Por Ale Vinet, Socialismo o Barbarie, 24/9/15

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Elecciones en Grecia

 

Este domingo 20 de Septiembre tuvieron lugar las elecciones legislativas en Grecia, llamadas por el gobierno de Tsipras como una apuesta para deshacerse de su ala izquierda (que se había negado a votar el tercer memorándum y había roto con el grupo parlamentario de Syriza para formar Unidad Popular) y para apoyarse en las urnas a fin de implementar el memorandum firmado luego de haber dado un giro de 180 grados.

El gran vencedor de las mismas ha sido sin dudas el propio Tsipras y Syriza, que han logrado alzarse con una victoria mucha mas holgada de la prevista: 36,5% frente a 27,8% de los conservadores de Nueva Democracia, cuando los sondeos de los días previos auguraban una pelea cabeza a cabeza entre ambas formaciones, algunos incluso la victoria de ND.  Con este resultado, habiendo perdido solo 4 parlamentarios respecto a Enero, Syriza ya ha reeditado el gobierno con la organización de derecha ANEL y proclamó a Tsipras Primer Ministro.

En segundo lugar se ubicó como dijimos Nueva Democracia, con un 28,1% y 75 parlamentarios. Lo sigue el partido neo-nazi Amanecer Dorado, con un 7% y 18 parlamentarios: la persistencia de esta formación de extrema derecha como tercera fuerza política del país refleja una cierta implantación orgánica en la sociedad griega que no deja de ser altamente problemática. En el cuarto lugar lo sigue el PASOK, con una leve recuperación (del 4,7% al 6,3%, con la suma del partido DIMAR) que lo permite ubicarse como cuarta fuerza política principalmente gracias a la caída de To Potami. Completan el tablero electoral el KKE (Partido Comunista) con 5,5% y 15 parlamentarios; To Potami con el 4,1% (frente a 6,1% en Enero) y 11 parlamentarios; el socio del gobierno ANEL (Griegos Independientes) con un 3,7% y 10 parlamentarios (-1,1% respecto de Enero) y la Union de los Centristas 3,4% y 9 parlamentarios (en Enero no había consagrado parlamentarios a obtener tan solo 1,8%).

Entre las fuerzas que no han logrado entrar al parlamento, destacan esencialmente Unidad Popular y Antarsya. Para Unidad Popular, se trata de una verdadera catástrofe: con solo 2,9% (al inicio de su ruptura con Syriza, algunas encuestas lo situaban en torno al 5 o 6%), se queda a pocos miles de votos de consagrar parlamentarios (hay que pasar un piso del 3%). Se pasa así de una treintena de parlamentarios que fundaron el grupo hace unas semanas a quedar fuera del parlamento. Por su parte, Antarsya obtuvo 0,85%, logrando resistir a la presión de Unidad Popular y aumentando en términos absolutos y relativos su votación (+0,17% y +6.000 votos).

Veamos algunos puntos esenciales del balance de la elección.

La elección de Syriza

El elemento más importante de la elección es el triunfo de Syriza, que como dijimos “superó las expectativas” y logra reeditar un gobierno “a su imagen y semejanza”: los dirigentes de la Troika que no tardaron en felicitar y festejar la victoria de Tsipras no dejaron de señalar que un gobierno con la presencia del PASOK o de To Potami (al que Syriza se hubiera visto “obligada” en caso de realizar una votación mas exigua) hubiera sido su escenario ideal.

Como explicar una tal victoria de Syriza, luego de la horrenda capitulación a la Troika y de su giro total hacia una política pro-austeridad? Nos parece que la clave de esto es que las masas griegas están aún lejos de haber realizado una experiencia a fondo con el gobierno de Syriza: Tsipras tuvo la perspicacia de llamar a elecciones antes de empezar a aplicar el memorándum (con la benevolencia de la Troika que permitió aplazar la aplicación del memorándum) y la lucha de clases bajo su gobierno no alcanzó un grado tal que permitiera procesar verdaderamente la experiencia con el nuevo gobierno.

