Porque cometeríamos un error si preparáramos al partido para una campaña electoral “tranquila”. Cualquiera que prepare a un partido, a una organización de la izquierda, para una campaña electoral puramente electoral, cometería un error político o, en todo caso, de método: desarmaría.

Por dos elementos. Uno, que marcó muy bien una compañera, que dijo con Lenin: “Yo no pienso solamente en el país, pienso en el mundo”… Y el mundo transmite convulsiones, mucha inestabilidad.

Hoy están los “chalecos amarillos” dando vuelta autos en Francia, por ejemplo. Hay que ver qué alcances tiene: cuánto hay de confluencia de sectores, etcétera. Trump también: metieron presa a una empresaria china desatando una tormenta. O sea: los acuerdos del G20 duraron lo que un suspiro

Tampoco esto quiere decir que los desarrollos a la crisis sean mecánicos. Ahí está todo el tema de las dificultades en la conciencia; las dificultades inmensas para ir a una conciencia anticapitalista.

Pero en el mundo hay mucha convulsión. Y el contexto mundial es de convulsión. Convulsión con un gobierno hoy en la Argentina como el de Macri, que gira a derecha pero es débil. Es peligroso, pero débil. Porque su base de sustentación es estrecha: la de un gobierno que anda en muletas.

Anda en dos muletas: el imperialismo y el FMI más la burocracia y los k, esto porque no tiene atributos propios sólidos: está en minoría en ambas cámaras, tiene a una parte del empresariado enojado, le es fiel un 30% del electorado pero el resto lo detesta, etcétera.

Entonces sería un error decir: “vamos a una campaña electoral tranquila, planchada”. No: no vemos plancha. Y si hablamos de “coyuntura mixta”, es mixta: combina inextricablemente crisis, luchas y elecciones. No va a ser puras elecciones.

Sino estableceríamos un corte, y no una dialéctica, entre la experiencia del año 2018 y el proceso del 2019. No hay tal corte. Por supuesto, avanzan los meses. Y si se estabiliza mucho y se entra en campaña electoral lisa y llana, se verá. Pero lo menos probable es una campaña electoral planchada, sin crisis permanentes.

Desde ese punto de vista sería un error armar al partido para una perspectiva de calma. Armamos al partido para una perspectiva de crisis; aunque ahora se dio vuelta la coyuntura y el gobierno trata de pegar.

Pero este es también un dato mundial: el dato no es la tendencia a la estabilidad, sino la inestabilidad; la polarización de los asuntos (aunque con un elemento retardatario en la conciencia que después voy a retomar).

Entonces, creo que se entiende lo que quiero decir: no confundamos las perspectivas con el necesario giro a la campaña. Porque el mundo te introduce elementos nuevos que debemos tomar.

Elementos nuevos cuya resultante no es fácil: porque la resultante en lo inmediato es por derecha o extrema derecha. Suman a una resultante compleja; pero que es también un desafío revolucionario en la acción. Todos esos elementos están por el lado de la dinámica; la dinámica está abierta.

2) Campaña electoral

De todas maneras, el punto tuvo su astucia porque aun siendo unilateral, el gobierno te mete elecciones desde el 1º de enero. Ese es un dato de la realidad. Ese va a ser un factor; porque el factor electoral es un factor de la lucha de clases, un factor estabilizador: todos a elecciones.

Las elecciones empiezan en marzo, o sea, empiezan “pasado mañana”. Estamos empezando a procesar el tema. Este Congreso es medio bisagra; no es un Congreso estrictamente de giro electoral. Estamos procesando eso. Eso requiere una elaboración, una reflexión, ver cómo se acomodan las cosas.

Había que hacer un hincapié para entender que la coyuntura se daba vuelta y que se venía el tema electoral. Pero el 2019 no va a ser un año fácil: va a combinar una coyuntura mixta de luchas y campaña electoral con muchos elementos de inestabilidad, con un gobierno que llega en muletas, que es agresivo pero débil.

