Revista SoB 31-31, Noviembre 2016

Categoría: Revista Socialismo o Barbarie Etiquetas:

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El domingo 14 de agosto se realizó en el Hotel Bauen de Buenos Aires, tradicional locación de izquierda de la ciudad, la primera edición de las Jornadas del Pensamiento Socialista, organizadas por el Nuevo MAS, presididas en esta oportunidad con el lema “Ideas para la revolución”, cuyo afiche de invitación reproducimos.

A lo largo de sus tres paneles y talleres, dedicados, respectivamente, a los debates del movimiento de mujeres, la situación del movimiento obrero y el momento político internacional, e integrados no sólo por miembros de la organización convocante sino por respetadas figuras extrapartidarias, pasaron por el auditorio central del Bauen más de mil compañeras y compañeros. Su participación no se limitó a seguir con atención las exposiciones y discusiones de los panelistas, sino que muchos intervinieron de diversas maneras en el curso de los debates.

El éxito de la jornada nos desafía a darle continuidad en próximos encuentros, en particular los que seguramente tendrán lugar con motivo del centenario de la Revolución Rusa, y que también esperamos poder realizar de manera unitaria con otras organizaciones, corrientes e intelectuales del pensamiento marxista. También nos anima a proponer en Argentina, uno de los países donde el trotskismo tiene fuerte tradición, una iniciativa anual de dos o tres días, tal como llevan adelante desde hace años, al punto de haberse vuelto una tradición, varias corrientes del socialismo revolucionario en Europa, especialmente en Francia, Inglaterra y España.

Por otro lado, el lanzamiento de las Jornadas se enmarca en un contexto y en condiciones de un recomienzo histórico de la experiencia de los explotados y oprimidos del mundo. El siglo XX no ha pasado en vano: sus revoluciones y contrarrevoluciones han dejado un tesoro de experiencias que es imperioso repasar, reapropiarse y poner al servicio de la lucha por la revolución socialista en nuestro siglo.

Por otra parte, además, la crisis de la economía capitalista desde el 2008 y la situación internacional actual con cada vez más elementos de polarización, así como las rebeliones populares que se han vivido en el mundo en los últimos años, vuelven a poner sobre la mesa la acción política colectiva, superando el individualismo posmoderno ambiente y dando lugar a un reinicio del debate estratégico en el seno de la izquierda.

Reformismo, posibilismo, anarquismo, autonomismo, marxismo revolucionario son tendencias que se disputan la conciencia de los sectores emergentes de la clase trabajadora, de la juventud y del movimiento de mujeres. En Argentina, además, como en toda Latinoamérica, está en debate el balance de la bancarrota del “progresismo”, que abre la posibilidad de ofrecer una alternativa desde el marxismo revolucionario a miles de luchadores que ingresaron a la vida política en la última década. Muchos de esos jóvenes militantes, inicialmente entusiasmados con algo que aparecía como oposición al capitalismo neoliberal, se ven hoy desconcertados o desilusionados ante el súbito naufragio de esos proyectos políticos nacidos de las rebeliones populares de la primera década del siglo XXI. Aparecen hoy, cada vez con más claridad, como lo que efectivamente son: un populismo tibiamente nacionalista que en ningún momento logró (ni se propuso) una verdadera ruptura con el orden imperialista, y mucho menos con el capitalismo, ni a escala regional ni a nivel nacional.

Son éstas algunas de las razones por las cuales entendemos que las Jornadas del Pensamiento Socialista deben aportar a un relanzamiento del pensamiento socialista revolucionario que, a nuestro juicio, debe integrar una de las mayores lecciones del siglo pasado: que no puede haber revolución socialista auténtica ni transición al socialismo sin que la clase obrera esté de manera efectiva al frente del proceso.

No es posible cerrar esta presentación sin agradecer especialmente a los compañeros, verdaderas personalidades académicas y políticas, que de manera abierta y generosa, y aun sin pertenecer a la corriente Socialismo o Barbarie o al Nuevo MAS, asumieron que se trataba de una convocatoria amplia, no cerrada o mezquina, de cara a los debates y desafíos de toda la izquierda marxista revolucionaria en este período histórico, y decidieron enriquecer los paneles con su debate y sus ideas. Entre ellos, destacamos a Pablo Bonavena, Hernán Camarero y Claudio Katz, cuyas intervenciones reproducimos en las páginas que siguen, junto con las de los organizadores. Esperamos, como señaló nuestra compañera Manuela Castañeira en su saludo al panel de cierre, que estas Jornadas sean el puntapié inicial de muchas otras iniciativas exitosas de este género.

Consejo de Redacción

Panel “Ideas para la emancipación”

“Cambiar de raíz la situación de opresión de las mujeres requiere cambiar el conjunto del sistema”

Inés Zeta*

*Dirigente del Nuevo MAS y de la agrupación Las Rojas

Buenos días a todas y a todos, tan temprano un domingo. En primer lugar estamos muy orgullosas de estar en este panel de la primera Jornada del Pensamiento Socialista organizada por nuestro partido, el Nuevo MAS. Demuestra una cosa muy importante que es el lugar que le da nuestro partido y nuestra corriente Socialismo o Barbarie a la cuestión de la opresión de las mujeres y de la comunidad LGTBI que es parte central de las tareas estratégicas por cambiar este mundo de opresión y de explotación, por resolver las cuestiones del conjunto de los explotados y los oprimidos del mundo, entonces no es casual que tengamos este panel con esta temática en la primera Jornada del Pensamiento Socialista con ideas para la emancipación y la revolución, del Nuevo MAS.

Ya Marx y Engels, en La Sagrada Familia, decían que si uno quiere ver el grado de emancipación de una sociedad tiene que mirar es el grado de emancipación de las mujeres. Claro, porque si uno mira un poco el mundo en este momento, lo que aparece en los medios de comunicación, probablemente haya una presidenta mujer en la principal potencia del mundo que es los Estados Unidos, haya una mujer presidiendo el Fondo Monetario Internacional, haya una mujer presidiendo el principal país de Europa, que es Alemania; es decir, pareciera que en esta sociedad las mujeres hemos logrado una libertad o un grado de posibilidades bastante parecido a cualquier hombre que podría llegar a presidente de la primera potencia mundial.

Sin embargo, mirando un poco más, nos encontramos en distintos lugares del planeta, con movimientos, agrupamientos, distintas manifestaciones de mujeres y de hombres que también pelean por la situación real de las mujeres reales y lo que vemos es lo que vimos ayer: miles de mujeres movilizadas en Perú bajo el lema Ni Una Menos, cientos de miles de mujeres organizadas con las Sari Rosa en la India para defenderse de la violencia, a las Femen de Ucrania peleando por terminar con el hecho de que las mujeres de la ex URSS en Europa son las prostitutas de Europa, y vemos a las mujeres kurdas, ese ejército extraordinario de mujeres que se levanta contra una de las peores manifestaciones de este momento, que es la barbarie del ISIS, vemos a las mujeres mexicanas peleando contra los femicidios, por no hablar del Ni Una Menos, del cual todos los que estamos aquí somos parte y somos protagonistas. Entonces, con diversos grados de profundidad y de cuestionamiento, de perspectiva e incluso de propuesta alternativa a la situación de las mujeres, todos esos fenómenos, sobre eso que decían Marx y Engels de que hay que mirar la situación real de las mujeres, demuestran dos cosas: en primer lugar, no es verdad que en el mundo libre del capitalismo las mujeres hayamos conquistado todavía ninguna igualdad, aunque haya igualdad en la ley, y segundo, que la tendencia mundial por los derechos y la emancipación de las mujeres es una de las tendencias más progresivas en este momento contra otras tendencias regresivas.

Entonces aflora por todos lados, en el activismo, en las mujeres que empiezan a pelear, en la izquierda, por supuesto, un debate muy importante: cuál es el lugar, cuál es la profundidad, cuál es el origen de esta pelea. Y eso es muy importante para plantearse los objetivos y para darle el lugar que le corresponde a la lucha por la emancipación de las mujeres en la pelea general para cambiar esta sociedad. Una idea muy sencilla pero muy profunda, de los socialistas y las socialistas, es que la pelea por la emancipación de las mujeres golpea el corazón de la sociedad capitalista, que en su profundidad y en toda su dimensión, es parte de derribar uno de los pilares que sostiene el conjunto, el edificio, la totalidad de la explotación y la opresión de una minoría de ricos que viven a costa del sufrimiento de las grandes mayorías.

Todas las peleas de las reivindicaciones por acceder al trabajo, por acceder al derecho al aborto, por la libertad para Belén, por no ser golpeadas, por todos los reclamos de las mujeres son parte de las peleas cotidianas, pero tienen que estar guiadas por una pelea por cambiar el conjunto de la sociedad, cambiar de raíz la situación de la opresión de las mujeres, requiere a la vez cambiar el conjunto del sistema. Es decir, no podemos tomar el problema o la lucha por la emancipación de las mujeres como una cuestión que se resuelve en sí misma. En primer lugar, por supuesto que el ingreso del contingente de mujeres a la pelea es tremendamente importante, sin eso no hay comienzo, como decía Flora Tristán, adelantándose a Marx: la lucha de las mujeres o la emancipación de las mujeres es obra de las mujeres mismas, y en este sentido el ingreso de las mujeres a la pelea es tremendamente importante. Pero no hay manera de dar una pelea verdadera y hasta el final por las cuestiones de las mujeres que no sea combatiendo la estructura del problema.

Me voy a referir un poco a la historia para explicar cómo vemos las marxistas socialistas el problema de la opresión de la mujer. Porque está claro lo que nos venden desde el Estado, la televisión, el sistema mismo, de que existe una desigualdad producto de una distribución de poderes no muy equitativas pero que con algunas leyes que logren avanzar, como el cupo de ley, por ejemplo, para todas las diputadas y diputados para todos los cargos electivos, más o menos iríamos resolviendo la cuestión. Sin embargo, el origen de la opresión hacia las mujeres es más antiguo que el capitalismo, pero a la vez el capitalismo lo ha sabido utilizar de manera extraordinaria.

No siempre fue así, no siempre las mujeres estuvimos oprimidas. En el tiempo prehistórico, en donde la propiedad era comunal, es decir, donde todos los miembros de la sociedad recibían de lo que toda la sociedad producía, la desigualdad o en todo caso, la división de tareas entre los sexos, no tenía ningún atributo o estatus diferencial, o una cuestión de discriminación o una cuestión de unos por sobre otros. La aparición de la propiedad privada, con la aparición de las sociedades que pudieron acumular y reservar para otro momento, y donde eso significó que un sector de la sociedad pudiera empezar a vivir del trabajo de los demás, fue lo que Engels denominó “la derrota histórica del sexo femenino”, porque fue el momento en que las mujeres pasaron a ser el centro de una institución sólida y que ha permanecido por los siglos de los siglos, que es la familia patriarcal. Esa familia es la garante de que la propiedad privada se pase de una generación a la siguiente, la garante de que ese hombre, dueño de la propiedad privada, pueda pasar toda su riqueza a la generación siguiente.

Acá hay algo muy importante para destacar, no estamos hablando de que garantizar la propiedad privada significa la opresión de cada hombre sobre cada mujer, sino que un sector de los hombres propietarios son los beneficiarios de que todo el resto trabaje para ellos, y son los beneficiarios de que las mujeres queden dentro del ámbito de lo doméstico para garantizar la reproducción. Porque la herencia es el principal mecanismo a través del cual se garantiza la reproducción de la propia clase de los propietarios, de la propia clase de los que lo poseen todo.

La familia además se hizo cargo de una tarea que hasta entonces era social, el cuidado de los no productivos: niñas, niños, ancianos, enfermos. Y esa tarea les tocó a las mujeres, es tan profunda y tan antigua que hasta nos han convencido de que ese es nuestro destino en la vida. Parece arcaico pero no lo es, está lleno de mujeres jóvenes de veintisiete, veintiocho años que dejan su carrera por la presión de convertirse en madres, para tener un hogar y para que el proyecto de vida no sea su propio proyecto, sino el proyecto de la maternidad. Históricamente, las formas de la familia fueron variando, y hay una cosa muy impresionante del capitalismo que es que todo lo que tiene que ver con la producción de la sociedad lo ha pasado a la producción social, es decir, todo lo que se produce para vivir, para recrearse, para vestirse, la cultura, todo lo que produce esta sociedad humana, se produce de manera social.

Hay sólo un aspecto que ha permanecido en el ámbito de lo privado, y es el aspecto de la reproducción, porque no hay nada de biológico en la reproducción, el hecho de que una mujer no pueda decidir cuántos hijos quiere tener, ni cuándo los quiere tener, ni si quiere ser madre, y la presión para que el destino de las mujeres sea ser madre es tan brutal que demuestra que no hay nada de biológico, hasta en lo que parecería lo más natural de todo. Y la mujer, en la sociedad capitalista, con todo su desarrollo extraordinario de la tecnología, de las fuerzas productivas, de la división del trabajo, sigue siendo la responsable de una de las tareas más embrutecedoras, más duras y, sobre todo, más duraderas, que es el trabajo dentro de la familia.

