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Por Agustín S., SoB 499, 20/12/18

La marcha contra el Pacto migratorio de la ONU, que contó con alrededor de 5000 personas, se concentró en el edificio de la Comisión Europea en Bruselas, había sido convocada por grupos de extrema derecha, como el Vlaams Belang, la Asociación de Estudiantes Católicos Flamencos (KVHV) y la Asociación de Estudiantes Nacionalistas (NSV).

El Pacto Mundial sobre Migración, también conocido como Pacto Marrakesh por haber sido firmado en Marruecos, pretende regular los flujos migratorios en todo el mundo, dando cuenta de hasta qué punto las migraciones son unos de los problemas más acuciantes de la situación internacional. En los últimos años, ha sido siempre noticia la marea de migrantes que llegan a los países de la Unión Europea fruto de las guerras civiles de Medio Oriente y la miseria que se vive en África, planteando serios problemas políticos a los gobiernos europeos en el marco de varios años de ajuste brutal y una crisis económica sin resolver. El Pacto fue firmado por 150 países, teniendo entre sus detractores a Estados Unidos e Israel. Hecho significativo en tanto el primero es uno de los principales explotadores de mano de obra migrante y el segundo es un Estado ilegítimo, fundado en el genocidio perpetrado contra el pueblo palestino.[1] La recepción de los migrantes por parte de los gobiernos y los pueblos europeos viene estando marcada por una creciente polarización, que incluye la marginación (cuando los gobiernos nacionales deciden cerrar sus fronteras) y la quema de campamentos de refugiados, pero también incipientes muestras de solidaridad popular hacia los migrantes. Esta división de aguas en la opinión pública se hizo explícita en la existencia de las dos marchas, pero hay que aclarar que en esta oportunidad la convocatoria dominante fue la anti-Pacto (la convocada por la derecha xenófoba).

El carácter de la movilización anti-pacto fue claramente reaccionario y xenófobo: “Por el camino, [los manifestantes] corearon cánticos contra la izquierda, a favor del cierre de fronteras”[2]. Una vez en el edificio de la Comisión Europea, cuando se estaba empezando a desconcentrar, varios cientos de manifestantes se enfrentaron con la Policía belga, en una lluvia de adoquines, vallas, gases lacrimógenos y descargas de hidrante.

La marcha fue convocada por los sectores más recalcitrantes de la derecha belga. El Vlaams Belang (“Interés Flamenco” en neerlandés), principal convocante, es un partido abiertamente racista y xenofóbico. Se encuadra en el independentismo flamenco, pugna por la separación de Flandes de Bélgica y (a diferencia de otros sectores independentistas de Europa) hace de la persecución a los inmigrantes parte central de su intervención en la vida política. Su eslogan “Nuestro pueblo primero” recuerda a otros sectores populistas de derecha como Donald Trump con su “América first”[3].

Además, la marcha contó con el visto bueno del N-VA (“Nueva Alianza Flamenca”), que si bien no fue convocante, expresó su apoyo político a la movilización a través de Theo Francken, una de sus principales figuras y ex Secretario de Estado de Inmigración. El N-VA es también parte del independentismo flamenco (aunque más moderado y pro-europeísta, lo que lo diferencia del Vlaams Belang) y es la primer fuerza electoral del país, habiendo obtenido el 20% de los votos en las últimas elecciones. Pocos días atrás, el N-VA rompió la coalición de gobierno que conformaba junto al Movimiento Reformador (liberales francófonos, que lideran el gobierno a través del Primer Ministro Charles Michel), el CD&V (demócratas-cristianos flamencos) y el OPEN VLD (liberales flamencos).

La crisis política que se abrió con la ruptura de la coalición de gobierno parecía cerrarse (o al menos estabilizarse) en la medida en que el N-VA declaró no tener intenciones de interponerse en las “próximas reformas” que el gobierno enviará al Parlamento, lo que permitiría canalizar la situación hacia las próximas elecciones (que realizarán en 6 meses).

Sin embargo, la polarización que se expresó en la marcha y la contra-marcha con respecto al Pacto Marrakesh, en consonancia con la inestabilidad que se vive en otros países de Europa (Francia y Hungría, por ejemplo), da cuenta de que la situación política puede desestabilizarse sin demasiados avisos previos e írsele de las manos a un gobierno que perdió un apoyo político importante con la salida del N-VA. En esta oportunidad, el desborde parece haberse volcado hacia la derecha (en tanto la marcha contra el Pacto superó ampliamente en convocatoria a la marcha en defensa de los migrantes) pero no puede descartarse un rebote hacia la izquierda. Esto dependerá del desarrollo de las luchas tanto en Bélgica como en el resto de Europa.

Agustín S.

[1]    De todas maneras, cabe aclarar que el Pacto Marrakesh es no vinculante, lo que demuestra hasta qué punto las resoluciones de la ONU son poco más que una declaración de buenas intenciones.

[2]    https://elpais.com/internacional/2018/12/16/actualidad/1544978603_505093.html

[3]    Para dejar más en claro la filiación política del Vlaams Belang, cabe mencionar que hace pocos días este partido fue anfitrión de un acto realizado por Steve Bannon (ex-director de campaña de Trump) y Marine Le Pen (derecha nacionalista de Francia) en Bélgica, en el cual llamaron al “reagrupamiento” de la derecha internacional. https://elpais.com/internacional/2018/12/08/actualidad/1544301096_606231.html