Esto último lo dice también la burguesía. Lo decía el chantún este que es medio “lumpen-burgués”, Melconian: “el de Macri es un gobierno de transición”. ¿Y qué viene después de la transición?, en el 2020, ¿un default? Eso es lo primero.

Lo segundo, en el terreno de análisis electoral, es que cualquier previsión electoral hecha en diciembre de 2018, sería un error: es imposible hacer previsiones electorales tan por anticipado; menos que menos en un terreno como el electoral, que es tan “movedizo”.

Y en eso estuvo muy bien un compañero de la dirección que ofició de “abogado del diablo”, dijo: “ojo que tampoco es número puesto que la elección la pierda el gobierno”… “mucho menos anticiparse a lo que sería un futuro gobierno de Cristina…”.

O sea, no, paremos un poquito. Está todo muy abierto todavía ¿Cómo se van a expresar las tendencias políticas en el terreno electoral? Todavía falta. Falta demasiado para hacer una previsión electoral ahora; es muy apresurado.

Este es un Congreso más global. En realidad, quizás necesitemos eventualmente un evento más específico para discutir más la campaña electoral, veremos.

Largamos ya una iniciativa político-electoral con el llamado unitario, y también le pusimos fecha al inicio de la campaña: 20 de enero. Pero todavía no tenemos elementos para discutir fino la cuestión.

Y cuánto el actor político-electoral es menor desde el punto de vista objetivo, la izquierda es menor, es difícil discernir los elementos cuando los actores grandes todavía no los definieron.

No los puede definir la izquierda porque no es la que corta el bacalao; lo corta la burguesía, el macrismo, el kirchnerismo, etc.

Entonces, para definir bien el discurso electoral y todo eso, hay que esperar un poco: hay que ver cómo se acomodan las cosas.

De cualquier manera, en la orientación una cosa positiva es que no hubo infantilismo. Y eso en la orientación es importante.

Porque el elemento electoral es un elemento que se incorporó; es un elemento de la realidad que se puede llegar a transformar en el dominante muy rápidamente.

Y si vos no decís “vamos a un giro; hay que agarrar el tema electoral (sin perder el tema lucha de clases, etc.)”, cometes un error en la orientación.

Ese fue el punto bueno de ayer: que el partido empezó a discutir que tenemos que agarrar el problema electoral; que hubo un cambio en los trabajadores; que la coyuntura cambió y se empezó a hablar de las elecciones en muchos lugares de trabajo.

Un tema que debemos empezar a enfrentarlo, pensar y desarrollarlo; de ahí el llamado que hicimos en la Conferencia de Prensa.

3) Luchas y conciencia de clase  

Veamos ahora un problema, que no es solo electoral sino estructural: el cruce contradictorio entre la acción y la conciencia. Contradictorio, complejo.

Tenemos un problema: esa pelea por el activista que estuvo luchando al lado tuyo, incluso la compañera del movimiento de mujeres que estuvo luchando con vos, y por el posibilismo va a votar a Cristina K.

Porque si algo no hay es conciencia revolucionaria, compañeros y compañeras. Hay una escisión entre la acción y la conciencia, una escisión que no está resuelta. Sólo son revolucionarios la ultra vanguardia. Es un dato mundial.

Estamos cruzados por lo internacional y eso hace más difícil el debate. Es un debate para pensar, no para definir la táctica. Tenemos una dificultad: hay sectores de masas rompiendo por la extrema derecha y no por la extrema izquierda; ese es el problema.

Es, en realidad, el problema de la revolución. Te pueden decir cualquier “batata” desde el punto de vista extremista-derechista. Pero nadie te dice “batatas” izquierdistas; nadie.

Te dicen cosas desagradables. Un sector de los chalecos amarillos decía (al comienzo del proceso, esto después cambió): “en éste piquete no hay negros”; “en este piquete somos todos blancos”. Ahora, por otro lado, no hay chalecos que te digan: “En este piquete estamos todos por la revolución socialista”… No te dicen eso; la cosa se radicaliza por derecha pero no por la izquierda todavía.

Entonces, incluso la discusión electoral tiene que arrancar desde esa circunstancia estructural: no es una discusión puramente “electoralista”; se ancla en los problemas de fondo que enfrentamos.