Si pudiéramos cuantificar, encontré unos datos que no sé si son muy exactos o muy científicos, pero por lo menos dan una idea gráfica de la cosa: cuánto es el trabajo que las mujeres le destinan en el mundo a las tareas domésticas, o sea planchar, lavar, cocinar, hacer la cama, fregar, ir a buscar agua (las mujeres en África van a buscar agua a dos kilómetros), sería equivalente en un año al PBI de China, o sea al PBI de la cuarta economía mundial. Estamos hablando de que la gran mayoría de las mujeres sostienen la reproducción con ese trabajo, con ese esfuerzo que es invisible, que es impago, que además es desvalorado. ¿Saben cuántas horas les dedican las mujeres al trabajo doméstico? Y esto es un promedio, que como decía Bernard Shaw sobre los promedios, si yo tengo dos pollos y ella ninguno, cada una tiene uno, ¿no? En Europa, en la pequeñoburguesía (de las burguesas ni hablar, porque le desligan a otras mujeres el trabajo), dedican unas seis horas por día al trabajo doméstico, y las mujeres más pobres, las que caminan dos o tres kilómetros para buscar agua, le dedican once horas por día al trabajo doméstico: al cuidado de los niños y las niñas, a la socialización, al cuidado de los ancianos, al del padre y del tío y todas las tareas que realizan.

La familia es una institución que cumple una serie de roles tremendamente importantes para el sostenimiento de la sociedad capitalista. En primer lugar, le ahorra a todos los patrones, a todos los gobiernos y a todos los estados solventar todo ese trabajo que siguen realizando las mujeres, pero además porque la familia tiene un papel muy importante en la socialización. Es el primer lugar de la educación, y, desgraciadamente, parte de la propia educación en la subordinación, en el sometimiento, en la idea de que estamos para servir a otros, también las mujeres estamos en el triste papel de reproducir esa idea y de pasar esa idea para la siguiente generación.

Entonces, el sostenimiento de una de las instituciones que hace parte del sistema capitalista se sostiene sobre esa derrota histórica de las mujeres, que es fundamentalmente la expropiación del propio cuerpo. Para garantizar que eso sea así, que la mitad de la humanidad siga haciendo eso, hay que expropiar hasta lo más íntimo, lo más subjetivo, los más personal, que es la propia sexualidad y el propio cuerpo. El hecho de no poder decidir sobre el propio cuerpo convierte al cuerpo de las mujeres en una mercancía para poder vender otras mercancías, en la publicidad y en las pasarelas, para vender el propio cuerpo de las mujeres en la explotación sexual, para controlar, en los países pobres como el nuestro, como política del imperialismo, que haya una clase obrera supernumeraria.

La prohibición del aborto es funcional a que también se baje el costo de la mano de obra, siendo además las mujeres una de las variables de ajuste primeras, las primeras en ser despedidas, las primeras en ser ubicadas en los puestos de trabajo más precarios, las que cobran los salarios más bajos, las que además se dedican precisamente a las tareas consideradas femeninas, que son también parte de las peor pagas y las más embrutecedoras. Además, esa expropiación del cuerpo hace que la sexualidad de todas las mujeres y la sexualidad de la comunidad LGTBI también esté oprimida porque puede salirse de la norma. Poder decidir libremente sobre la sexualidad también cuestiona el lugar de la familia, el lugar de la normalidad, cuestiona ese lugar de represión que es la familia, la escuela, el Estado, pero fundamentalmente la familia, y por supuesto produce el fenómeno más brutal y más evidente en estos momentos, que es el aumento de la violencia contra la mujer.

Creo que no hace falta abundar demasiado, pero algunos datos son importantes en el sentido que grafican, explican o demuestran esto sobre la cuestión de la familia como institución represiva. Los datos que hay de violencia en la Argentina del 2015 son los siguientes: en total fueron 286 femicidios, de los cuales 121 de los victimarios fueron esposos, parejas o novios, 52 ex esposos, ex parejas o ex novios, 14 vecinos o conocidos, 14 padres o padrastros, 10 otros familiares, 61 prostituyentes sin vínculo conocido, es decir, 212 de los 286 femicidios fueron dentro o cerca de la familia. Tiene mucha razón Patricia cuando dice que “el lugar más peligroso para las mujeres es la familia”.

or lo tanto, cuando estamos hablando de la pelea contra la opresión de las mujeres, no estamos hablando solamente de la batalla cultural, aunque es tremendamente importante. Por ejemplo, creo que todas y todos sentimos una enorme alegría con la reacción social que hubo con los dichos nefastos de Gustavo Cordera, hasta los propios capitalistas tuvieron decidir cancelar un recital, que les hubiera dado mucho dinero, porque es una vergüenza que Cordera haga un recital en este momento. Entonces, efectivamente, la batalla cultural es tremendamente importante, pero para ir realmente hasta el fondo de la cuestión, para realmente pelear por la emancipación de las mujeres, hay que darle batalla en todas sus manifestaciones y en todo momento al corazón del problema del sostenimiento de la opresión de las mujeres, la familia patriarcal burguesa, una de las instituciones más nefastas de esta sociedad. Para lo cual, además, hace falta pelear contra el conjunto de la sociedad de explotación, contra su Estado que es garante del sostenimiento de la familia y es parte de la pelea global contra todo el sistema de explotación y opresión, que es el sistema capitalista patriarcal. Gracias.

Panel “Historia política del movimiento obrero”

“Tenemos un movimiento obrero de una riqueza impresionante”

Hernán Camarero *

*Historiador y docente universitario

Bueno, en primer lugar agradecer la invitación de los compañeros del Nuevo MAS, hoy me reencontré con viejos y queridos amigos. Y felicitarlos por la iniciativa de este evento, de esta jornada, Teddy me comentaba un poco las ideas para este evento y los que vengan más adelante, y me parece muy importante, incluso una cuestión estratégica. Como dijo alguien hace muchos años, no hay movimiento revolucionario sin teoría revolucionaria. Los procesos de formación, de estudio, de reflexión son fundamentales para la lucha de clases, para la lucha política, para los grandes combates estratégicos de la clase obrera. No sólo desde el punto de vista de la lucha, sino incluso pensando en el socialismo como cultura, como tradición, la reflexión teórica es esencial. Evocando a otra grande, Rosa Luxemburgo, siempre me gustó mucho el prólogo que le hizo a una obra muy importante de Franz Mehring donde decía que el socialismo no es un asunto de cuchillo y tenedor, es un gran movimiento de cultura. Entonces, hay que tomar de ese modo a la tradición de lucha por el socialismo, que es la lucha de la clase obrera desde hace muchísimos años.

Y resulta de vital importancia estudiar qué factores contribuyeron a la victoria y eventualmente qué factores tuvieron que ver con las derrotas. En ese sentido, la historia es un arma política fundamental. Por eso no es casual que a la burocracia sindical borre toda la trayectoria previa al peronismo, porque tiene una concepción despolitizada y no quiere que los trabajadores se erijan en sujeto consciente. No es casual que haya un fenómeno tan aberrante en la Argentina como que los sindicatos hayan arrasado los archivos. No sé si ustedes lo saben, pero todos lo que estudiamos movimiento obrero vamos a los sindicatos y no hay archivos, los han tirado, los han destruido.

Con todo esto se plantea la necesidad de la historia, pero ¿qué historia, con qué abordaje? A mí me gusta mucho un gran historiador rumano-francés del movimiento obrero europeo, Georges Haupt. Él decía tres condiciones: una, tiene que ser una historia comprometida, militante, con compromiso, escrita muy claramente desde el campo de los explotados, del socialismo; dos, tiene que ser una historia crítica, y tres, tiene que ser una historia rigurosa. Muchas veces se pierde alguna de estas tres condiciones. En ese sentido, lamentablemente, en la tradición del marxismo, del socialismo, hay buenas y malas referencias. Por ejemplo, a mí me gustaba mucho la posición del gran Franz Mehring, que se animó a hacer una historia de la socialdemocracia alemana, una historia de Marx sin concesiones. Incluso la propia figura de Riazanov, necesitamos más historiadores que trabajen desde esta perspectiva.

Vengo haciendo hace 25 años este trabajo, como mencionó el Tano en la presentación, ahora ya no sólo como experiencia individual sino como experiencia más colectiva en torno a la revista Archivos y el Centro de Estudios. Ahora, dos precisiones me parecen importantes. Primera, que el movimiento obrero es un movimiento social, político, cultural, pluridimensional. No se puede resumir o reducir a una dimensión estrechamente institucionalista. Esto ha impregnado mucho la historia tradicional del movimiento obrero, y es necesaria esa dimensión, pero no se acaba ahí el movimiento obrero, intervienen dimensiones sociales, políticas, ideológicas, programáticas, incluso culturales.

Cuando hice historia de los años 20 al 40 intentando hacer una reflexión de la experiencia del comunismo, le dediqué un capítulo entero de uno de mis libros al problema de la cultura obrera. El combate se daba también no sólo en el tiempo de producción sino también en el tiempo libre de los trabajadores. Entonces era importante la escuela obrera, el club obrero, formar una federación deportiva obrera para dar la pelea, que los trabajadores socialicen ellos y sus familias en un espacio diferenciado del de la burguesía y el Estado. Una historia del movimiento obrero militante tiene que recurrir a algunos buenos avances que se han hecho en la historia social marxista y no reducir.

La otra cuestión que me parece fundamental es que no puede entenderse la historia de la clase obrera desde posiciones objetivas ni, lógicamente tampoco desde el subjetivismo militante, sino desde una interacción entre ambos. Una interacción entre el análisis de la lucha, la organización y la conciencia, es decir, entre la clase y su vanguardia, entre la clase y sus partidos. Estudiar de este modo la historia de los trabajadores siempre me pareció fundamental. Hay corrientes muy objetivistas que ven sólo la lucha, la lucha, y lo político como una especie de emanación de la propia lucha. En realidad ni siquiera se puede comprender mucho la propia lucha sin los procesos de organización y de despliegue de una subjetividad política militante, que es clave.

La historia del movimiento obrero en la Argentina no se puede ver sin esta interacción, y es un caso muy especial. Esto no es hacer patriotismo, argentinismo, pero tenemos realmente un movimiento obrero de una trayectoria y una riqueza impresionante, su historia es un arcón del que uno saca de todo, formas de organización, experiencias de lucha, derrotas, discusiones programáticas, experiencias culturales, cooperativas, uno puede aprender casi todos los fenómenos. Todas las grandes culturas o identidades políticas que dio la clase obrera a nivel mundial y que dio la izquierda tuvieron un desarrollo extraordinario en la Argentina. No es muy frecuente.

Por lo menos las primeras grandes cuatro corrientes o culturas políticas de fines de siglo XIX hasta mediados de siglo XX: el anarquismo, el Partido Socialista, el sindicalismo revolucionario, el comunismo, las cuatro tuvieron sus más altos desarrollos en la Argentina, en un contexto latinoamericano. Para ordenar esta historia hay dos ejes fundamentales. Uno es estudiarla a partir de sus fases, a partir de la dinámica de la lucha de clases, desde una perspectiva no tanto coyuntural sino más de estrategia. Los historiadores tenemos esta manía de la periodización, pero es útil saber en qué etapa está la lucha de clases. El segundo nivel de análisis son las características de las direcciones, de las vanguardias, de las corrientes o las culturas políticas que incidieron en cada fase, cómo interactuaron. Desde los inicios del movimiento obrero hasta por lo menos los años 60-70 uno puede ver varias fases, y de cada una se pueden sacar conclusiones muy interesantes.

La fase constitutiva del movimiento obrero se ubica en un ciclo de grandes huelgas y grandes conflictos entre los años 1888 y 1896. Comienza con un reguero de huelgas, asociadas a la formación de los primeros sindicatos, sociedades de oficio, en 1888-1889. No casualmente luego empalma con la primera gran crisis económica y social: la crisis de 1890 fue, después de la de 2001, la crisis económica más grave que sufrió la Argentina. Ahí hay un ciclo germinal, no se pueden entender estas luchas, esta forma de organización, sin la acción consciente de socialistas y anarquistas. Porque no es que primero aparecieron las fábricas, los obreros, vinieron las luchas y luego como emanación surgieron el Partido Socialista y el anarquismo. No, en realidad el socialismo y el anarquismo coadyuvaron al proceso de organización y de constitución del movimiento obrero como sujeto. No casualmente algunas de las primeras medidas represivas tienen que ver con esto.

Hay una segunda gran fase, entre 1901 y 1910, de la gran expansión de la FORA anarquista y sus ocho o nueve huelgas generales, una etapa muy heroica. Es el momento en el cual el movimiento obrero logra dar vida a la primera gran federación obrera, la FOA, luego la heroica FORA, acaudillada por el anarquismo con su estrategia de acción directa, que va a una serie de conflictos fundamentales pero termina en una profunda derrota, la de la huelga del Centenario en 1910.

