Por Luis Paredes, SoB 421, 13/4/17

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Un aporte al debate sobre los frentes electorales en la izquierda

“Mientras el partido democrático, el partido de la pequeño burguesía, amplia y robustece su organización, el partido de la clase obrera pierde su cohesión o forma organizaciones locales para fines locales, y así se ve envuelto en el movimiento democrático y cae bajo la influencia de la pequeño burguesía. Este estado de cosas debe terminar; la independencia de la clase trabajadora debe ser reestablecida” (Marx, “Circular del Comité Central a la Liga Comunista”, marzo de 1850).

Nos interesa abordar diversas experiencias de partidos y frentes electorales que se están dando en la izquierda internacional: el PSOL, el NPA, el FIT y nuestra Izquierda al Frente por el Socialismo.

Esta “clasificación” la vemos necesaria porque hemos detectado cierta confusión acerca de las características de estas formaciones políticas que conforman frentes únicos de tendencias: algunas bajo el formato de “partidos amplios”, otras como acuerdos entre partidos.

Cuando asumen la forma de “partidos”, su carácter es más “global” (aunque su lógica también es básicamente electoral); en los casos de los frentes electorales, se mantienen en el nivel de un frente único de partidos.

El caso del PSOL

Hay un rasgo común a estas cuatro organizaciones: son acuerdos de independencia política de clase.

¿Qué quiere decir esto? Que se atienen al criterio clásico establecido por Marx y Engels, que indicaba la organización política independiente de los trabajadores. Para obtener sus fines la clase obrera tiene una tarea elemental: establecer su partido de manera separada de los elementos burgueses o pequeñoburgueses; poner en pie su organización política propia (cuestión que enunciaba ya en el Manifiesto Comunista).

De las cuatro formaciones políticas a las cuales estamos haciendo referencia en esta nota, donde más podría estar cuestionado este principio elemental de la política revolucionaria es en el caso del PSOL de Brasil.

Sin embargo, y a pesar de todas las presiones y de las corrientes internas reformistas que lo dominan, se mantiene nacionalmente como un partido amplio de trabajadores, independiente.

Originado en una ruptura progresiva con el PT brasilero (ocurrida más de diez años atrás), el PSOL constituye un partido amplio con tendencias internas de características más bien reformistas, aunque algunas de sus corrientes son revolucionarias.

El hecho que esté dominado por elementos reformistas no es la línea de delimitación fundamental para evaluar su carácter. Lo fundamental no es tanto si es reformista o revolucionario (¡aunque hay que pelear porque dominen las tendencias revolucionarias!), sino si se trata de una organización política referenciada en la clase trabajadora.  

A pesar de sus enormes contradicciones hasta el momento el PSOL se ha mantenido independiente. Su origen es el de una ruptura con el PT, partido originariamente de los trabajadores, reformista, que mutó a lo largo de tres décadas de adaptación a la democracia burguesa, en una suerte de partido de funcionarios enriquecidos al calor del Estado que mantiene una base electoral trabajadora.

La ruptura del PSOL con el PT fue una ruptura progresiva originada en un ex partido de masas de los trabajadores. Y desde ese momento el PSOL se ha mantenido como un partido amplio de mayoría reformista genéricamente independiente. En la campañas presidenciales (2006/2010/2014), sus candidaturas han sido independientes, y sus acuerdos nacionales con partidos de izquierda como el PSTU y el PCB (ambas organizaciones identificadas con los trabajadores).

Es verdad que la corriente mayoritaria del PSOL es abiertamente reformista; también que varias de sus tendencias internas, incluso “trotskistas”, son oportunistas. Y, peor aún, en varios Estados del país, el PSOL llevó a cabo acuerdos con partidos patronales rompiendo -en esos lugares- los principios de independencia de clase. Esto sin olvidarnos que, en algunos casos, se aceptó el financiamiento empresarial de grandes constructoras como Gerdau, lo cual nos parece un despropósito en materia de principios proletarios[1].

De todas maneras, estas rupturas “locales” con los principios, y el carácter reformista general del PSOL no quitan que, simultáneamente, sea un fenómeno enormemente progresivo y que su carácter global independiente haya sido cuestionado. Por ahora, esto no ha sido así.

El PSOL es una importante conquista que viene fortaleciéndose expresando una parte de lo mejor de la vanguardia trabajadora y juvenil de Brasil (razón por la cual Socialismo o Barbarie Brasil hacen parte de dicho partido).

El Nuevo Partido Anticapitalista francés

Veamos ahora el caso del NPA (Nuevo Partido Anticapitalista) francés. Se trata de un partido originariamente amplio surgido de una confluencia de tendencias políticas a partir de la disolución del núcleo principal que le dio vida: la ex LCR (Liga Comunista Revolucionaria), el principal partido histórico de la corriente mandelista.

Desde sus orígenes el NPA tuvo un carácter contradictorio. Por un lado, buscó dar respuesta al fenómeno de reorganización de la izquierda francesa como subproducto del derrumbe del viejo Partido Comunista, uno de los más estalinistas de Occidente (un partido de masas de enorme peso en toda la posguerra en Francia).