El lío que tenemos es ese. Y ahí está el posibilismo. Porque los tipos te dicen “acá no entran negros”. Pero cuando vos querés decir “acá no entran fascistas”, vienen los “progresistas” y te dicen “cállate la boca que vas a espantar a la gente”…

Piensen el problema. Porque, en todo caso, la radicalidad de los derechistas posibilita y obliga a tu radicalidad. Esto es profundo. No quiere decir hablar ultradas, ni dejar de ser pedagógico en los medios.

Pero si plantea un contenido socialista, anticapitalista, profundo, ideológico; un discurso más profundo que no quiere decir que deje de ser político.

Porque ellos radicalizan y te dicen: “gays, acá no”; “mujeres abortistas asesinas, acá no”; “negros, acá no”; “inmigrantes a Estados Unidos, no”; “muro, policías contra los inmigrantes, sí”; “las mujeres que van con los bebés amamantando por el camino, son ‘terroristas’, no entran a Estados Unidos”.

¿Y vos qué les decís? Haddad fue a Estados Unidos y dijo: “Hago mi voto de confianza a que a Bolsonaro le vaya bien”…

Entonces, es clave la delimitación anticapitalista con los k, con al progresismo. Cómo hacerla es complejo. Pero pasa por ahí: es global, es política, es revolucionaria, es socialista, es anticapitalista.

¿Cómo? Es complejo. Porque tampoco podemos decir ultradas. Muy complejo. Y creo que el partido eso lo entiende. Porque de esas ultradas no hablás con nadie: porque hay que partir de la conciencia promedio de la clase.

Una conciencia que más que posibilista es reivindicativa: se le pierde la perspectiva, el horizonte, en beneficio de la reivindicación inmediata. Otra cosa es en la juventud “ideologizada”, en las clases medias progresistas, donde domina, sí, el posibilismo como discurso ideológico: lo posible.

Ambas formas de conciencia limitadas confluyen, pero sus vertientes no son exactamente iguales. En el movimiento de mujeres un ejemplo entre muchos, es la vuelta del misoprostol. El derecho al aborto sería “imposible”, se perdió en el Senado: Macri no lo quiere, Cristina tampoco, fin de la cuestión.

Habría que hacer la revolución para conquistar este derecho; entonces, “misoprostol para todo el mundo”, posibilismo, porque además la revolución sería “imposible”.

O sea: esa vanguardia ideologizada es posibilista. La clase obrera no es posibilista, ni ideologizada, es otra cosa: es reivindicativa, es concreta ¿Se entiende? “No me hablen en ‘jeringoso’, háblenme en castellano” dicen los trabajadores (una conciencia que se forja en ausencia de condiciones revolucionarias).

Entonces, repito, es cómo que se unen dos vectores que no son exactamente iguales. Porque el posibilismo supone ya una ideologización de las cosas. Y en el empirismo, en la cosa pragmática de la clase obrera, no hay mucha ideología. Obviamente que es también una forma de posibilismo pero por una vía pragmática.

4) Un programa global

Otro plano de la cosa es que tenemos que unir la experiencia de la vanguardia y las masas. Tenemos que unir la vanguardia de masas que dio pelea el 13J, que dio pelea el 8A, que dio pelea el 14 y el 18 de diciembre, que hizo el 24 de octubre; que es la nueva generación joven militante, el movimiento de mujeres, la vanguardia obrera con las masas (que en un sentido todavía son “anchas y ajenas” para la izquierda[1]).

Tenemos que unir: construir la política y el programa para la campaña es unir esos dos vectores. Porque vos hacés campaña para las masas, no vanguardista. Pero la campaña supone captar una fracción de la vanguardia para el partido: unir ambos vectores.

Sino haríamos otra escisión: dividiríamos la experiencia de lucha del 2018 de la campaña electoral del 2019.

Hay que hacer lo contrario: establecer un “diálogo” entre la experiencia de lucha y su correlato político-electoral. Veo dos cosas combinadas. Por un lado, un programa de reivindicaciones que incluya la ruptura con el FMI (aunque el programa de reivindicaciones es más amplio que eso, evidentemente).

