Por Elías Saadi, SoB 404, 3/11/16

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El viernes pasado, las secuelas de un trágico (y criminal) episodio en Alhucemas –ciudad del norte de Marruecos– hicieron evocar los comienzos de la Primavera Árabe, a fines del 2010.

Recordemos que la llamada “Primavera Árabe” estalló el 17 de diciembre del 2010, en Túnez. Un vendedor ambulante – Mohamed Bouazizi– fue despojado por la policía de las mercancías que ofrecía y también de su dinero. En protesta, se inmoló quemándose vivo. La indignación popular detonó  manifestaciones cada vez mayores que se extendieron a todo el país, derribando la dictadura de Ben Alí que llevaba casi 25 años en el poder. A partir de allí, la ola se extendió, aunque desilgualmente, por todo el mundo árabe.

Ahora en Marruecos –que con Argelia y Túnez conforma la región del Magreb– un episodio semejante o quizás peor desató casi tres días de movilizaciones inmensas en todo el país.

Mouhcine Fikri, un humilde vendedor ambulante de pescado de 31 años, fue triturado intencionalmente por orden de la policía dentro de un camión recolector de basuras.

Todo comenzó cuando Fikri compró varios peces-espada a un pescador en la costa de Alhucemas, ciudad sobre el Mediterráneo. En esta época, el gobierno prohíbe la venta de ese pescado. Policía y funcionarios detuvieron a Fikri, le confiscaron la carga y la arrojaron a un camión recolector de basura.

Desesperado, el vendedor ambulante siguió al camión e intentó recuperar sus pescados. Para eso se asomó al interior. En castigo, la policía habría ordenado al chofer cerrar las compuertas y poner en marcha la trituradora.

Los gritos desgarradores de Fikri, a medida que iba siendo triturado vivo, alertaron a los transeúntes y vecinos. Uno de ellos filmó todo, incluyendo sus gritos antes de morir hecho pedazos, probando además que la policía no movió un dedo para salvarlo ni detener el mecanismo del camión.

Casi inmediatamente comenzaron las protestas, que se extendieron luego a todo el país al difundirse por las redes sociales el horroroso video. En Alhucemas, cerraron los comercios y la gente salió a la calle. El sábado y domingo las protestas ya cubrían todo el país. Marchas masivas, como no se veían desde la “Primavera Árabe”, colmaron las calles de Casablanca, Fez, Tánger, Marrakech, Agadir, Rabat y otras ciudades.

También hubo paros de protesta y solidaridad. En Alhucemas los marinos y los taxistas hicieron dos días de huelga.

La monarquía y sus sirvientes en apuros

Esto sucede en un mal momento para la infame monarquía de Mohamed VI. Con el “verso” de ser descendiente de Mahoma, este parásito billonario y su familia –que gobiernan Marruecos desde el siglo XVII– poseen la 4ª fortuna de África y una de las mayores de Europa: unos 5.700 millones de dólares, según el ranking de Forbes. ¡Y eso, en un país azotado por la miseria y el desempleo, en que la juventud se ve empujada a emigrar en masa!

Mientras la juventud marroquí –principalmente en España– sirve de mano de obra casi esclava en olivares y huertas, su rey es propietario de la corporación Siger (“regis”, leído al revés, que en latín significa “rey”). Esta empresita del monarca –que no admite competidores en su país– se hizo inicialmente con el monopolio de la producción de carnes, lácteos, cítricos y cereales de Marruecos. ¡Gran negocio en un país hambriento! De allí saltó a los bancos, los seguros, la minería, la construcción, etc., etc. ¡En total, este parásito coronado y sus familiares, controlan el 30% de la riqueza del país!

Inicialmente, la Primavera Árabe impactó en Marruecos, pero la monarquía, combinando el palo y la zanahoria, puso capear la tormenta sin derrumbarse. Un factor de supervivencia fue que, desde el fin de los “protectorados” francés y español en 1956/59, la monarquía fue adoptando formas constitucionales europeas, que le sirvieron de “paragolpes”. Pero esas formas de “monarquía constitucional” esconden en el fondo poderes casi absolutos.

El otro gran soporte del trono, es que estuvo siempre al servicio del “bloque occidental” encabezado por Washington. Sin ninguna veleidad “nacionalista” ni “tercermundista” como tuvieron otros regímenes árabes, el “Marruecos independiente” nació con una bandera de EEUU en una mano y la de Francia en la otra. ¡Siempre sus reyes se portaron bien!

Frente el tsunami de la “Primavera Árabe”, la monarquía también salió a flote. Maniobró con habilidad, combinando el garrote con las concesiones y las “reformas” políticas más de forma que de fondo. Así, a mediados de 2011, lanzó una nueva Constitución con barniz más “progresista”… pero que de contenido mantenía los super-poderes monárquicos.

¿Terminó la calma?

En las manifestaciones de protesta por la muerte de Mouhcine Fikri, se pudo escuchar un gran porcentaje de consignas contra la sacrosanta monarquía. Esto llamó mucho la atención. Es que Marruecos, políticamente, viene en calma chicha. Y además la monarquía siempre ha tenido el cuidado de aparecer “por encima” de los acontecimientos y peleas del bajo mundo.

Por añadidura, los vientos que soplan hoy en Marruecos, como en todo el mundo árabe, no vienen precisamente desde la izquierda… Eso se expresó en las últimas elecciones.

En lo misma semana de la muerte de Mouhcine Fikri y el consiguiente estallido, se habían realizado elecciones. La mayoría de los votos se repartieron entre dos fuerzas, una peor que la otra; a saber, el Partido Justicia y Desarrollo (PJD), “islamistas moderados” que ya venían ejerciendo el gobierno sin crear problemas, y el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) fundada en 2008 por un amigo del rey, para poner un contrapeso a los islamistas… con un programa aún más conservador y reaccionario.

Asimismo, unos cinco partidos y coaliciones que se dicen de “izquierda” obtuvieron algunos diputados… pero su independencia respecto a la monarquía no es categórica. Lo concreto es que no plantean alternativas republicanas, algo de importancia porque en Marruecos el rey reina y también de hecho gobierna.

Un botón de muestra de esa “izquierda” es Nabila Munib, apodada como “la Pasionaria de la nueva izquierda”. Encabeza la Federación de Izquierda Democrática (FGB) y tuvo cierta presencia en la Primavera Árabe. Al plebiscitarse en 2011 la nueva Constitución, llamó al boicot.

Pero cuando un año atrás el rey le solicitó viajar a Suecia para convencer a sus parlamentarios de que no reconocieran a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Nabila Munib hizo la venía y cumplió el pedido de Su Majestad.

Ahora, como comenta con cierto sorpresa y preocupación la prensa, “en las protestas se escuchan gritos contra el Palacio Real” (corresponsal de El País de Madrid, Rabat, 01/11/2016).

En la actual situación del mundo árabe, es difícil que éste sorpresivo estallido de Marruecos sea el primer acto de un reguero de rebeliones como las de 2010/11.

Pero, por lo menos, abre un signo de interrogación sobre Marruecos. La tasa de participación electoral fue baja, apenas un 40% de los inscriptos. Aunque pasiva, esa abstención no refleja precisamente gran consenso ni entusiasmo por unas instituciones coronadas por la monarquía.

La cuestión es si, a partir de estas movilizaciones sin precedentes, ese descontento en las profundidades logra aflorar y expresarse en organización y luchas.