Tras un período de repliegue, hay una tercera fase de ascenso, de 1917 a 1921. Uno va a encontrar en esos cuatro o cinco años de la Argentina algunas experiencias de lucha extraordinarias por rama, como la de los ferroviarios, los marítimos. Sin duda ahí el punto de referencia es la Semana Trágica de 1919, que empieza con una lucha de los obreros metalúrgicos de la fábrica Vasena y deviene en huelga general, con una dinámica insurreccional. Fracasa precisamente por un problema de dirección. Pero no es solamente la Semana Trágica, son las huelgas de la Patagonia, de La Forestal, un fenómeno muy vinculado con una radicalización política e ideológica. Son los años de la Revolución Rusa, cuyo profundo impacto provoca una nueva escisión del Partido Socialista y la formación del Partido Comunista, la radicalización del sindicalismo con corrientes del llamado sindicalismo rojo, surge el anarco-bolchevismo, es decir, todo un proceso de reagrupamiento de la vanguardia. Es un punto muy agudo que se produce durante un gobierno teóricamente reformista, el radical, pero que sin embargo se ve comprometido en una serie de represiones a la clase obrera mucho peores que las de los gobiernos conservadores anteriores. Yrigoyen mató muchos más trabajadores que Roca y  algunos de los peores representantes del régimen conservador.

Esto cierra otra vez con una derrota en la huelga general de junio de 1921, y viene una fase de repliegue no homogénea, hay momentos de recuperación. Pero la nueva gran fase, que hay que estudiar mucho, es el período 1935-1943, abierta por la gran huelga de la construcción, dirigida por el Partido Comunista, que fundó los grandes sindicatos únicos por rama. Allí se fundó el segundo sindicato a nivel nacional del país, el primero era el de los ferroviarios, muy burocrático y reformista. El segundo era la poderosa FONC, Federación Obrera Nacional de la Construcción, creada por los comunistas luego de la gran huelga de 1936.

Bueno, fue de las grandes huelgas de la historia argentina, tres meses con asambleas, se alquilaba el estadio del Luna Park para que 40.000, 50.000, 60.000 obreros de la construcción votaran la continuidad de la lucha con Comité de Huelga, con Comité de Autodefensa, se mataron policías, se enfrentaron con los fachos de la Liga Patriótica, fue un fenómeno extraordinario. Luego de eso el PC avanzó mucho en la clase obrera industrial y fundó todos los grandes sindicatos por rama en la industria: construcción, metalúrgicos, textil, madera, vestido, la Federación de la Carne, etc. El Partido Comunista fue probablemente el partido de izquierda con más penetración en la clase obrera industrial. Es un dato, hay que trabajar desde ahí. En 1943, el Partido Comunista tenía en el Comité Central a los seis secretarios generales de los sindicatos industriales más grandes del país: carne, construcción, metalúrgico, vestido, textil y madera. Nunca más un partido tuvo eso, es la desgracia del stalinismo, que hizo naufragar semejante desarrollo de un partido de izquierda en la clase obrera.

A partir de la huelga de la construcción de 1935 y de la huelga general de 1936 viene un período de proliferación de conflictos y de huelgas, que se va a cerrar obviamente con el golpe  de 1943. Y ahí tendríamos que hablar de una fase muy vinculada al origen de peronismo, desde 1943 por lo menos hasta 1947. Tiene que ver con los grandes conflictos y grandes huelgas que les permiten a los trabajadores arrancar, en un nuevo contexto, ciertas condiciones a la patronal: aumento de salario, mejoras en las condiciones de trabajo. Están vinculadas a la primera fase del peronismo, pero que luego el peronismo logra obturar con la imposición de un modelo vertical, con la regimentación de la clase obrera y con la conformación de la burocracia sindical como capa. Yo siempre señalo que la burocracia sindical como capa social surge con el peronismo, porque el peronismo significa la introducción sistemática del Estado burgués en el movimiento obrero: la ley de Asociaciones Sindicales, la reconstitución de la CGT en un modelo como lo conocemos, vertical, lista única, monopolio de la representación, arrasar a las minorías, etc.

Hay una nueva fase en últimos años del peronismo, la clase obrera se retonifica y logra cierto margen de autonomía de la burocracia a partir de 1953-1954. La lucha contra el proceso de la racionalización y contra los modelos de productividad, hay grandes huelgas como la metalúrgica de 1954 que habla de la aparición de un nuevo activismo: peronista y no peronista. Aparece el trotskismo también, ya incidiendo como fenómeno objetivo, lo que va a formar luego Palabra Obrera. Ese proceso empalma con la resistencia, con la lucha contra la Libertadora, contra los gorilas en 1955, es la etapa clásica de la resistencia. Hubiese estado bueno que viniera Alejandro Schneider, porque él tiene un debate sobre dónde se cierra, si es o no en 1959. Es decir, si se cierra con la derrota de la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, él tiene una posición un poco diferente a James. Es cierto que los años 60 hay conflictos muy importantes que matizan un repliegue de diez años, pero me parece que en comparación con el período clásico de la resistencia es un período mucho menos tonificado.

Obviamente, es el Cordobazo y los –azos que siguen a partir de 1969 los que abren la nueva gran fase, que hay una discusión de hasta dónde llevarla, pero probablemente podríamos decir que hasta 1975, con el Rodrigazo y la disolución de las Coordinadoras. Podría hablarse de una fase 1969-1975, que el golpe viene con el programa explícito de exterminar, de cerrar la fase de ascenso y liquidar a la vanguardia que surge al calor del proceso.

Bien, ahora una reflexión. Yo no las conté pero son seis, siete fases. Si uno las ve en detalle, no pueden entenderse sin las determinaciones objetivas: caída del salario, aunque no suba de la desocupación, no hay mucho desempleo, es un elemento clave. Pero ningún proceso se explica sin los procesos de organización previos, sin la intervención decisiva de nuevos activistas, nuevas vanguardias, que no surgen necesariamente luego de iniciado el momento de la lucha sino que incidieron, o fueron un proceso anterior.

El elemento de preparación de esos activistas es fundamental para explicar las fases de ascenso, y esto se podría demostrar en cada una de las fases. La primera, de 1888 a 1896, no puede entenderse sin la acción de los activistas del primer Partido Socialista, no el partido reformateado por Juan B. Justo sino el primer Partido Socialista, que es más marxista, más kautskysta por momentos, pero con una dimensión de la lucha de clases muy fuerte. Esos activistas socialistas son fundamentales en el proceso de organización de los sindicatos y de las luchas.

A la vez, el anarquismo está empezando a cambiar sus concepciones y eso explica mucho la segunda fase, la de 1901-1910. La fase de la FORA no se hubiera dado sin el proceso de viraje del anarquismo con la llamada corriente de los organizadores, que rompe con las viejas concepciones de los anti organizadores. Los organizadores lanzan el periódico La Protesta en 1897 y dicen “hay que ir al movimiento obrero, la lucha pasa por el movimiento obrero”. Y son los que crean la FOA en 1901. Entonces, la fase de ascenso desde 1901 no puede entenderse sin el proceso de preparación previa.

Y lo mismo podemos decir del ciclo de 1917-1921, con la intervención de una nueva vanguardia vinculada también al sindicalismo revolucionario y las corrientes revolucionarias del sindicalismo. Hay que distinguirlas porque el sindicalismo revolucionario va a ser una corriente que va a, de algún modo, traicionar su nombre original. Esas nuevas expresiones de sindicalismo rojo, de anarquismo con una concepción de la lucha desde el movimiento obrero y la nueva vanguardia surgida en torno al ala izquierda del Partido Socialista que va a constituir el PC (inicialmente el Partido Socialista Internacional) fueron elementos decisivos en explicar el período 1917-1921 de lucha.

En el ciclo de 1935-1943 el papel del PC es decisivo, también para que la lucha no se profundice y no pegue un salto al plano político. Recordemos que es el mismo PC que a partir de 1935 ha virado al Frente Popular y tiene una concepción programática y estratégica de colaboración de clases. Lógicamente, esa dirección no puede llevar al movimiento obrero a la independencia política, sino a un acuerdo con sectores de la burguesía nacional, lo que termina en la tragedia de la coyuntura 1944-1945. Es una tragedia en el sentido de que hay dos alternativas de conciliación de clases, nunca nos olvidemos. Una es la reformista, el PS, el PC, aliados a la UCR, aliados inclusive con la embajada yanqui. Pero del otro lado hay una coalición con base obrera pero con dirección también de conciliación de clases. No hay en la coyuntura de 1945-1946 una alternativa obrera independiente, sino dos campos de conciliación de clases. Y la derrota del movimiento obrero tiene que ver con esto, la derrota como sujeto consciente y como sujeto independiente se inicia en ese proceso y viene la experiencia del peronismo que todos la conocemos.

Hay un peronismo concebido por el activismo que lo entiende casi con connotaciones clasistas, que son obviamente traicionadas por la propia configuración del peronismo, que es hostil al clasismo.  Sin ese activismo consciente, no se puede explicar el proceso de lucha y de resistencia de 1954 en adelante. Hay que hacer ahí la historia del activismo para entender, por ejemplo, huelgas como la metalúrgica de ese año. El clasismo no nació por generación espontánea, uno no puede decir que el clasismo empezó con el Cordobazo que le sacudió la cabeza a los trabajadores. La historia del clasismo está llena de facciones y corrientes políticas, debates, luchas de tendencias que van preparando el momento. El Cordobazo es una compuerta que se abre.

Esto me llevaba a la reflexión de la combinación de elementos objetivos y subjetivos a los que antes hacía mención. Cada una de las expresiones, de las corrientes y los puntos posibilitaron avances objetivos en los niveles de organización y de lucha del movimiento obrero, con elementos que los obturaron en cada una de las culturas políticas, en el anarquismo, en el Partido Socialista, que fue muy importante en la Argentina de las primeras décadas. Era un partido absolutamente reformista y extraño a un programa revolucionario porque era un partido obrero electoral, totalmente parlamentarista, que escindía completamente la lucha electoral y política de la lucha de clases, de la lucha sindical. Ésa es la tragedia de la izquierda en las primeras décadas: tuvo un gran partido como empresa política, con experiencia de lucha parlamentaria, lucha cooperativa, lucha cultural, pero no lucha de clases. Cuando Justo hablaba de lucha de clases era medio entendida como debate de ideas, como un ágora.

Por otro lado está el sindicalismo revolucionario. Ya lo dijo Trotsky, ya lo dijo Gramsci, sindicalismo revolucionario es una contradicción de términos, ninguna lucha sindical pura puede ser revolucionaria. Eso lo demostró e hizo escuela en la Argentina el sindicalismo revolucionario, que fue la gran corriente del movimiento obrero en la década de 1910-1920. Lo dirigió inicialmente desde planteos revolucionarios y luego terminó en todo lo que termina el sindicalismo revolucionario: reformismo, neutralidad ideológica, apoliticismo, corporativismo y luego burocratización. Cualquier parecido con elementos que después retoma el peronismo no es mera coincidencia. Es Moyano diciendo “yo soy camionero”. ¿Y el resto del movimiento obrero? Rompe la unidad de clase. Los ferroviarios, dirigidos por el sindicalismo, razonan “yo ferroviario, mejores salarios, jubilaciones, etc. El resto del movimiento obrero, allá”.

Y por último, la experiencia del PC, la tragedia de un partido que penetró como ninguno en la clase obrera industrial, la más explotada y oprimida, lo que se llamó la nueva clase obrera de 1930 la organizó el Partido Comunista con una experiencia a nivel de fábrica increíble, células clandestinas, periódicos de fábrica, pero con una orientación programática que la condujo conscientemente a anular la independencia de los trabajadores y llevarlos a todo tipo de acuerdos con la burguesía. Muchas gracias.

Panel “Historia política del movimiento obrero”

“Los trabajadores estamos llamados a ser el sujeto histórico para realizar un cambio”

Jorge Ayala*

* Dirigente obrero del neumático, militante del Nuevo MAS

Buenas tardes, compañeras y compañeros. Yo voy a retomar un poco donde dejó el Teddy. Siempre digo que lo que cuento yo es más reflejo de la experiencia vivida, y obviamente eso tiene su carga de subjetivismo, pero está bueno que los trabajadores también expresemos nuestras vivencias, porque de eso se trata. Y como vemos históricamente, hay mucho para seguir debatiendo. De los 90 en adelante comenzó toda una recomposición generacional dentro de las fábricas. Yo quizá soy de la primera oleada de esa recomposición, porque entré en los 90, pero se fue dando, principalmente post Argentinazo, una recomposición más numerosa. El ingreso de los nuevos compañeros tiene sus características: una de ellas es que los compañeros no están acostumbrados a la lucha, no saben luchar, no saben cómo organizarse para luchar, es algo que pesa. La otra característica es que somos o son despolitizados, algunos nos queremos politizar y por eso estamos hoy aquí, pero los compañeros son despolitizados.

Obviamente hay aspectos positivos también dentro de estas características. Pero lo otro negativo es que se apuesta por la salida individual, no se ve la necesidad de una salida de conjunto, una salida colectiva, sino todo lo contrario, es más bien sálvese quien pueda o me salvo yo solo. Son falencias que golpean justamente hoy dentro del movimiento obrero y sobre todo también cuando uno quiere organizar a los compañeros, a una vanguardia, para dar esas peleas. Después los aspectos positivos, que es donde yo hago hincapié, es que hacen la experiencia dentro del trabajo y rápidamente identifican a los traidores, rápidamente identifican a los delegados entregadores, y obviamente ese odio se convierte rápidamente en un odio hacia las direcciones burocráticas.