Un programa concreto, construido en la experiencia real. Lo del FMI establece un corte con los k; lo del derecho al aborto establece un corte quizás hasta más claro todavía con ellos; más convincente.

Porque lo del FMI es más difícil: la gente sigue con la idea que eso no es tan fácil; de “qué va a pasar si se viene el default”… Pero establece una delimitación política de primer orden, claro: romper con el FMI. Otra delimitación: “somos amigos de los empresarios” dice Kicilloff. Todo esto se expresa en el programa.

Pero el problema acá, lo que yo trato de explicar y que no se puede explicar solamente desde nacional, es que la extrema derecha tiene un discurso global. Bolsonaro convocó una reunión de la extrema derecha en Foz do Iguazú.

En Paraguay están masacrando a los campesinos. La burguesía paraguaya oriental que linda con Brasil es toda “brasi-guaya”. Yo sé eso porque estuve en Paraguay tratando de construir la corriente. Están reprimiendo tupido a partir del triunfo de Bolsonaro.

El encuentro de extrema derecha tiene una formulación global, no reivindicativa: “encuentro por un nuevo mundo” (o algo así). Una globalidad.

Una globalidad alternativa hoy sólo se puede anclar combinando elementos reivindicativos con elementos ideológicos. Tenés que meter las palabritas que nos gustan, y que van a abrir debate: anticapitalismo, socialismo.

Porque, además, es la enseñanza (aunque lo hacen con un contenido light) de Sanders, de Corbyn. Sanders es pícaro, dice: “salario mínimo de 15 dólares”, algo muy sentido por la juventud trabajadora; “educación gratuita”, muy sentido también el tema de la monstruosidad que se paga por la educación. Corbyn metió “impuesto a la riqueza”. La gente les dice: “son los candidatos socialistas”. Sabemos que son reformistas. Pero es una novedad política de los últimos años; una novedad de importancia.

¿Extrema derecha o “extrema izquierda”? ¿Nosotros qué somos? Por supuesto: pedagógico, globalidad, anticapitalismo, socialismo.

Porque además con el perfil antiimperialista no te diferenciás de los K: les das de comer a ellos. El bacalao se corta si estás con el capitalismo o no. El resto es todo chamuyo.

El problema es si vos empezás a meter la perspectiva global. Tenés que meter, la extrema derecha te obliga a meter. Eso no es: “vamos por la dictadura del proletariado”, no, no es eso. Hay que explicar; hay que traducir al castellano; hay que partir de las reivindicaciones concretas ¿Cómo lo vamos a hacer? Hay que elaborarlo colectivamente.

5) Un escenario de polarización electoral

Un compañero delegado del neumático nos refleja: “Es difícil decir que el gobierno fracasó”… Quizás no nos guste la cosa, pero escuchémoslo al compañero porque nos trae el reflejo de su fábrica.

Hay muchas voces en este Congreso que debemos escuchar para formular la política. Varios dijeron que no era tan fácil afirmar que el gobierno había fracasado; ahora desde el punto de vista del análisis es bastante evidente su fracaso así que tenemos que ver, porque el odio al gobierno es inmenso.

Esto nos lleva a un tercer problema: en el terreno específico de la campaña electoral va a haber una combinación entre una gran oportunidad constructiva, y una circunstancia eventualmente no tan fácil desde el punto de vista electoral (presidencial, al menos).

Ejemplo el PSOL: Boulos hizo una elección flojita: 0,59%. Esto como producto de la polarización entre Bolsonaro y Haddad. Pero el PSOL sacó 2 o 3 millones de votos a diputados nacionales, hubo mucho corte de boleta.

Boulos hizo una elección del 0,59 y se para en la Avenida Paulista y todo el mundo lo aplaude como gran figura (las relaciones entre los factores nunca son mecánicas). O sea: se estableció como gran figura con pocos votos. Y, además, hubo un gran corte de boleta a diputados.