En ese sentido, podría decirse que la verdadera experiencia con el gobierno de Syriza aun está por delante, y que en su victoria hayan jugado, contradictoriamente, ciertos elementos de expectativa y esperanza. No puede dejar de señalarse que la victoria de Nueva Democracia, que parecía una posibilidad y que hubiera marcado el entierro total del proyecto de Syriza, no tuvo lugar, victoria que hubiera constituido un retroceso aún mayor en la situación política griega. De ahí que lo que se impuso finalmente fue cierta expectativa de la que aún se alimenta Syriza: expectativa en que se trataría de la “administración menos brutal posible del ajuste”, de que el gobierno de Syriza va a “hacer lo que pueda para aliviar el dolor”. Esto se sumó a su vez a un fuerte rechazo a los conservadores de Nueva Democracia, y al hecho de que la polarización electoral parece haber favorecido a Syriza como mal menor (lo cual también puede explicar parte del fracaso de Unidad Popular).

Claro que se trata sin dudas de expectativas altamente degradadas: hay que destacar que Syriza ganó las elecciones como defensor de un nuevo memorandum de austeridad. Si la perspectiva de una aplicación “light” del memorandum sigue siendo un punto de apoyo y legitimidad de Syriza, no es un dato menor que del horizonte de “terminar con la austeridad” se haya pasado sin más a la aceptación por una parte importante de la clase trabajadora griega de que el ajuste es una perspectiva ineludible y que lo único que quedaría por conquistar sería un “ajuste con rostro humano”: existe un elemento de desmoralización y de desorientación de la clase obrera griega luego de la capitulación de Syriza que no puede dejarse de lado.

De ahí que a diferencia del mes de Enero, donde la victoria de Syriza dio lugar a un gran festejo popular y despertó esperanzas en amplios sectores de la clase obrera y la izquierda europea, y donde reflejaba aun de manera distorsionada (a causa del carácter reformista de Syriza) un giro a la izquierda de los trabajadores griegos, estas elecciones fueron completamente diferentes: el triunfo de Syriza no despertó casi ningun entusiasmo, ni festejos, ni nada y, aun si al evitarse una derrota a manos de Nueva Democracia el escenario de mayor retroceso se evitó, la victoria de Syriza refleja categóricamente no una victoria deformada de los trabajadores griegos, sino de la dirección capituladora de Syriza y de los acreedores internacionales que ya festejaron la perspectiva de poder “continuar el trabajo común”.

Es en esta combinación entre expectativa y desmoralización que se encuentra una de las claves del balance del triunfo de Syriza. Porque si bien las expectativas parten de un piso cualitativamente inferior a las de Enero, de existir de manera amplia podrían convertirse en combustible para la contestación una vez que el rostro brutal del nuevo memorandum se haga patente para los trabajadores y el pueblo griego. Pero por otra parte, si es el elemento de desmoralización el que ha primado en la victoria de Syriza, esto podría darle mas aire en la aplicación del memorandum.

En cualquier caso, lo que está claro es que la primera tarea del nuevo gobierno será la de aplicar el ajuste brutal contenido en el acuerdo con la Troika. Un conjunto de medidas deben ser aprobadas antes del final de Octubre y serán las luchas en torno a este nuevo paquete las que serán decisivas en los próximos meses.

Un gobierno ¿fuerte? para aplicar el ajuste

Aunque el gobierno de Syriza se haya alzado con el triunfo de manera clara, esto no quiere decir mecánicamente que tenga un “cheque en blanco” para aplicar las nuevas medidas de austeridad. Contradictoriamente, aunque el gobierno haya salido triunfante de las elecciones, la crisis política que atraviesa Grecia desde hace años no parece haberse cerrado del todo.

