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Por Johan Madriz

Esta tarde se dio a conocer la noticia de la afectación de al menos 30 personas en San Carlos por la fumigación de una piñera colindante a la Escuela Platanar de Florencia. La mayoría serian estudiantes y algunos docentes que presentaron síntomas de intoxicación por químicos como picazón en la piel, mareos y dificultad para respirar.

Esta es una muestra más de los peligros del cultivo desenfrenado de piña en el país resultado de una modelo agroexportador, desarrollado principalmente por gigantescas empresas monocultivistas, que depreda los medios naturales y explota a las trabajadoras y trabajadores de esta actividad.

Según imágenes satelitales del Laboratorio PRIAS de la UCR los cultivos de piña cubren 57.327 hectáreas (la Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña reporta solo 44.500) siendo Costa Rica el primer exportador mundial de la variedad Golden que representa ingresos por $989.56 millones en 2018.

Estudios recientes han demostrado la presencia de residuos de bromacil y ametrina, plaguicidas usados en las piñeras, en el Humedal Térraba-Sierpe y en fuentes de agua en Pital, Aguas Zarcas, Venecia y Río Cuarto. Esto se suma a la contaminación de cuerpos de agua y la erosión del suelo que provoca la pérdida de capacidad productiva del terreno en menos de 20 años.

En el afán por proteger y asegurar las ganancias de estas grandes empresas exportadoras el gobierno ha flexibilizado los controles ambientales (ya de por sí débiles) asegurando la utilización de agroquímicos peligrosos. Así, durante la administración de Luis Guillermo Solís, se emitieron varios decretos facilitando el registro del ingrediente activo grado técnico (IAGT) y los productos formulados sin mayores estudios de su impacto en la salud y el medio ambiente.

No por nada, según el Informe del Estado de la Nación, las fincas que emplean fertilizantes pasaron de 12,5% en 1973 a 82,1% en el 2014 y en 2016 el Servicio Fitosanitario del Estado (SFE) estimó que se utilizaron 8.897.084 kilogramos de plaguicidas, siendo el país uno de los primeros lugares en su uso en el mundo.

Por otro lado, las piñeras se han caracterizado por una mayor explotación de su mano de obra, lo que se evidencia en las múltiples huelgas en las plantaciones que se dan dado en los últimos. Estos reclamos son por condiciones básicas que aseguren el cumplimiento mínimo del Código de Trabajo. Según OXFAM en una visita a fincas de la Zona Norte encontraron que “no hay un salario digno, en algunos casos no se cumple con el salario mínimo, los trabajadores tienen más tareas que lo que corresponde por el salario mínimo. A veces les pagan por horas. Hay peligro para la libre sindicalización […]. A veces trabajan demasiado, hasta 10 horas, hay muchas horas extra que no se pagan. […] Hay repercusiones y persecución de trabajadores si se sindicalizan por parte de las empresas”[i].

Esta extracción de recursos para el mercado capitalista no es equilibrada porque se anteponen los intereses de la acumulación de ganancias sobre la conservación de la naturaleza y el bienestar de la clase trabajadora. Este modelo extractivista y contaminador destruye los bosques, los acuíferos, la riqueza biológica y afecta la salud de quienes están expuestos a los agroquímicos que utilizan para mejorar los rendimientos.

Por eso es necesario un alto al uso de agroquímicos tóxicos y una moratoria a la expansión piñera como medias de contención a corto plazo. Pero esto no suficiente, ya que para detener y revertir los efectos negativos que han generado se debe replantear todo el sistema de producción de una forma necesariamente anticapitalista y ecologista.


[i] https://semanariouniversidad.com/pais/trabajadores-la-pina-viven-clima-explotacion-laboral/