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Por Johan Madriz

El presidente estadounidense Donald Trump, como ya es su costumbre, arremetió hace algunas semanas contra los migrantes latinoamericanos y elevó el tono al amenazar con la imposición de aranceles de 5% (que aumentarían paulatinamente de no cumplirse sus exigencias) a los productos mexicanos si este país no “toma medidas contundentes” para frenar la inmigración.

Tras este anuncio el gobierno de Lopez Obrador designó un equipo de negociación de alto nivel, liderado por el Canciller, para llegar a un acuerdo y evitar esta medida que sería desastrosa, no solo para México sino para el intercambio comercial en general de ambos países. Resultado de este pacto AMLO sucumbió bochornosamente a las políticas xenófobas y racistas de Trump, aceptando convertirse en el guardián de la frontera del imperialismo yanqui.

Migrantes en el Muro entre Mexico y Estados Unidos

Un acuerdo contra los migrantes

Nuevamente, Trump utiliza su coctel de migración, seguridad nacional y comercio para hacer amenazas erráticas, que incluso comprometen sus propios intereses nacionales, con el fin de lograr sus objetivos políticos reaccionarios y mostrarse victorioso en su cruzada por el “american first” de cara a las próximas elecciones.

Vuelve a utilizar los aranceles como forma de tener influencia directa en otro país. En este caso, en las políticas internas de México. Pero esta amenaza supone un peligro para el comercio bilateral por lo que un gran sector de la burguesía yanqui rápidamente se mostró en contra al afectar sus negocios. Así, por ejemplo, mientras en Washington se cerraba el acuerdo, en México una reunión de alcaldes de Norteamérica emitía una declaración apoyando la integración económica de la región. Y no es para menos, en los últimos 25 años la consolidación comercial del bloque ha permitido que el PIB de Canadá, Estados Unidos y México crezca: 195%, 181% y 132% respectivamente.

Resultado de las negociaciones se llegó a un acuerdo que el gobierno mexicano catalogó como “bueno para los dos países”. Lo bueno para México consiste en evitar los aranceles temporalmente, Estados Unidos impone sus condiciones y los migrantes… solo aparecen en el acuerdo como parias que repeler. Así, aunque AMLO intente vender la idea de un acuerdo ganador lo cierto es que Trump se impuso.

Según la cancillería mexicana uno de sus logros en la negociación es la no aceptación de la figura de “país tercero seguro”. Esta es una figura del derecho internacional que establece que si un migrante solicita asilo en un país este puede negarse a recibirlo si lo redirecciona a un tercer país que es considerado seguro para la salvaguarda de su integridad. Esta medida es aplicada por la Unión Europea con Turquía para la migración de Oriente y África.

Sin embargo, el acuerdo establece un programa llamado “Quédate en México” que inicialmente le permitirá a Estados Unidos enviar ocho mil migrantes a que esperen las resoluciones a su solicitud de asilo, que puede tardar varios meses, al sur de la frontera. En ese sentido, aunque formalmente se logró evitar la incorporación de país “tercero seguro” en los hechos lo estará siendo.

Asimismo, México se compromete a enviar seis mil efectivos de la Guardia Nacional a la frontera con Guatemala para labores de vigilancia y control migratorio para detener las caravanas migrantes. Esto, en los hechos, implica una política de militarización de la frontera, similar a la aplicada por Trump de su lado, que conllevara a la vulneración de los derechos de los migrantes.

Pero no queda ahí la cosa. La “victoria” de evitar los aranceles es un triunfo con fecha de caducidad. En 90 días se revisaran las medidas aplicadas y su eficacia  para determinar si se amplía el plazo de la suspensión. Es decir, el sometimiento es tal que se estaría a la espera de la aprobación o no de Trump. Además, el documento también incluye el compromiso mexicano de la compra inmediata de cientos de millones de dólares en productos agrícolas gringos.

Un gobierno sin rumbo

Este nivel de sometimiento es vergonzoso para el presidente que despertó las esperanzas de amplios sectores en un cambio en la conducción del país (en clave reformista), y que clamaba por las puertas abiertas para los migrantes distanciándose de las formas de hacer política de los gobiernos mexicanos del bipartidismo.

