Por Noelia F., SoB 416, 9/3/17

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El 23 de Febrero (8 de marzo en el calendario occidental) de 1917 amaneció algo más templado que los días anteriores, el frío invernal había dejado paso a un día casi primaveral con -5° en Petrogrado. Era el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y tanto mencheviques como bolcheviques se preparaban para celebrarlo con los clásicos mitines y agitaciones que caracterizaban esta jornada. Lo que nadie sabía al comienzo de la misma es que durante ésta se iría gestando el comienzo de una de las hazañas más grandes de la humanidad.

Antecedentes

El pan y la guerra eran las preocupaciones principales de los y las trabajadoras de Rusia. El frente demandaba carne humana para ir a la guerra de manera constante y creciente, dejando los campos cada vez más despoblados. Esto, sumado a la severidad de aquel invierno, generó que la escasez de alimento que se venía viviendo llegara a niveles desesperantes.

Los días precedentes al 23 de Febrero habían sido de huelgas y de lucha, los obreros de la fábrica Putilov, la más grande de Petrogrado, venían de una huelga de varios días por salario suficiente para comprar pan, ante lo cual la patronal responde dejando fuera a 20.000 obreros con un lock out el día 22. Los trabajadores respondieron realizando protestas en la puerta de la fábrica que se extendieron hasta el día siguiente.

Paz, pan y abajo el zar

La jornada del 23 comenzó en la barriada de Viborg, barrio obrero de Petrogrado y donde se encontraban las fábricas más grandes de la ciudad. Las trabajadoras de las fabricas textiles deciden parar reclamando pan, en contra de las instrucciones de sus dirigentes sindicales, y estas 7.000 obreras se trasladan a la Putilov y al resto de las fábricas de la zona para reclamarles que se sumen a la jornada. Un obrero relata cómo las mujeres fueron a la puerta de su fábrica, se pararon afuera cantando canciones políticas y cómo, al ver a sus compañeros dubitativos, arrojaron ladrillos a través de las ventanas. Esto sacó a los trabajadores de su estado de indecisión, llamaron una asamblea y rápidamente se sumaron al paro y a las manifestaciones. Para las 10 de la mañana 30.000 trabajadores y trabajadoras estaban en las calles; durante el día se sumaron los obreros metalúrgicos y de las fábricas de municiones. Hacia el final de la jornada los manifestantes eran 100.000.

Durante las jornadas siguientes este número no pararía de crecer; la clase trabajadora llevaría adelante una insurrección en contra de la guerra y del zar, quien finalmente abdicaría unos días más tarde.

Este año la revolución es nuestra

Hoy, a unas horas de la marcha del Día Internacional de la Mujer Trabajadora de 2017, se plantea una polémica al respecto del rol de los hombres en esta jornada. Sectores del movimiento de mujeres, incluido el colectivo #NiUnaMenos, plantean que los compañeros no deben acompañar la lucha, llegando al punto de negar que ellos deban hacer paro y carnereando en los hechos el paro de las compañeras. Afortunadamente esta discusión no estaba planteada en febrero del 17, si esto hubiese sido así la Revolución de Febrero probablemente no hubiese existido, el zarismo no hubiese caído y la Revolución de Octubre, que le otorgó hace cien años a las mujeres rusas todos los derechos por los que hoy seguimos luchando no hubiese llegado.

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