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Por Johan Madriz

El 2019 se inició con la implementación de las primeras medidas del Plan Fiscaly el anuncio por parte de Hacienda y el BCCR de una reducción del déficit fiscal al 6% (la proyección era de 7.3%) y perspectivas estables de crecimiento económico. Grandes noticias que indican que el país va por el camino correcto. ¿O no?

La mayoría de los indicadores económicos son negativos. El semanario empresarial El Financierolo describe contundentemente: “el 2018 no fue un año sencillo para los hogares: se redujo el ingreso, aumentó el desempleo, se incrementaron las tasas, cayó el crédito y el tipo de cambio tuvo fuertes fluctuaciones al alza”. Y, de momento, nada parece indicar que la situación mejore significativamente este año, más allá de un aumento temporal en los ingresos tributarios resultado de la amnistía aplicada en los últimos meses.

Resulta que el Plan Fiscal pasó y la economía no despega. La confianza de los mercados que se suponía generaría su aprobación nunca llegó. Las calificadoras de riesgo rebajaron las notas del país ya que “las medidas aprobadas no son suficientes” y la incertidumbre reina entre los empresarios que no se terminan de decidir en invertir y aumentar el consumo. Ahora las patronales dicen que necesitan la reforma al empleo público, el ajuste a los regímenes de pensiones, la educación dual, revisar el presupuesto para la educación, el FEES y por supuesto garantías de que todo este paquete se aplique con la mayor calma social posible, de ahí el proyecto que pretende prohibir el derecho a la huelga.

Según el gobierno el crecimiento vendría del lado del consumo de los hogares, sin embargo este rubroque está determinado por los ingresos disponibles tiene un panorama sombrío. La próxima implementación del IVA y el establecimiento de una canasta básica más restrictiva disminuiránaúnmáslas entradas disponibles. Incluso el estrujamiento resultado del congelamiento salarial y el aumento de los precios se evidencia en el alto nivel de endeudamiento de los hogares que representa un 60% de los ingresos.

Lo que si permitió el plan fiscal es iniciar un festival de endeudamiento que tiene como objetivo seguir pagando deuda. Por el momento se están negociando préstamos con el BM, BID y BCIE por $1.000 millones para financiar los presupuestos de 2019 y 2020. Además se tramita en la Asamblea Legislativa la autorización para emitir eurobonos por $6.000 millones durante los próximos 6 años y líneas de crédito anuales por $800 millones. Por otro lado el plan de endeudamiento interno para este año asciende a ¢1.4 billones.

La ministra de Hacienda despotricaba afirmando que “el tiempo se agotó, y si el país no logra avanzar en esta reforma, el ajuste lo hará automáticamente la economía, con tasas muy altas y con situaciones que realmente impactarán la capacidad del Estado para pagar de forma oportuna”[i]. Pues bueno, la reforma pasó y el “ajuste automático” se está dando, el gobierno ya tiene dificultades para pagar sus obligaciones (excepto la deuda, que es prioridad).

El resultado de la aplicación del Plan Fiscal es un ajuste directo contra los bolsillos de los sectores populares que ven como una porción mayor de sus ingresos les es saqueada para pagar los problemas que no provocaron, de ahí la necesidad de aplicar un plan con medidas progresivas que reduzcan la evasión y elusión fiscal y graven el gran capital, los bancos y las zonas francas.


[i]https://semanariouniversidad.com/pais/ministra-de-hacienda-apuesta-todo-al-plan-fiscal-el-tiempo-se-agoto/