Acá es donde empiezo con los reflejos casi personales, porque efectivamente las nuevas generaciones que van ingresando salen a la lucha empezando por las reivindicaciones sindicales, las necesidades sindicales que tienen que ver con el salario y las condiciones de trabajo. Tienen que ver con todo lo que dijo Teddy recién, yo podría agregar cientos de cosas más, pero no voy a hacer mucho desarrollo. El trabajador se encuentra ante una perspectiva que tiene que desarrollar, que le cuesta, pero trata de hacer su experiencia. Los trabajadores han entrado a una nueva etapa, si se quiere, desde una perspectiva de lucha. Yo veo hoy muchos compañeros que están en fábrica que están haciendo su experiencia, que están dando esa pelea.

Quiero desarrollar un poco la experiencia sindical y los límites, escuchaba hoy al historiador sobre los límites de la experiencia política, y acá sí voy a hacer mucho hincapié en lo personal. Yo ingrese a FATE, hace un tiempo y sufrí muchos atropellos, los que describió el Teddy, la flexibilización laboral la viví en carne propia, tengo los huesos rotos, tengo la columna rota, justamente por haber trabajado en las condiciones en que me hicieron trabajar. En 2007 nos rebelamos contra eso, contra los delegados que entregaban todo durante los 90. En ese momento estaba la Bordó. Siempre lo digo, como es la Bordó en FATE, en la UOM, en la UOCRA tienen otros colores en todos lados, lo único que cambia es el color. Pero lo que los identifica a estos tipos es concretamente que te entregan frente al patrón. Es así de concreto, no hay mucha diferencia en eso.

Contra estos delegados entregadores nos rebelamos y dimos una batalla terrible. Hacíamos actos, en mi caso desde la inconsciencia, si se quiere, porque no era plenamente consciente de lo que desarrollábamos. Plantarnos y darle la pelea a los burócratas es algo que hacíamos por el odio que teníamos a esos tipos por las condiciones en las que estábamos, pero no teníamos una conciencia clara de hasta dónde estábamos llegando, hacia dónde queríamos ir. El devenir del tiempo me fue enseñando y mostrando quienes eran los que estaban al lado mío en esa pelea y quiénes no.

Yo siempre hago hincapié en que en esa pelea que tuve que dar en el 2007 conocí a un grupo de compañeros, en especial a un compañero que me planteó una vez “hagamos algo para salir de este pozo”. Porque es verdad que estábamos devastados económicamente, el salario era una porquería, las condiciones de trabajo eran miserables porque veníamos de toda la época de flexibilización de los 90. Y el compañero me plantea pelear contra esto. Y yo le dije: “¿Para qué? Si la verdad es que acá no se puede hacer nada. Si hablás estás marcado y si estás marcado te rajan, si levantás la cabeza un poquito te la cortan”. Este compañero me presentó a un trabajador que laburaba en la época de los 90 en FATE. Que dio pelea en FATE, porque se peleó en FATE, es verdad lo que dice Teddy, se dio la pelea, se perdió, pero lo que quedó de esa pelea, incluso cuando yo entré en el 93 se decía: “Acá hubo un delegado que no transó, un delegado que no traicionó, un delegado que la peleó”. Y le decían el Mostro, un compañero que todos conocen aquí. Hoy lo conocen como el Grillo. Y bueno, a mí me llegó eso, me llegó antes incluso de conocerlo a Guille, otro compañero de lucha. Y conocí al Mostro y con Guille le preguntábamos cómo podíamos organizarnos, cómo podíamos hacer.

A partir de eso me acerqué a la izquierda, conocí a “los zurdos”. No voy a explicarlo porque ya expliqué más de una vez lo que pensaba yo de los zurdos (risas). Obviamente, era antizurdos, ahí es donde está también la cuestión de la conciencia. No voy a desarrollar mucho la lucha de 2007-2008, porque, como escribí estos días, la experiencia de FATE es riquísima en un montón de cosas. La cuestión de la conciencia fue una bisagra para mí también, pero no solamente eso, sino la cuestión de la experiencia sobre todo, primero. La experiencia, la pelea, el acompañamiento, la preparación, todas cuestiones a las que yo no estaba acostumbrado. No sabía de qué se trataba, no entendía. Sí tenía el odio hacia quienes me lastimaban y quería sacarlos, por supuesto. Y a partir de este acercamiento comienza toda una nueva etapa para mí. Y esto tiene que ver con lo generacional, la nueva generación dentro de la fábrica, no voy a ser redundante, me cuesta no serlo. En esa época empecé el acercamiento a la organización política en la cual hoy milito.

Algo que me impactó, que fue lo primero que aprendí, fue el concepto de clase. Yo no entendía mucho eso de la clase me hablaban de clasismo, de la lucha de clases, no sabía de qué me hablaban. Porque, claro, tenía la concepción de la clase capitalista, la clase por la forma o poder adquisitivo que uno podía llegar a tener según su remuneración. Y cuando comprendí el concepto de clase, que la sociedad estaba dividida solamente en dos, entre los que te sacaban y los que teníamos que poner el hombro para que el otro te saque, ahí la cosa cambió, ordené mis ideas nuevamente. Y a partir de ese ordenamiento de esas ideas, que me costó horrores porque venía con otra concepción totalmente diferente, empecé a ver las cosas de otra manera, sencillamente comprendí el clasismo por el que tengo al lado mío, que tiene la misma camisa de trabajo que yo, que sufre lo mismo que yo.

Saliendo de la fábrica, al que sufre porque no tiene para darle de comer a su familia, al otro que lo persiguen por lo que sea… identifiqué rápidamente que el que tiene una mansión, un yate, es porque alguien lo banca, y el que lo banca tiene siempre la misma camisa que yo. A partir de esa concepción empecé a entender otras cosas y ver otras cosas no sólo dentro de la fábrica.

Todas estas cuestiones que yo narro, que son personales y que tienen que ver con la concientización, y con lo generacional, es algo que no les pasa a todos los compañeros Ojalá tuviéramos muchos más compañeros que tuvieran este tipo de reflexión, ahí la cosa cambiaría, pero ésa es la pelea que tenemos que dar, justamente. Es una reflexión que quería traer, que he aprendido y sigo aprendiendo: identifiqué rápidamente el concepto de clase.

También sé que los atajos sindicales tienen patas cortas. La lucha sindical es necesaria porque el bienestar del trabajador tiene que ser inmediato y la forma de llegar a este bienestar es a través del salario, de mejorar sus condiciones de vida, es una pata que tenemos que utilizar, pero no para cercenar la otra parte que es la parte política, no para decirle a los trabajadores que ésa es la única forma en que se va poder lograr satisfacer sus necesidades. Hay que dar un salto más que va más allá de lo sindical, el salto político, siempre lo decimos, y en ese aspecto como delegado siempre utilicé los fueros para eso, para explicarle a la clase y para decirle a mis compañeros que no se trata solamente de lo sindical sino que hay que ir por lo político, que es la base de lo que tenemos que tratar de cambiar, los fueros fueron puestos para eso. Quizá por ahí me criticaron algunos que utilicé los fueros muy poco para lo gremial; puede ser, es cierto, pero yo tengo otra concepción y otra cabeza, yo quiero la liberación de los trabajadores, ésa es la búsqueda en la que estoy. Los fueros van y vienen, pero lo que se queda acá es la conciencia, la acumulación de lo que aprendemos y somos capaces de desarrollar.

La experiencia, la acumulación que he tenido la transmito y estoy con ganas de seguir en esta cuestión de hacer estas experiencias sin fueros, porque es otra experiencia, que es más política que sindical para mí. Hoy el compañero no me ve como un delegado, pero sí me ven como un militante del Nuevo MAS y es otra cosa. También estoy viendo que hay compañeros que están en otras plantas, en otras fábricas, acá están los compañeros de la Pilkington que tienen todavía todo un desarrollo y todo un desafío, que deben seguir dando esa pelea sindical y por supuesto no hay que descuidar esa pelea pero también tenemos que dar la batalla política, tenemos que ayudar a avanzar al conjunto de los compañeros en ese salto para que no se queden con una pata corta.

La conquista del sindicato, por supuesto, es algo de lo que me hago parte, porque fui un actor durante muchísimos años, lo sigo siendo y no voy a dejar de serlo. Más allá del color y de un montón de cosas, es un gran avance, en ese sindicato hay compañeros luchadores, compañeros que lucharon en el 2007 y 2008, el Coco Santillán es uno de ellos. Ahora, si los compañeros no ven la posibilidad de usar el sindicato central como una herramienta política, vamos a tener un problema. Obviamente que hay que utilizarlo como una herramienta sindical, pero también como una herramienta política. En ese desafío es en el que vamos a desarrollarnos todos nosotros, todos los obreros del neumático, incluso todas las gomerías, porque es una nueva etapa que comienza.

Recién Hernán hizo una reflexión que me quedó en la cabeza: los trabajadores estamos llamados a ser el sujeto histórico para realizar un cambio, los trabajadores tenemos que tomar en nuestras manos los problemas de la sociedad. Tenemos que dar esa respuesta que espera la humanidad, y me parece que justamente la politización es el camino para que los trabajadores nos propongamos hacer eso. Muchas gracias, compañeros.

Panel de cierre: “Nuevo ciclo histórico, revolución y socialismo”

“En la defensa del Estado burgués y de la propiedad privada está el fracaso de los gobiernos ‘progresistas’ latinoameicanos”

Martín González Bayón*

* Director del periódico Socialismo o Barbarie, del Nuevo MAS

Buenas tardes a todos los presentes, estamos en esta última charla de la Jornada de Pensamiento Socialista. Recién Manuela nos mostraba la importancia que estos espacios tienen para nosotros. En esta primera jornada contamos con la presencia de Pablo Bonavena y Claudio Katz, que nos van a enriquecer y permitir sumar visiones distintas e ideas para pensar la problemática de la revolución en la época que estamos viviendo. El mundo está atravesando una etapa con elementos convulsionados. Más allá de los balances que podamos hacer y de la evaluación que hagamos, el mundo a partir de la crisis económica de 20008 tiene sin duda más elementos de inestabilidad y polarización. Seguramente hoy estamos en una coyuntura internacional bastante tirada a la derecha con elementos fuertemente reaccionarios como pueden ser la campaña por el Brexit o la figura de Trump, aunque con la figura de Sanders que habla de socialismo por otro lado, son elementos de polarización que muestran que el equilibrio no está tan equilibrado.

Ahora, para pensar el problema de la revolución hoy voy a partir de un elemento que lo tendríamos que ubicar hace un par de décadas atrás: la caída de la URSS, la caída del Muro y el derrumbe del llamado “campo socialista”. Allí, el imperialismo triunfante consiguió imponer un balance de todo el siglo XX. Un balance que asumía a todo el siglo en bloque como una gran tragedia que estuvo marcada por dos totalitarismos: con el fascismo y el nazismo por un lado, y por otro el marxismo (identificado con el stalinismo), con los intentos de la clase obrera de superar al sistema capitalista. Frente a esto impuso todo un relato, que siendo extremadamente sintéticos, lo podemos definir en “el fin del proletariado como sujeto histórico”, “el fin de las ideologías”, “el fin de la historia”, todos slogans muy de los noventa. El mercado y el capitalismo como único horizonte de organización de la sociedad, el Estado burgués como la forma política natural de la organización de la humanidad, y la democracia burguesa, con todas su parafernalia de instituciones, como el mejor de los mundos posibles y reales.  Ese es el credo burgués que emana como balance de todo el siglo XX e impregna al XXI.

Ese credo burgués penetró tan fuerte en el sentido común de la época que ciertos elementos fueron tomados, sin ser cuestionados, por las organizaciones populares. Esto no significa que no hubo resistencias, hubo muchas experiencias de resistencia.  El primero que voy a mencionar, ocurrió en 1994, el primero de enero, cuando estalló la rebelión zapatista en Chiapas. Esta se alzó como un grito de protesta contra la globalización capitalista. Pero este grito adolecía de una definición estratégica deficiente: niega la necesidad de barrer con la dominación de la burguesía, soslaya la importancia que tiene el Estado burgués, y por lo tanto trató de impulsar la organización “al margen” de esa institución. Todo ese cuerpo ideológico que fue el zapatismo, el cual fue muy fuerte en la segunda mitad de los 90, empezó a perder fuerza a comienzos de siglo como consecuencia del estallido de las rebeliones populares en Latinoamérica, y de la ofensiva guerrerista del imperialismo en Medio Oriente.  Estos nuevos procesos reencauzaron los debates hacia tópicos y posiciones más clásicas.

Entonces con la crisis de 2001 y con las rebeliones populares y las crisis de muchos regímenes latinoamericanos, la importancia objetiva del problema del Estado y del imperialismo era insoslayable. Esas rebeliones pusieron en jaque a la burguesía y mostraron la dificultad que tenía para administrar sus propios regímenes políticos. Producto de esas rebeliones surgieron una serie de movimientos y luego de gobiernos, a los cuales vamos a llamarlos “gobiernos progresistas” aunque metamos en la misma bolsa a cosas que nos son iguales: Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, el proceso del chavismo, sin duda el más radicalizado de todos estos gobiernos, incluso el kirchnerismo, son emergentes de esa crisis. No quiere decir que estos gobiernos sean los que impulsaron esas rebeliones, nada de eso, pero surgieron de ellas como sus resultantes.