Pero lo que les quiero decir es que la polarización va a ser difícil; no va a ser simple romper la polarización entre Macri y Cristina (si son finalmente ellos los candidatos).

Esto por la cosa concreta que decía Alcides: porque la clase obrera es concreta, pragmática. Aunque tampoco en este sentido se pueden adelantar muchos pronósticos. Porque la bronca contra Macri es inmensa; pero también hay un sector que no quiere volver a los k. Hay que ver cómo se dan las cosas.

Y hay que ver, también, el desarrollo de la crisis económico-social, el factor más dinámico los próximos meses. Y las luchas: si irrumpen luchas y de qué magnitud en el año electoral.

La cosa está abierta. Todavía es demasiado pronto para abrir escenarios puramente electorales; se verá según el desarrollo real de las luchas.

Hay otro problema más. La experiencia con Cristina es limitada en el sentido profundo del término. El trabajador se da cuenta que su vida siguió igual; que fue a laburar a las 5 de la mañana como siempre; que fue explotado como siempre.

Pero como experiencia consciente es meramente por comparación con Macri. Como experiencia consciente es el “fútbol para todos”, el “Ahora 12”… Y no hay más “Ahora 12”, ni “futbol para todos”, cosas que charlamos en el evento anterior, razón por la cual las cosas se pueden poner difíciles para una posición independiente, de la izquierda, se verá, es algo que debemos elaborar los mejores argumentos para nuestra campaña que será feroz “ni, ni”, de clase, independiente.

Macri sacó esas “galletitas”, esas mini-conquistas, por lo que en la comparación ganan los k, por no hablar de la situación económica social más de conjunto en el 2015 y ahora…

6) Frente único de la izquierda

Después está el problema del FIT, que varios lo señalaron. No dijimos mucho más porque no hacía falta: ayer hicimos el llamado por los medios, en directo.

Largamos una política de frente único de clase. O sea: es menti-política versus verdadera política. Menti-política es “unidad intergaláctica o nada” ¿Para qué? Para nada ¿Entonces para qué llamás, PTS?

Menti-política, que es un punto que le empieza a joder al PTS. La política se hace para que salga, no para que no salga. Esto versus política real en el sentido revolucionario: frente único en las luchas y las elecciones.

“Partido único” es una formulación estalinista. Partido unificado requiere una experiencia común desarrollada alrededor de toda una experiencia. ¿Cuál es el eslabón que se plantea ahora? Frente único.

El partido único estalinista es, en realidad, un ultimátum para no hacer nada. El frente único es una propuesta para hacer algo real. En las luchas y en las elecciones.

Las cosas son concretas: arranca por un llamado real a la unidad aprovechando el marco del Congreso.

¿Qué es hegemonía? Se los digo así tomando solamente una faceta: no ir al terreno del otro. Nosotros hacemos nuestro Congreso y hacemos nuestro llamado.

Hegemonía, en relación a las sectas, una de las cosas clave, es no ir jamás al terreno de ellos; disputar desde nuestro terreno. Que no quiere decir no ser unitarios.

Entonces, bueno, se nos viene una pelea también ahí evidentemente.

Termino. Una cosa que está bien, que es realista del Congreso, es saber que, efectivamente, la acción cotidiana del partido se reordenará en función de los desarrollos reales: el 20 de enero largamos la campaña electoral.

Siendo los actores políticos de relativamente menor envergadura, la manera de hacer una diferencia es arrancar primero.

Termino por acá. La discusión se ordenó. En todo caso, terminó por el punto general: las medidas de cuidado elementales que tomamos en este Congreso no tienen que ver con la campaña electoral; tienen que ver con lo que el mundo trae de novedad: una lucha de clases más radicalizada.

Porque si fuera por la campaña electoral, no tomaríamos medida alguna. No es por eso: es porque se viene un mundo más radicalizado. Entonces hay que empezar a transmitirle al partido una educación en relación a eso.

[1] Un dato importante es como Bolsonaro y la extrema derecha, aunque también Macri, apelan a los prejuicios, a la política vivida como “trolls”, de los sectores más atrasados de las masas.