El gobierno de Lopez Obrador se ha caracterizado por ser uno errático, sin propuestas claras que definan sus objetivos y que al pintarse de izquierda deja mucho debiendo y confunde a los sectores que lo apoyan. De momento, se ha mostrado como un administrador más del Estado burgués, con algunas críticas menores, y con un total sometimiento a las políticas del amo del norte.

Desde la campaña electoral AMLO se posicionó como defensor de los “hermanos migrantes”, sin embargo, ese apoyo se ve ahora trastocado con el acuerdo alcanzado con Trump. En cuestión de siete meses tuvo que dar marcha a tras a su política de “puertas abiertas”. Inicialmente decidió brindarles alimentos, habilitarles permisos de trabajo y tránsito y ofrecerles ayuda legal con sus trámites. Pero ya para abril y mayo comenzó a girar al multiplicar los controles policiales y el registro de hoteles y sitios de resguardo. Además, redujo un 20% el presupuesto de la Comisión de Ayuda al Refugiado (COMAR) que cuenta con solo 50 funcionarios para todo el país.

Caravana migrante llegando a Mexico

Definitivamente una administración errática en política migratoria que terminó plegándose a Trump. Pero también es sumamente contradictoria ya que debe velar por el bienestar de sus migrantes connacionales en el norte pero aplicar esas mismas medidas de mano dura y criminalización a los migrantes centroamericanos. No hay peor sometido que el que apoya al verdugo.

Desde diciembre México ha deportado 80,500 migrantes y el trato que reciben del gobierno cada vez es peor. Han ido en aumento las noticias de vejaciones y atropellos. Se les mantiene en condiciones deplorables, hacinados, confinados en lugares improvisados, rodeados de policías y militares, expuestos a lo peor del tráfico de personas. Por ejemplo, “el propio López Obrador reconoció que docenas de migrantes desaparecieron de un camión interceptado por hombres armados en Tamaulipas[i]”.

Una migración necesaria

Según el investigador de la UCR Carlos Sandoval “hoy en Centroamérica no se elige migrar; hoy en Centroamérica migrar es una obligación”. Desde hace décadas los flujos migratorios hacia el norte han sido una válvula de escape a la situación política, social y económica de estos países.

La violencia, los carteles y el crimen organizado son parte de los motivos por los que los centroamericanos huyen, pero también los políticos corruptos, el desempleo, las condiciones de vida y la explotación. La pobreza en la región se calcula en un 64.3% de la población. Según “una investigación llevada a cabo con jóvenes residentes en comunidades populares urbanas en El Limón, Nueva Capital, Popotlán, Jorge Dimitrov y La Carpio en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, respectivamente, la mitad de las personas encuestadas dejarían sus países, lo cual no deja dudas acerca de las consecuencias de la exclusión. Los datos obtenidos en Popotlán en El Salvador son más angustiantes, pues un 79% desearía irse[ii]”.

Las medidas restrictivas y criminalizadoras no van a eliminar la llegada de migrantes solo los van a exponer a la trata de personas, a los “coyotes”, a mayores peligros y vejaciones. El acuerdo AMLO-Trump no puede verse en ningún sentido como benéfico para los migrantes, no trata de ordenar la migración solo está en función de los intereses xenófobos y racistas del imperialismo trumpista.

Migrantes arriesgando su vida para cruzar la frontera Guatemala-Mexico

Mientras las causas estructurales que generan estos movimientos persistan las fronteras de México y Estados Unidos seguirán llenas de migrantes. La diferencia es que conforme se endurezcan las medidas serán cada vez más y más los cadáveres que se amontonen en Suchiate o el Rio Bravo.

El motor del éxodo es el capitalismo devorador, que excluye a millones de personas, en beneficio de las ganancias de unos pocos. Que establece fronteras donde las respectivas burguesías puedan ejercer sus mandatos. Es un sistema salvaje que provoca estos dramas inhumanos y luego, descaradamente, les achaca la culpa a las víctimas. Entonces, la única salida para la clase trabajadora y los sectores oprimidos es tirar abajo el capitalismo y con él las fronteras.


[i] https://www.milenio.com/opinion/enrique-acevedo/en-voz-alta/cual-es-la-politica-migratoria-de-amlo

[ii] https://www.madrimasd.org/blogs/migraciones/2018/12/20/132711