Ahora bien, como decíamos: todos estos procesos políticos son muy distintos. Por ejemplo, el gobierno de Evo Morales es el caso de un frente popular;  Lula y el PT que no vienen de ninguna rebelión pero son un emergente del proceso latinoamericano de conjunto que se estaba gestando, y que ha conformado un gobierno  extremadamente conservador aunque contradictorio y anormal: estamos ante el caso de un Estado burgués encabezado por un obrero metalúrgico, un elemento más que contradictorio; por estas tierras surgió el kirchnerismo que es una versión progre de un gobierno típicamente burgués, y finalmente el chavismo, que es un típico caso de nacionalismo burgués apoyado en las capas más pobres de la población, aunque no en la clase trabajadora, y en las FFAA del Estado. Todos esos procesos, aunque críticos en la medida que eran emergentes de la crisis del neoliberalismo, también eran hijos del credo burgués que se había instalado como balance del siglo XX. El Estado pasó a primer plano, pero un Estado sin nombre y apellido, sin denominación de clase. El Estado burgués no fue cuestionado como tal, a lo sumo ocupado y tratado como si no hubiese ninguna relación entre las estructuras sociales y económicas que hacían a nuestros países latinoamericanos y la estructura política que es la garante de ese status quo más general. También barrieron del discurso a la clase obrera como sujeto de la transformación social y apareció una miríada de sujetos amorfos o indefinidos. Su objetivo se basaba en la apuesta al desarrollo de las economías nacionales buscando, cuando no inventando, una nueva burguesía nacional que impulsara un desarrollo autónomo, o directamente tratando de que sea el mismo Estado, sin burguesía o incluso con la burguesía en contra, el que garantice el desarrollo de esos países y de esas economías. Así quedaba toda perspectiva de emancipación subordinada a ese desarrollo y ese Estado.

La resultante de 15 años de esos proyectos es decepcionante: hoy estos “proyectos” están en crisis e incluso muchos salieron del gobierno, y además todos corridos por derecha, incluso por las mismas fuerzas que habían sido derrotadas por las rebeliones populares que antecedieron a estos gobiernos. Pero además, en cuanto a la trasformación de las estructuras económicas de los países que gobernaron y su emancipación, luego de un ciclo económico muy favorable y gozando de un gran poder político e institucional, lo que quedó no es un avance en la autonomía de los países, no tenemos economías más desarrolladas. Todo lo contrario. Se ha afianzado la primarización de todas nuestras economías atadas a la explotación del gas, del petróleo o la minería, de la soja y los granos en general. Luego de casi dos décadas de “gobiernos progresistas” hemos quedado aún más subordinados al mercado mundial como partícipes menores y dependientes.

Pero de nada sirve la pintura de la situación si no le incorporamos al balance algunas conclusiones. Todos estos procesos tuvieron rasgos en común: no cuestionaron al Estado burgués, no cuestionaron la propiedad privada, por lo tanto no cuestionaron el dominio social de la burguesía. No apostaron a un proceso emancipador que parta de algún sujeto social que sea efectivamente antagónico a los intereses de la burguesía, más allá de que hayan tenido o no confrontaciones con sectores concentrados de sus mismas clases dominantes.

Desde el punto de vista de la emancipación social de los explotados y oprimidos, al margen de que hubo concesiones y reformas, hoy por hoy la resultante tiene gusto a poco. Los llamados a resistir o a “profundizar” esos procesos no encuentra claramente sobre qué sujeto social se puede llegar a desarrollar y bajo qué programa, y menos que sean esos mismos actores políticos quienes lo puedan encauzar.

Lenin hace 99 años escribía El Estado y la Revolución. Ahí trataba de marcar la importancia de la relación del Estado (con “apellido”: burgués o proletario) y la clase social que hay atrás, el rol del Estado como garante de un orden social determinado. Y ligado a eso planteaba la necesidad de la revolución en tanto revolución violenta que tiene que barrer con los poderes establecidos y las relaciones económicas sociales que están engarzados con ese Estado. Y luego, partiendo de esa acción revolucionaria, construir un poder propio, un Estado propio de los explotados encabezado por la clase trabajadora. Como elemento activo para poder construir eso, Lenin apostaba fuertemente a la organización, al poder creador que tienen la misma clase trabajadora y los oprimidos para hacerse cargo de sus propios intereses y encontrar las formas de resolver sus dificultades.

Yo escuchaba en el panel anterior, la intervención de Hernán Camarero y también la discusión del Estado en el primer panel con las compañeras de Las Rojas. Hernán hizo un agudo razonamiento cuando afirmaba que una de las grandes tragedias del movimiento obrero argentino fue el hecho de haber sido cooptado por su enemigo a través del Estado burgués. Es muy agudo eso. Todos esos procesos, inclusive los que intentaron llevar a cabo algunas reformas, lo hicieron desde arriba, tratando de manejar a los movimientos populares y a la clase obrera desde las estructuras del mismo Estado burgués. Si Camarero decía que era una contradicción hablar de sindicalismo revolucionario, más contradictorio es hablar de socialismo burgués.

Me parece que el balance que hay que hacer sobre todos estos gobiernos es importantísimo, porque hace al alcance y límites de las rebeliones populares. Hacer esos balances hoy en este mundo con fuertes elementos de inestabilidad impone efectivamente la reapertura de los debates estratégicos que, sin haberlos dicho taxativamente, estuvieron desparramados en mi intervención. Esos son los debates de reforma o revolución; del Estado burgués y del Estado obrero; acerca de cuál es el sujeto revolucionario, el sujeto emancipador; y es el debate del partido como organización que permite que los trabajadores se puedan empoderar y a través de él hacer valer sus propios intereses. Me parece que estos debates están planteados objetivamente para todos los luchadores y para todos los que se reconocen de la izquierda y que pretenden emancipar a la sociedad de la mugre que es el capitalismo. Gracias.

Panel de cierre: “Nuevo ciclo histórico, revolución y socialismo”

“La política revolucionaria es la ruptura de la ciudadanización”

Pablo Bonavena*

* Sociólogo y docente universitario

Buenas tardes, les agradezco muchísimo la posibilidad de participar en este encuentro. No voy a negar que no deja de causarme una fuerte impresión que un domingo a la tarde haya tanta gente, muchos jóvenes, interesados por ideas socialistas. Lo cual estaría indicando que más de algunos necesitamos un psiquiatra o (y esto creo que efectivamente es la verdad) las ideas socialistas mantienen una enorme fuerza y vigencia, que son acompañadas, como lo certifican los presentes, por una enorme fuerza moral y política para llevarlas adelante.

Y esto no deja de ser un indicador interesante porque ¿en qué marco se da generar este tipo de iniciativas? Se da en un marco, como dijo la compañera que presentó el panel, en que hay que volver a poner las ideas del socialismo sobre la mesa, reinstalar al socialismo como una alternativa de masas.

Voy a ceñir una parte de la conversación a una charla que tuvimos recién antes de entrar. Fíjense que durante el siglo XX –y vamos a poner como un hito, que siempre es una arbitrariedad, la caída del muro de Berlín–, frente a cada coyuntura, frente a cada crisis, frente a cada conflicto, no digo que la única, pero sí la principal alternativa que a cualquiera se le venía inmediatamente a la mano era el camino al socialismo, en sus más variadas orientaciones, incluso el socialismo que a mí más me gusta, el socialismo más radical, revolucionario. Pero más allá de los matices, el socialismo era una alternativa que aparecía casi automáticamente.

Por supuesto que con la caída de la URSS hemos vivido un retroceso, y hoy esa alternativa no surge casi automáticamente. Yo quisiera hacer dos referencias a cómo se visualiza cierto estado de la situación, de las relaciones de fuerza, en dos dimensiones: una en torno al conflicto social, y otra, que por supuesto está ligada a esta, que es la cuestión de la guerra.

Ha habido un cambio de percepción desde la burguesía en general y desde EEUU en particular que acompañan a ese retroceso del socialismo como alternativa. Estoy seguro de que los que estamos acá lo vivimos como la alternativa casi automática, pero no es verdad que esto tenga la fuerza de masas que tuvo en otro momento histórico.

Les quiero hablar del miedo que sentía la burguesía frente a la conflictividad social, como se veía desde las ciencias sociales y desde la política de la burguesía la conflictividad social general, lo que nosotros codificaríamos seguramente como la lucha de clases.

Gran parte de esa forma de ver, antes de la caída del muro, que tenía la burguesía tenía que ver con que frente a cada conflicto el socialismo estaba colocado como alternativa. Incluso era una alternativa ante la negociación. Va a haber varios procesos en el siglo XX, de luchas de liberación, de conflictos, donde uno de los bandos beligerantes podía amenazar al otro: “ojo que me voy al comunismo”, y ésa era una amenaza real y conocerán varios procesos donde incluso esta situación se plasmó. Tenemos una gran tarea que es reponer al socialismo en ese lugar.

Ahora bien, vamos a ver el impacto de ese retroceso en las ciencias sociales, específicamente hablaré –un segundito nomás, no se asusten– de la sociología. Un autor que voy a citar se llama Albert Hirschman, sociólogo político, un referente de la burguesía como cuadro intelectual de las ciencias sociales, tiene una frase que nos viene bien para ambos temas, el de los conflictos y el de la guerra: “Que Dios nos devuelva la lucha de clases”. Esto está acompañado de una tesis que él acuñó, de muchísima instalación, que dice así: la caída del socialismo se debió a que eliminó el conflicto social. Y el día que estalló, voló todo.

¿Qué quiere decir con este planteo? Que en realidad la burguesía ha vivido equivocada. Vivía frente a la amenaza comunista pero, dice él pos caída del muro, hemos vivido equivocados porque el conflicto social no es algo perjudicial al sistema capitalista, no es algo que lo haga estallar como pensó parte de las ciencias sociales, especialmente el funcionalismo. No es verdad. Al contrario. La sociedad capitalista es una sociedad que se nutre del conflicto, se enriquece con el conflicto. Fíjense el cambio de percepción.

Ahí está esa famosa idea que señala que la democracia es un orden conflictivo y el problema pasa por la capacidad que tiene el orden político de procesar la conflictividad social. El problema no es el conflicto, sino la capacidad de procesarlo.

Dicho esto, les voy a señalar cómo se traslada esto a los análisis de situación que hace la burguesía desde su sistema universitario, con financiamiento de la ONU, etc., respecto del análisis de la conflictividad social de los últimos años y lo que implica el retroceso de la posibilidad del socialismo como una alternativa.

Desde el 2009 al 2010, de octubre a octubre, se hizo la investigación más importante sobre la conflictividad social en América Latina. ¿Qué dice esa investigación?: “Las democracias han tenido la capacidad de procesar satisfactoriamente 2.338 conflictos”, de los cuales el 40% eran conflictos de reproducción del orden social, 38% conflictos institucionales y un 16% culturales, que son los más complejos.

El diagnóstico es “estamos teniendo una altísima eficacia en la gestión de la conflictividad social. Se confirma la idea de que el capitalismo y el conflicto se benefician”. Fíjense el cambio de percepción que hay sobre la conflictividad social. Tenemos que tener en cuenta este factor, habida cuenta de que en la Argentina –y se podría extender esto a muchos otros países– enfrentamos una situación inédita que es la extensión de muchos años de estabilidad institucional que apunta al procesamiento de la conflictividad social. Entonces, este es un elemento que desde la burguesía se suma al análisis de la situación y que tenemos que tener en cuenta cuando hacemos nuestros análisis en función de lo que nosotros queremos que es la destrucción del capitalismo. Sobre estos resultados se hace una proyección, que llega desde 2009 hasta 2015, que dice “duerman tranquilos, tenemos una altísima capacidad de procesar el conflicto hasta 2015”.

Al lado de esta cita de Hirschman, “Que Dios nos devuelva la lucha de clases”, agrego otro elemento que hace a la guerra: el pasaje de la bipolaridad en el mundo a la multipolaridad, apolaridad, distintas formas de denominarla. Ese desdén por la lucha de clases tiene que ver con cómo el cambio de las relaciones de fuerza le hizo perder a los EEUU el rol protagónico ganado en la llamada bipolaridad. Ahí aparece EEUU tratando de construir algún nuevo enemigo. Quien les habla es ferviente lector de las publicaciones que hacen las FFAA norteamericanas. Les recomiendo, porque está en español, la Military Review. Es importante ver cómo EEUU toman esto como un problema y la búsqueda de enemigos para polarizar no ha tenido el resultado esperado. Van a ver la búsqueda como enemigo del narcotráfico, grandes inversiones de dinero, de propaganda para eso; su desinflamiento; la guerra contra el populismo donde aparece Chávez como eje del mal, y se desvanece rápidamente; y por supuesto, aunque es algo que les cuesta inflamar, la guerra contra el terrorismo.