Por una parte, existe el elemento ya señalado de las expectativas limitadas en Syriza, que la misma tendrá muchas dificultades en satisfacer. Su victoria se basó, materialmente, en un “paréntesis” de relativa calma económica, gracias al hecho de haber retardado la aplicación de las medidas de ajuste y particularmente a la reapertura de los bancos y a un relajamiento del control de capitales luego del acuerdo con la Troika. Así, se benefició de una relativa “vuelta a la normalidad” frente a la situación provocada por el corralito. Pero cuando estas bases materiales comiencen a erosionarse, cuando los trabajadores y las masas griegas comiencen a sufrir los efectos del nuevo paquete de medidas, esto dará lugar a nuevas luchas y a nuevas grietas en el sistema político.

Por otra parte, sería ridículo considerar que los trabajadores y el pueblo griego, con la tradición histórica de lucha que tienen, con las enormes pruebas de combatividad que han dado en los últimos años, dejarán pasar sin más nuevos ataques contra sus condiciones de trabajo y de vida. Sin duda, deben existir fuertes elementos de desmoralización y de desorientación que pueden dificultar una respuesta obrera a los nuevos ataques. Hay que destacar que la firma del tercer memorandum fue recibida por el llamado a una jornada de huelga de ADEDY (la central de trabajadores del estado) y por movilizaciones que fueron brutalmente reprimidas. Aunque las primeras movilizaciones contra la capitulación de Syriza fueron relativamente débiles y sin duda cualitativemente inferiores a los puntos álgidos de la lucha de clases del periodo 2008-2012, esto no podría ser de otra manera: la experiencia con el gobierno de Syriza “recién comienza” y no se podía de un dia para el otro rearmar a la clase luego de tal capitulación. Pero estas movilizaciones no dejaron de constituir una señal de alerta para el nuevo gobierno, y están llamadas a continuar, profundizarse y hacerse masivas cuando las consecuencias concretas del ajuste se hagan sentir.

El ultimo elemento que queremos destacar en el sentido de las debilidades del próximo gobierno es la inmensa abstención que ha caracterizado estas elecciones. La misma alcanzó un 43,43%, un máximo histórico de los últimos 40 años, en alza respecto de las elecciones de Enero, donde había habido un 35,38%. De ahí que Syriza haya perdido 300.000 votos con respecto a Enero; Nueva Democracia 200.000 y ANEL 100.000. Amén del deterioro objetivo de Syriza, una abstención de ese nivel plantea un problema profundo para el conjunto del régimen político y es un reflejo de una perdida de legitimidad de las instituciones de la democracia burguesa, que augura nuevos desbordes y crisis políticas.

Redoblar la lucha contra el memorándum en las calles

Como hemos señalado, el escenario que se perfila en lo inmediato es que el gobierno de Syriza deberá ponerse manos a la obra con la aplicación del memorándum. Luego de casi un año de impasse en ese terreno (desde la victoria de Syriza y los largos meses de negociaciones, hasta el “tiempo extra” que la Troïka le otorgó a Tsipras para pasar las elecciones sin sobresaltos), se impone avanzar con el ajuste, pasar al acto y ademas a alta velocidad para recuperar el tiempo perdido : la Troïka ya exige que una serie de medidas sean aprobadas antes del final de Octubre.

Lo esencial en el proximo período será entonces la construcción de las luchas contra el memorándum y de organismos de auto organización por abajo. Primero, porque las consecuencias concretas del nuevo memorándum pueden constituir un terreno para una nueva ola de huelgas y movilizaciones, para una radicalizacion política por izquierda : es en todo caso una pelea abierta, para evitar que la desmoralización se abra paso y beneficie a Amanecer Dorado. En segundo lugar, porque la experiencia de Syriza ha demostrado crudamente los límites del reformismo, el callejón sin salida y la derrota a la que lleva una estrategia puramente institucional: solo organismos de poder por abajo podrán dar una salida a la crisis griega.

En este camino, la construcción de organizaciones revolucionarias independientes es una tarea clave : organizaciones que saquen todas las conclusiones de la bancarrota de Syriza, que se jueguen a construir las movilizaciones a venir y a ser un factor orgánico en la clase trabajadora.