Ustedes dirán: ¿cuál es el interés para nosotros de la pérdida del lugar hegemónico que EEUU tenía muy reconocido en el marco de la bipolaridad? Entre otras cosas, el impacto que eso genera en la industria militar. EEUU tiene asentada gran parte de su economía orientada a lo militar.

Son todas cuestiones que están presentes a la hora de hacer un balance. Ver esos cambios de percepción respecto de la conflictividad social, y las pretensiones de institucionalizar constantemente a los movimientos sociales, acompañados de una frase que dice “en la perspectiva de construir ciudadanía”. Esto es muy importante para nosotros, que somos parte de esos movimientos, y tenemos que trabajar para desbordar los límites de la ciudadanía. Recordemos que la política revolucionaria es la ruptura de la ciudadanización. Muchas gracias.

Panel de cierre: “Nuevo ciclo histórico, revolución y socialismo”

“Los jóvenes de hoy no le tienen miedo a la palabra socialismo”

Claudio Katz*

* Economista e investigador

Buenas tardes, muchas gracias por la invitación, los felicito por la organización de una jornada explícitamente socialista, yo creo que en la izquierda tenemos que discutir con esa denominación, con orgullo de nuestra identidad.

Voy a poner tres temas. El primero es la etapa actual. Desde hace varias décadas atravesamos la etapa neoliberal del capitalismo, que empezó en los años 80, se afianzó con la caída de la URSS y es un capitalismo muy distinto al de posguerra, a la época keynesiana. Es un modelo de agresión permanente contra los trabajadores, de deterioro del salario mediante la precarización, de desplazamiento de la industria a oriente para lucrar con la baratura de la fuerza de trabajo, de ampliación estructural del desempleo, utilizan la informática para aumentar la rentabilidad y no es culpa de las computadoras que sustituyen mano de obra sino de los capitalistas que se enriquecen con ese reemplazo.

Es un modelo de explosión de desigualdades porque la brecha de ingresos aumenta desde el momento que los ricos ya no tributan en sus estados nacionales sino que esconden sus fortunas en los paraísos fiscales. El capitalismo neoliberal es un capitalismo de baja del salario, de desempleo, de desigualdad, al servicio de empresas trasnacionales que destruyen la vieja cohesión nacional de muchas economías con la internacionalización de los procesos de fabricación, con la extensión de tratados de libre comercio que garantizan la demolición de las industrias nacionales competitivas.

Estas empresas trasnacionales que están dominando la economía global no son solo petroleras, automotrices, ahora incluyen a Google, a Facebook, a Twitter, a los señores de las nubes, los que dominan el ciberespacio, que no generan ninguna democratización, porque ese espacio virtual no es público, está manejado por pocas empresas, además muy conectadas con el Pentágono.

Empresas trasnacionales, tratados de libre comercio, muy asociados a bancos globales que saltan de una actividad especulativa a otra, y todo eso que habíamos escuchado de que iban a reducir las comisiones, que iban a regular el mundo financiero, quedó en la nada. Por lo tanto tenemos un modelo neoliberal de agresión, al servicio de empresas trasnacionales que operan con libre comercio, que desarrollan bancos globales. Y que además de generar sufrimientos populares, en cada quinquenio o cada decenio nos someten a grandes crisis, porque el capitalismo neoliberal contrae el poder de compra y genera una dificultad, una retracción del poder adquisitivo, genera competencia global acentuando procesos de sobreinversión, genera burbujas financieras especulativas constantes.

La última gran crisis que tuvimos en el 2008-2009 desembocó en la actual recesión, larga recesión que perdura hasta estos momentos. Han pasado siete años y seguimos con una gran liquidez mundial pasando de una actividad especulativa a otra, una reactivación económica muy anémica, aunque han cambiado algunos elementos. EEUU ya no es, como años atrás, el epicentro de la crisis, ha salido mejor parado exportando parte de su crisis a sus competidores, manejando el dólar, rehabilitando el FMI.

El epicentro de la crisis sigue estando en Europa, donde se están destruyendo conquistas sociales nunca alcanzadas en otra parte del mundo, con un mecanismo de cirugía deflacionaria a través del euro. Ya no queda nada de la idea de una unidad continental para hacer una Europa social: es una Europa del capital, de nítida agresión a las viejas conquistas populares. Y Japón continúa con su largo estancamiento.

Yo creo que la novedad en relación al 2008-2009 es China. La novedad es que China se afianza como taller del mundo, se afianza con una capacidad financiera para salir a rescatar a los bancos en crisis, pero China permitió en el 2008 que la recesión no se transformara en una depresión global como la de los años 30. Y en estos momentos China, en vez de continuar creciendo a las tasas de la década pasada, ha entrado en un proceso de reducción del crecimiento y esto está afectando a toda la economía global.

Este es el dato novedoso de los últimos años: el motor chino, sin apagarse, se está debilitando, y eso golpea a las economías intermedias, que habían ampliado el consumo de sectores medios. Especialmente acentúa la pérdida de gravitación de los BRIC: desde algo deslumbrante que teníamos hace pocos años, ahora más bien se habla de sus dificultades en un escenario muy complicado para la periferia y para América Latina porque están cayendo los precios de las materias primas y está aumentando la volatilidad, salida e ingreso de capitales, que eran los elementos que permitieron a ciertos países, entre ellos la Argentina, aguantar el fuerte golpe de la crisis del 2008-2009.

Entonces, primer elemento: seguimos en el capitalismo global, en el capitalismo neoliberal de las últimas décadas, estamos en la fase de la crisis del 2008, pero estamos ingresando en un momento novedoso, en esa fase donde los actores centrales están cambiando y los ojos tenemos que ponerlos en China porque lo que ocurre en China hace que todo ese escenario pueda trastabillar de una manera impensable en los próximos años.

Segundo elemento: el capitalismo neoliberal funciona trasmitiendo fantasías de sabiduría de los mercados, de derrame del beneficio, de ventajas del individualismo, pero sobre todo funciona generando miedo, miedo entre los pueblos. Miedo al desempleo, angustia de la flexibilización laboral, la desgracia de la pobreza, la desmoralización de la fractura social. El neoliberalismo opera generando esa angustia entre la masa de la población.

Pero al mismo tiempo que genera esa sensación dramática en los pueblos, debilita y deteriora los regímenes políticos. Hay una pérdida de legitimidad de los sistemas políticos en todo el mundo como nunca antes; hay una pérdida de sostén ciudadano para las instituciones políticas; hay una inédita erosión de los partidos políticos. Y en esa situación política tan, tan mutable, yo creo que se genera un gran descontento entre las masas populares.

Y el punto crítico está acá. Si ese descontento no es canalizado por la izquierda, es rápidamente capitalizado por la derecha. Y me parece que en los últimos años estamos viendo ese proceso, estamos viendo esa tendencia como el elemento dominante de la política mundial.

En EEUU, un país de desigualdad racial abismal, con un sistema medieval de prisiones, también hay una rebelión contra el sistema electoral de la plutocracia. Esa rebelión hizo que, por ejemplo, aparezca Sanders con un programa muy avanzado, pero no fue suficiente y aparece Trump con más fuerza, con una campaña contra los inmigrantes para oponer a los trabajadores blancos contra las minorías. No avanza un proceso progresista, entonces aparece con más fuerza una alternativa por la derecha.

Y más aun en Europa. En Europa se vota cada dos, tres años, en contra. Cada vez que la gente puede votar qué opina sobre la Unión Europea vota en contra, y a veces esas votaciones tienen un nítido cariz de izquierda, por ejemplo la que hubo en Grecia en el 2015 cuando se votó contra la troika. Pero si la izquierda no encuentra la forma de canalizar ese rechazo, el descontento, más aun en Europa, lo canalizan los nacionalistas de derecha. Lo acabamos de ver recién en el caso del Brexit, donde frente a una alternativa terrible, quedarse en la Unión europea para seguir soportando el ajuste, apareció otra alternativa terrible, que es descargar el ajuste sobre las minorías y los inmigrantes.

En Francia hubo una batalla muy importante del movimiento de La Noche de Pie contra una ley antiobrera, pero no lograron una victoria y la derecha, aprovechando el terreno generado por los atentados de los jihadistas, vuelve a ganar fuerza entre la población.

El país que pudo dar vuelta esta balanza era España, donde se podía modificar el escenario porque allí una nueva generación, la generación del 15M se ha politizado, logró romper el bipartidismo, pero apareció Podemos, y Podemos no fue suficiente. Podemos, con sus vaivenes, con sus virajes socialdemócratas, con sus mensajes contradictorios, terminó retrocediendo.

Y en Europa, en la izquierda europea, yo creo que sigue pesando fuerte lo que fue la gran oportunidad de la izquierda que fue Syriza en Grecia dos años atrás; ese fue el momento donde no se jugaba Grecia, se jugaba toda Europa. Se jugaba la posibilidad de que una actitud digna, fuerte, nítida, de Grecia, de Syriza, de enfrentar a la Unión Europea, lograra una derrota de la Unión Europea, y eso modificara el escenario, el clima europeo, e hiciera que no solo la derecha, los xenófobos, capten el descontento popular.

Hay que observar todos los matices de un escenario terrible para las mayorías populares, un escenario de agresión permanente al nivel de vida, al nivel de existencia de toda la población, donde la gente lo que quiere es buscar una salida, que la saquen de esa situación. En esa búsqueda de salida, mira a la izquierda, y si la izquierda no le da una alternativa, su desesperación es canalizada por los populistas de derecha, que hacen discursos terribles, que oponen una mayoría contra una minoría y que intentan renovar los prejuicios más nefastos de la tradición política europea.

Entonces, tenemos el capitalismo neoliberal en su etapa de crisis, tenemos un escenario político que a medida que el capitalismo neoliberal agrede genera más deterioro y más inconsistencia en los regímenes políticos, y tenemos esta turbulencia en el escenario político norteamericano, europeo, donde las poblaciones buscan una salida a la angustia que les genera la agresión permanente que están sufriendo.

El tercer tema: el capitalismo neoliberal, sin legitimidad política, se sostiene a escala global con la acción militar del imperialismo. El capitalismo no existe sin guerra, no existe sin imperio, no existe sin una acción bélica permanente. Hay pérdida de legitimidad pero hay una estructura militar que sostiene todo eso a escala planetaria.

Y es un imperialismo que, en la época actual, actúa a nivel colectivo: no es uno contra otro, es una asociación de imperios, es EEUU comandando una acción de orden global, es el sheriff del planeta, y como sheriff del planeta asegurando el funcionamiento del capitalismo global. Ha sido así con los últimos presidentes y ha sido así con Obama, que incrementó la presencia de tropas y operaciones especiales en todos los países del mundo, que se arroga el derecho extraterritorial de secuestrar a cualquier individuo en el mundo.

Pero este imperialismo manejado por EEUU actúa en asociación directa y forzando la subordinación directa de Europa y Japón en torno a la OTAN. Es un dispositivo general donde Francia tiene tantos ataques jihadistas porque Francia está involucrada en cinco frentes de agresión en el mundo árabe. Entonces cuando se sorprenden, ¿por qué nosotros?, es porque están mandando tropas a todos los países de Medio Oriente donde se genera esa reacción contra las tropas que mandan.

Este imperialismo norteamericano y europeo, operando a escala global, intenta poner un dique de contención, intenta actuar también con subimperios que le aseguran la estabilidad, la custodia de sus socios en cada una de esas regiones, y tratando de limitar la expansión de los que son sus dos rivales estratégicos: China y Rusia.

Por esta razón, el escenario del capitalismo neoliberal es un escenario también de guerra, es un escenario bélico, sangriento. Es un escenario de guerras regionales sangrientas que ya no son las viejas guerras mundiales, son guerras acotadas pero que tienen una intensidad muy alta.

Termino con dos observaciones. La primera: la región del mundo donde estos efectos se traducen en tragedia es el mundo árabe. El mundo árabe está desangrado por cinco estados que quedaron pulverizados en los últimos años por la política imperial de destrucción de Medio Oriente, y cada uno de los subimperios opera ahí, de la mano de los jihadistas, Turquía, Irán los sauditas, Israel, para lograr una tajada de esa tragedia general.

Conclusiones: yo creo que el capitalismo neoliberal, con su crisis política y con su imperialismo de nuestra época, por el momento da lugar a una coyuntura negativa porque las principales luchas sociales del mundo no han logrado victorias, aunque en varios países como China y Sudáfrica se lograron triunfos importantes. Es un escenario difícil pero provisorio, porque está irrumpiendo una nueva generación que impulsa el retorno a la lucha. Son los jóvenes indignados que inundan las calles y que en forma recurrente y sorpresiva, cada año en un país, el más inesperado, vuelven a colocar el mundo al revés demostrando que las masas populares actúan.

Segunda conclusión: esta nueva generación que actúa parte de un nivel de radicalización política muy reducido. Tiene en general grandes expectativas en crear otro capitalismo, más humanitario, redistributivo, inclusivo, pero la experiencia le va demostrando que para conquistar derechos, democracia e igualdad se necesita otro sistema, que el capitalismo es opresión, explotación y egoísmo.

Y termino con esto: los jóvenes de hoy no le tienen miedo a la palabra socialismo; no le tienen miedo. Lo demostró Sanders en EEUU, nada menos que en EEUU, el país antisocialista por naturaleza. La nueva generación ya ha dejado atrás lo sucedido con la Unión Soviética. Entonces, en este escenario complicado en que nos toca actuar, nuestro ideal tiene grandes oportunidades, grandes posibilidades, un gran camino a recorrer con las banderas, los estandartes y las ideas del socialismo. Muchas gracias.
Panel de cierre: “Nuevo ciclo histórico, revolución y socialismo”

“El relanzamiento de la alternativa socialista es desde la centralidad de la clase trabajadora”

Marcelo Yunes*

* Miembro de la redacción de la revista Socialismo o Barbarie

Buenas tardes a todos los presentes. A pesar de que parece de forma, para mí no lo es: quiero empezar agradeciendo sobre todo la presencia de los compañeros que nos acompañan en el panel, Pablo Bonavena y Claudio Katz. Para nosotros es muy importante reivindicar, como parte de la tradición del movimiento obrero socialista revolucionario histórico, esta posibilidad de debatir de manera franca, abierta y fraternal los problemas de la revolución y del socialismo. Ésta, insisto, es una tradición que existe desde que existe el movimiento obrero, que nosotros queremos honrar, y –hay que decirlo– la izquierda organizada en partidos en la Argentina, la izquierda trotskista en general, no siempre honra esa tradición. Por supuesto, nosotros no elegimos las condiciones en que militamos, pero me parece importante aclarar que aunque aceptamos las condiciones que hay, desde nuestro punto de vista no está bien ni convalidar ni naturalizar ciertas prácticas sectarias, desleales u ombliguistas que hay en el seno de la izquierda argentina. Queremos tomar distancia de esas malas prácticas y recuperar la mejor tradición, insisto, del movimiento obrero en este tipo de debates.

Para entrar en materia, el panorama que planteó Claudio recién me pareció muy completo, muy ordenado, buenísimo. Hay algunos puntos ahí para debatir, si tengo tiempo voy a hacer alguna referencia, pero en realidad yo no quería referirme mucho a la coyuntura política, porque como es éste el primer encuentro de Ideas para la Revolución, del que espero que haya una importante continuidad luego, yo quería detenerme en los aspectos tal vez más generales, más estratégicos, que hacen a la esencia de la definición de por qué y cómo somos socialistas y revolucionarios.

¿Cuál es la primera “idea para la revolución”? Como mencionaron por ahí varios compañeros, en este contexto de que hay un malestar con el capitalismo, al mismo tiempo hay una necesidad imperiosa de relanzar y de proponer una perspectiva socialista revolucionaria que hoy no está como tal en la escena histórica, como sí había estado en el ciclo histórico anterior. Un poco el grado cero de esto es volver a pelear por el sentido de las palabras. Cuando hablamos de socialismo, está muy bien lo que dice Claudio, pero por supuesto socialismo no es Bernie Sanders, no es Hermes Binner, es otra cosa.

Trotsky, en su hermosa autobiografía Mi vida, termina el libro diciendo que la Revolución Rusa le ha dado al mundo palabras como “soviet”, cuando el zarismo le daba al mundo palabras como “pogromo”; eso solo alcanzaría para justificar la Revolución Rusa, la existencia de los soviets y la incorporación de la palabra soviet al vocabulario político. Bueno, hoy Soviet es una marca de ropa, creo. Y revolución… la otra vez mirando los Juegos Olímpicos vi una publicidad de la cadena Jumbo que me impactó: tenía la palabra revolución por todos lados, revolución es esforzarte más, revolución es sentirte bien, revolución es comer sano. Bueno, justamente vivimos en una época posmoderna que degrada, descrema, diluye todos los sentidos, hace que las palabras signifiquen cualquier cosa. Nosotros queremos volver a anclar el significado de las palabras, volver a anclar qué significa hacer política socialista revolucionaria hoy.

Sobre esto me voy a permitir citar a alguien de izquierda, aunque en realidad no sé bien cómo está ubicado hoy, es el escritor y crítico literario Ricardo Piglia. En una entrevista viejísima, de 1985, creo, le preguntan por la utopía alfonsinista de esa época, imagínense, y Piglia contesta: “Bueno, perdón… la Comuna de París, los primeros años de la Revolución Rusa, eso es la utopía y eso es la política. En este país hay que hacer la revolución, sobre esa base se puede empezar a discutir de política. ¿O vamos a entender la política como la renovación de las cámaras legislativas, o la interna peronista? Si la política es eso, prefiero dedicarme al ajedrez o a la literatura del siglo XX”.

Lo irónico del caso es que si nosotros salimos de acá y nos ponemos en la vereda de la avenida Corrientes o de la avenida Callao, y le preguntamos a cualquiera que pasa qué es la política, y cuáles son las perspectivas políticas y de qué piensan cuando piensan en política, la gran mayoría nos va a decir: bueno, las elecciones dl 2017 y la interna peronista. La política se ha transformado, para muchísima gente, en eso. Bueno, nuestra definición es para mí, la definición de Piglia, en este país, en este continente y en el mundo, hay que hacer la revolución social. Y ésa es la base sobre la cual discutimos de política.

Como dijo Martín y también Pablo, este sentido común era mucho más habitual en el siglo político anterior. Este campo semántico político, digamos, de qué significa revolución, de qué significa socialismo, era territorio común de toda la izquierda, aun con todos los matices. Uno tenía la revolución del Che, la revolución del maoísmo, y aunque desde el punto de vista del socialismo había grandes diferencias en cuanto a qué significaba, no había diferencias respecto a qué significaba la palabra revolución. Revolución es contra el Estado capitalista y contra la propiedad capitalista, eso es revolución.

Pero hoy cuestionar el Estado, cuestionar la propiedad privada, eso es tabú, anatema, prohibido; es el pecado mortal, lo innombrable. Y eso vale no sólo, obviamente, para los políticos capitalistas, sino que vale también para muchos de los que en el período anterior eran antiimperialistas y de izquierda, e incluso se decían socialistas y revolucionarios. Ésos ahora, y voy a volver a citar a Piglia, “están marcados por el conformismo general y el sometimiento al peso de lo real”, es decir, se han vuelto posibilistas.

La cartografía política en el siglo político anterior era de lo más variada. En el mapa político estaban los imperialistas remachados, los imperialistas disfrazados, los populistas, los liberales bien pensantes, los liberales más de derecha, los nacionalistas, los socialistas totalitarios, los trotskistas, los guerrilleros, de todo. Bueno, ese mapa político, esa cartografía política, se ha estrechado hoy de manera tal que casi nadie sale del marco del Estado capitalista y de la propiedad capitalista.

En Europa, el caso de Grecia, por ejemplo, que citaba recién Claudio, habría que agregar el euro: nadie sale del euro. No podemos tocar el Estado, no podemos tocar la propiedad, no podemos tocar el euro. Última cita de Piglia, prometo. Dice: “La política se ha convertido en la disciplina que decide lo que la sociedad no puede hacer, los políticos son los nuevos filósofos, dictaminan qué debe entenderse por real, qué es lo posible, cuáles son los límites de la verdad. Y los intelectuales hablan como si fueran ministros”.

Y es así: hoy la política define más que la política; los medios, el medio político y cultural ambiente dicen “esto es verdad, esto no es verdad; esto es posible, esto no es posible; esto es irreal”. A mí me encantó una frase que le escuché a un kirchnerista decirle a un compañero nuestro: “Ustedes se cayeron del mapa”. Claro, en esta cartografía política del siglo XXI, el mapa sólo va desde el neoliberalismo rabioso hasta el populismo que dice “bueno, con el Estado capitalista podemos hacer algo por los pobres”. Si uno va más allá, se cayó del mapa.

“La política es el arte de lo posible”; esa viejísima definición es para el medio ambiente actual lo más verdadero de todo, son todos posibilistas. En la década del 80 recuerdo que Alfonsín, en un discurso donde estaba muy enojado con el viejo MAS, dijo: “Ustedes son los profetas de la revolución delirante”. Porque, claro, Alfonsín ya pensaba en los términos de las categorías de la democracia, como dijo Pablo, la democracia como orden conflictivo donde todos los problemas se procesan y nadie saca los pies del plato. Bueno, el kirchnerismo es el alfonsinismo del siglo XXI. Todo el que saca los pies del plato del Estado capitalista y de la propiedad capitalista es presentado como un delirante, está fuera de la realidad, no está en el mapa.

Para tomar una frase que suele usar el movimiento feminista, lo del techo de cristal, hay un techo de cristal para toda la política, no se puede cuestionar al Estado capitalista. Al Estado se le puede proponer que redistribuya, que amplíe la ciudadanía política –ahora el Estado se dedica, como decía Pablo, a la ciudadanización, como en Bolivia y otros lugares–, todo eso está muy bien, darles derechos a los pueblos originarios, a las minorías sexuales, a todo el mundo… derechos sí, pero la propiedad no. La propiedad es el non plus ultra, de ahí no hay forma de salir. Se han vuelto todos funcionarios del sentido común.

¿Cómo llegamos hasta acá? Esto tiene que ver con los balances del siglo XX. Hay un concepto que a mí me gustó mucho que usó Martín, esto de “la gran tragedia del siglo XX”. En efecto, lo que es la política hoy para la gran mayoría de la gente tiene que ver con ese balance, el balance de esa tragedia, tragedia no en el sentido periodístico, sino en el sentido clásico de la palabra. La tragedia griega era donde el héroe o la causa, por muchos esfuerzos que haga, fracasa y muere. ¿Por qué? Porque los dioses lo han impuesto así, es el destino. Se habla de la Historia, con mayúscula, como si fuera un sujeto. La Historia no quiere que haya socialismo, los dioses no quieren que haya socialismo, el socialismo es una cosa del pasado, no existe, por lo tanto la tragedia del socialismo es que haga lo que haga ya perdió, ya está, no hay nada que hacer. Ése es el sentido común imperante.

Bueno, nosotros tenemos un balance distinto. En todo caso, si el problema del socialismo hoy es una tragedia, por la tragedia del siglo XX, no es una tragedia clásica, es una tragedia moderna, shakespeariana, donde el héroe no fracasa porque el destino lo quiso así, sino por sus propias fallas. Esa cita famosa del Julio César: “La falla, Bruto, no está en las estrellas, sino en nosotros mismos”. ¿Cuál es la falla del supuesto socialismo del siglo XX? ¿Por qué falló? Nosotros tenemos un balance, y es que todas las revoluciones triunfantes de la segunda mitad del siglo XX, todas, tuvieron una falla fundamental, y es que no fueron en el fondo revoluciones auténticamente socialistas. No fueron revoluciones protagonizadas por la clase trabajadora. Esa falla fundamental tarde o temprano tenía que aflorar, y afloró.

A pesar de haber cuestionado el Estado capitalista y a pesar de haber cuestionado la propiedad capitalista, cosa que hasta ahora ningún desarrollo social del siglo XXI ha logrado, a pesar de eso, esas revoluciones no pudieron constituir un orden social fundamentalmente distinto al capitalismo. Siguieron siendo regímenes sociales donde existía la explotación y la opresión, aunque bajo otras formas, y eso es una rémora tremenda, una carga que tiene que levantar el movimiento socialista del siglo XXI. Pero para levantar esa rémora tenemos que entenderla.

Y quiero terminar con esto. Un intelectual liberal medio insoportable, pero inteligente, Isaiah Berlin, tiene una famosa metáfora, que en realidad la saca de los griegos, de Arquíloco, la metáfora de la zorra y el erizo. La zorra es un animal que sabe muchas, muchas cosas, pero el erizo sabe mucho de una sola cosa, sabe una sola gran cosa. Y la gran cosa que los socialistas del siglo XXI no podemos olvidar es justamente que no hay atajos históricos, que no hay manera de engañar a la lucha de clases, que no hay forma de relanzar la alternativa socialista sin que la clase trabajadora, con todas las características que tiene hoy, sea la protagonista.

El centro del proyecto socialista no son las masas urbanas desclasadas, no es la multitud, no son los pueblos originarios. Es con todos ellos, pero no es desde ellos: es desde la clase trabajadora. Por supuesto que con esto no quiero decir que lo único que tenemos que saber es eso. Hay que ser un poco zorro, porque hacemos política, y no podemos hacer política diciendo “viva la revolución socialista” y nada más; seríamos un erizo medio sectario, ¿no? Pero este balance del siglo XX no es un ejercicio intelectual: tiene consecuencias políticas prácticas a cada paso. Porque cuando uno se pasa de zorro, cuando uno se extravía y pierde el sentido general de lo que significa ser socialista revolucionario, es cuando marcha con las banderas rojas con la Sociedad Rural, o cuando se enamora de estrategias parlamentaristas, o cuando inventa las cincuenta maneras de admirar el propio ombligo, o cuando se pone el silbato en la boca, sopla fuerte y dice: “¡Policía, policía, llévese a Hebe de Bonafini que no quiere ir a declarar!” Entonces, compañeros, hay que ser zorros, pero, sobre todo, hay que ser un buen erizo. Gracias a todos.
Panel de cierre: “Nuevo ciclo histórico, revolución y socialismo”

 “Apostamos a recuperar el protagonismo histórico de la clase obrera”

Roberto Sáenz*

* Dirigente de la corriente internacional Socialismo o Barbarie y del Nuevo MAS

Voy a desarrollar dos o tres aspectos del debate para cerrar el panel y la Jornada de conjunto. Lo primero es la importancia de la presencia de los compañeros Pablo Bonavena, Hernán Camarero, Claudio Katz y otros compañeros que se hicieron presentes hoy, justamente por lo que decía el compañero brasileño acerca de la ausencia de una Internacional revolucionaria unificada.

Hay una cuestión que heredamos de hace muchísimas décadas y que todavía no está resuelta: la falta de una organización internacional revolucionaria, de una verdadera Internacional. Estuvo la Primera Internacional, que fue una Internacional progresiva, fundadora del movimiento obrero como movimiento socialista. Luego estuvo la Segunda Internacional, que tuvo una etapa muy progresiva de educación política de un movimiento obrero socialista de masas (como afirmara Trotsky), pero que después traicionó y entonces vino el relevo de la Tercera Internacional, hasta que esta última fue hundida por la degeneración stalinista.

Hay un problema real, que parece muy general pero es muy concreto: la falta de una verdadera Internacional revolucionaria. Después del hundimiento de la Tercera Internacional estuvo la fundación de la Cuarta Internacional en condiciones adversas, en la medianoche del siglo XX, fundación que permitió mantener un hilo de continuidad del marxismo revolucionario: este fue el más grande aporte histórico de Trotsky, como el mismo señalara.

Pero dicha Internacional se dispersó a la salida de la Segunda Guerra Mundial, y hasta el día de hoy tenemos más bien corrientes internacionales que una Internacional como tal.

Ocurre, además, que fundar una Internacional no puede ser un acto de mera voluntad: depende de acontecimientos históricos de la lucha de clases. Pero reagrupar a los revolucionarios tiene un nivel de determinaciones algo más manejables. Y no sé a dónde iba exactamente el compañero, pero existe el problema que todavía no hay reagrupamientos revolucionarios a nivel internacional, que hay pocos ámbitos de intercambio.

Por eso es tan importante darnos ámbitos como estas Jornadas, escuchar a compañeros como Pablo, Claudio, Hernán, etc., compañeros con los que hay elementos de tradición comunes aunque también matices, por supuesto. Este intercambio es fundamental porque permite abrir la cabeza en el sentido de plantear un espacio de intercambio de ideas y de formación de la militancia, donde también uno escucha, acumula elementos, cuestión que nos permite paliar un poco esa carencia de una organización internacional, de ámbitos de un intercambio político más global.

Eso es lo primero: reivindicar esta Jornada del Pensamiento Socialista. Pero a la vez señalar que estamos buscando intercambios y acercamientos con compañeros en Europa, que por ahora son búsquedas, por ahora no hay progresos. Se trata de sectores que vienen de la izquierda mandelista, tienen una ubicación hacia la izquierda. Pero hay también una ruptura importantísima en Brasil en el PSTU. Sobre esta ruptura tenemos expectativas que esos compañeros maduren, avancen en una ruptura con las posiciones objetivistas, saquen conclusiones más estratégicas. No quiero hacer una intervención sectaria: sólo decir que, efectivamente, hay reacomodamientos en el movimiento revolucionario y hay que ver cómo camina eso y darse una política.

Una lenta impaciencia

Veamos dos o tres cuestiones más. Es un hecho que la experiencia de los trabajadores empieza subjetivamente de más atrás que a comienzos del siglo XX, cuando en el centro del movimiento obrero, el movimiento obrero europeo, teníamos una clase obrera que era socialista. Un movimiento obrero socialista de masas expresado en varios aspectos de los que señaló Hernán en el panel anterior: por ejemplo, que tenía equipos de fútbol “institucionalizados”, por así decirlo. ¿Quién se puede imaginar hoy que la izquierda tenga equipos de fútbol? Si llegara a tenerlos, si fuera capaz de organizar el tiempo libre de nuestra clase, si fuera capaz de organizar, como decía Lenin, a esa parte de la clase obrera “sin partido”, eso significaría un peso y una influencia de masas que hoy no existe.

¿Cómo se va a llegar a eso? No se sabe. No se puede saber exactamente. Un poco lo decía Claudio muy bien: mientras exista el capitalismo, mientras exista la explotación, la injusticia, el pinchazo permanente de la explotación, de la desigualdad y de la injusticia, mientras exista la resistencia a esa injusticia, se puede replantear la perspectiva socialista.

Va a ser una combinación de factores objetivos y subjetivos para que se pueda relanzar la batalla por el socialismo: volver a colocar al orden del día su actualidad. Tiene que haber experiencias estratégicas de la clase obrera, experiencias históricas de la clase obrera que se forjen en las condiciones mismas de la explotación de este siglo XXI. Como ocurrió en el pasado con la experiencia de la Comuna de París, la experiencia revolucionaria de 1905 en Rusia, experiencias donde la clase obrera apareció como sujeto histórico. Eso no va a depender de nuestra voluntad: se crea y se constituye en las condiciones mismas de la explotación capitalista y se vivifica en la experiencia de los revolucionarios, en la construcción de partido, en las Jornadas del Pensamiento Socialista, en intentar sacar conclusiones, mantener el hilo de continuidad de nuestras ideas, relanzarlas como alternativa al posibilismo ambiente.

Es una combinación de elementos objetivos y subjetivos que en la medida en que siga la explotación capitalista van a replantear en la agenda histórica la perspectiva del socialismo. Son los debates estratégicos en el marxismo revolucionario; Rosa Luxemburgo escribe Reforma y Revolución a fines del siglo XIX. Estaba en minoría, era una genia pero en minoría: en el momento en que el movimiento socialista tenía tan grandes conquistas, sacaba tantos votos, ganaba tantos sindicatos, Rosa insistía en la perspectiva de la revolución social, sobre la base de un análisis fundado y material del carácter explotador del capitalismo, que no podía tolerar sus contradicciones, entonces sostenía esa apuesta estratégica contra revisionistas y “ortodoxos” reformistas.

La cuestión es que la lucha socialista se replantea en las condiciones del capitalismo agresivo, en las condiciones del desarrollo de un recomienzo de la experiencia, donde justamente nuestra tarea compleja, difícil, que también incluye la lucha política, la construcción del partido, aprovechar los desafíos que se nos abren, aprovechar, en el caso argentino, la vacancia política, el fenómeno de la recomposición obrera, etc., es que esa experiencia que se reinicia se procese por la izquierda.

Claro que para estas grandes perspectivas hay que ser pacientes. Daniel Bensaïd (marxista revolucionario francés ya fallecido originado en la corriente mandelista) daba una definición de cómo debemos afrontar nuestras tareas estratégicas que es profunda: decía que hay que tener una lenta impaciencia. Parece una contradicción en los términos, pero es muy aguda la definición, en el sentido que como los revolucionarios debemos ser impacientemente pacientes: saber que el proceso histórico tiene su ritmo, su desarrollo, etc., que de alguna manera la lucha de clases internacional está preñada de esta emergencia de una nueva generación que hay que formar, que hay que educar: que hay que ser pacientes con la nueva clase obrera y con sus experiencias y con su maduración política.

Una lenta impaciencia apostando al retorno de la pelea por el socialismo, al retorno de la lucha de clases, a la actualidad de la revolución socialista. Aquí aparece otro elemento sobre el que preguntaba Pablo recién: ¿qué es lo que queda de la experiencia que se desarrolla en estas décadas? Bajo nuestros ojos está ocurriendo un proceso que es muy importante: el retorno de la acción colectiva. Porque la rebelión popular repropone una cuestión que es contradictoria con el neoliberalismo ambiente: vuelve la acción colectiva, y ésta puede desatar logros, conquistas, avances. La idea misma del “fin de la historia” se hace más difícil cuando la rebelión popular vuelve a colocar la acción colectiva como alternativa, aunque ésta sea aún incipiente, aunque sea difícil la maduración de los factores subjetivos.

La clase obrera en el centro

En tercer lugar, quisiera contestar al compañero que señalaba que plantear el problema de la ausencia de autodeterminación de los trabajadores en las revoluciones de la segunda mitad del siglo XX sería “simplificar” las cosas…

Ocurre que existen “simplificaciones” que de todas maneras son profundas, porque como dijera el propio Marx, la verdad siempre es concreta. No son cuestiones secundarias: muchas veces criterios simples o “principios” permiten la comprensión del todo. Por ejemplo: Marx a través de la ley del valor-trabajo trató de explicar todo el edificio de la explotación capitalista. Pero Marx tenía otro criterio (como señalara Hal Draper en su extraordinaria obra Karl Marx’s Theory of Revolution) en lo que tiene que ver con su teoría política: estaba basada en el criterio general de que la liberación de los trabajadores sería obra de los trabajadores mismos.

Draper afirma que toda la teoría política de Marx está ordenada alrededor de esa comprensión: que la emancipación de la clase obrera es una autoemancipación, y hacía cruzar todos los criterios por ahí. Como es sabido, además, Marx estampó este principio entre las principales banderas de la Primera Internacional. El lío del siglo XX es que hubo un intento de autoemancipación con la Revolución Rusa y la ola de revoluciones fracasadas que le sucedieron en el período entre guerras mundiales, pero en la segunda posguerra todos fueron intentos de sustitución de la autoemancipación de los trabajadores: la perspectiva fue que el Estado obrero de la transición al socialismo sería obra de cualquiera, menos de la clase trabajadora…

Esto es lo que explica que revoluciones a priori socialistas pero sin clase obrera, terminaran en el desastre que terminaron. Roland Lew, un marxista francés especialista en China originado en el mandelismo, ya fallecido, afirmaba que en China hubo un proceso revolucionario de incuestionable emancipación en el sentido de que fueron expropiados los propietarios de las tierras, que las tierras fueron inicialmente entregadas a los campesinos, que se unificó al país y se lo independizó del imperialismo, pero que no hubo autoemancipación de la clase obrera. Clase obrera que vivió la Revolución de 1949 como una “revolución fría”, que es la definición que daba Frank Glass (también llamado Li Fu Yen), militante trotskista que estaba en Pekín en octubre de ese año cuando entran las tropas de Mao a la ciudad.

Pero tampoco hubo una experiencia de democracia agraria entre el campesinado. Porque el campesinado chino no tenía tradición de comuna popular. Ocurre que, a veces, el campesinado, que es individualista, lucha de manera colectiva. Y cuando lucha de manera colectiva, como fue por ejemplo el caso en la Convección Lares en Cusco (en la época de Hugo Blanco a principios de los años 60 del siglo pasado), hay elementos de democracia campesina, con inmensas asambleas campesinas como las que hubo en el Cusco.

Pero en el caso chino, lamentablemente, no hubo una experiencia de autoemancipación ni de la clase obrera, ni del campesinado: hubo sustitución de los explotados y oprimidos por la burocracia. Y hubo otra cosa que también es profunda: hubo una obra de “ingeniería social” donde las transformaciones sociales no son una obra colectiva de los explotados y oprimidos, sino que es una cosa que se desarrolla desde arriba, una cosa de “titiriteros” que mueven los hilos y decretan el Gran Salto Adelante, la colectivización forzosa de la agricultura, por ejemplo.

En la estrategia política de Socialismo o Barbarie, sin que esto sea abordado de manera ingenua –cual rectores del proceso histórico–, sino como un problema estratégico, nuestra apreciación del balance del siglo XX es que el protagonismo histórico de la clase obrera quedó en el camino y que la gran tarea estratégica es trabajar construyendo partidos revolucionarios, organismos, milicias populares, haciendo la revolución para transformar las cosas, apostando en este siglo XXI a la recuperación del protagonismo de la clase obrera como clase histórica. Protagonismo histórico que se perdió producto de la contrarrevolución stalinista, de la contrarrevolución burocrática que la desalojó del poder.

Acá se preguntaba Claudio cuándo había ocurrido esto. A nuestro modo de ver, hubo varios jalones. Daniel Bensaïd afirmaba que era difícil fechar el momento en que el Estado obrero (o el Estado obrero burocratizado) dejó de serlo. Es muy difícil fechar. Aunque para nuestra corriente la cosa arranca en los años 1930; ahí está, quizá, el punto de quiebre fundamental, al menos en la ex URSS, así como estuvieron las derrotas en Berlín en 1953, en Hungría en 1956, en Checoslovaquia en 1968, en Polonia en varias oportunidades, derrotas de las revoluciones antiburocráticas.

Hubo una acumulación de derrotas y una búsqueda de quitar a la clase obrera su protagonismo histórico. Por oposición, nuestra apuesta estratégica más general, la apuesta estratégica de nuestra corriente, es hacia la recuperación de ese protagonismo histórico de la clase obrera con la comprensión que la obra de la revolución socialista y la transición al socialismo es una obra que debe ser llevada adelante por cada vez más amplios sectores de la clase obrera y de las masas, y por parte del partido revolucionario, que es decisivo y esencial colaborando en esta perspectiva. Buenas tardes y gracias a todos.