Sin embargo, la contradicción estuvo en que la fundación del NPA se llevó adelante mediante un programa rebajado, “amplio”, no revolucionario, que apuntó a la construcción de una organización no militante, aunque manteniendo un criterio políticamente independiente (ver ahora el impacto que está teniendo la campaña presidencial de Philippe Poutou, obrero de la Ford y candidato de dicho partido).

Una contradicción multiplicada en la medida que la dirección mayoritaria de dicho partido (adscripta a la IV Internacional mandelista), no viene sosteniendo este criterio en ningún país donde tiene influencia (España, Portugal, Dinamarca, etcétera), donde su militancia hace parte de formaciones amplias reformistas no independientes desde el punto de vista de clase.

La resultante de estas tensiones contradictorias ha sido muy compleja. El partido amplio se desinfló rápidamente al escabullirse los votos que se obtuvieron en sus orígenes: la ex LCR luego devenida NPA, llegó a obtener hasta el 4 o 5% de los votos una década atrás. En tanto partido amplio no militante, el NPA entró en una grave crisis de identidad que subsiste hasta hoy[2]

Sin embargo, y contradictoriamente, eso no quiere decir que el NPA no sea una conquista[3]. ¿Qué es hoy dicho partido? Es una organización “menos amplia”: un frente único de tendencias trotskistas dirigido por la mayoría histórica del SU; tendencia que le imprime una orientación no militante (que se niega a transformar al NPA en lo que podría ser: un partido de vanguardia apoyado en la inmensa tradición histórica del trotskismo francés).

El FIT y la Izquierda al Frente por el Socialismo en la Argentina

Tomemos ahora los casos del FIT y la Izquierda al Frente por el Socialismo en la Argentina. Son los más “simples”: se trata de dos frentes electorales de organizaciones de la izquierda en nuestro país basados en un programa de independencia de clase y de gobierno de los trabajadores. El FIT instalado ya electoralmente; la Izquierda al Frente debiendo encarar este desafío en el corriente año[4].

A seis años de la fundación del FIT sus alcances y límites son evidentes. Sus alcances: un programa de independencia de clase que vino a capitalizar una franja, parte del desplazamiento a izquierda de sectores de la juventud y los trabajadores, obteniendo un importante éxito electoral para los antecedentes de nuestro país.

Sus límites: haber permanecido como una cooperativa electoral que hoy día siquiera “coopera”: se han transformado en una máquina de dividir más que de unir (¡incluso en el terreno electoral!); una máquina de impedir casi cualquier acción unitaria de la izquierda argentina.

Por otra parte, arrastra un rasgo oportunista, sin principios, desde su fundación: ser los gendarmes de la ley proscriptiva del régimen burgués en el seno de la izquierda. Es decir: haber utilizado la ley electoral del sistema para dejar fuera de juego el resto de las organizaciones de la izquierda (simultáneamente sus integrantes bloquearon todo planteo de ampliación del FIT a nuestras organizaciones).

Lo anterior no quiere decir que el FIT no haya logrado transformarse en una cierta referencia objetiva, ni que haya perdido el rasgo más positivo que lo caracteriza: ser un acuerdo de independencia de clase. Rasgo positivo que convive con otro regresivo: no ir ni un milímetro más allá de una mera cooperativa electoral.

Y cuando hablamos de “ni un milímetro más allá” lo decimos en el sentido literal porque a estar alturas el FIT es menos que una cooperativa electoral: se ha transformado en un ámbito de riña aparatista permanente (que podría dejarlo al borde de una ruptura sin razones fundadas).

Es en el contexto de esta deriva regresiva del FIT que ha surgido Izquierda al Frente por el Socialismo. En primer lugar, como un acuerdo defensivo de independencia de clase ante el criterio vergonzosamente oportunista y sin principios del FIT, de apoyarse en la ley proscriptiva del régimen.

Un acuerdo de independencia de clase que si bien aún no ha pasado por una validación electoral (¡y no será nada fácil esa pelea!), consideramos de enorme valor porque más allá de las diferencias entre nuestras organizaciones (Nuevo MAS, MST), busca ir algo más allá que una mera cooperativa electoral.

En todo caso de lo que se trata es de no confundirse; no crear expectativas falsas sino construir y trabajar por superar los lastres que arrastra el FIT en una perspectiva de independencia de clase que podría capitalizar una parte importante del voto hacia la izquierda de la creciente franja de los trabajadores, las mujeres y la juventud que simpatizan con la izquierda.

El criterio debe ser de clase

A pesar de sus diferencias, los partidos y/o frentes que hemos reseñado, tienen un elemento común: sostenerse como ámbitos de independencia política de los trabajadores.

Esto es lo que los hace fenómenos progresivos cuando, por lo demás, podríamos estar en la antesala de desplazamientos mayores hacia la izquierda y de un proceso de radicalización a nivel internacional; procesos que la manera de aprovecharlos revolucionariamente es desde la más intransigente independencia de clase.

Suele haber una confusión que esta nota intenta despejar: no se trata de las categorías de “izquierda” o “centro izquierda”; dichas categorías son “geográfico-políticas” (su origen histórico proviene del lugar ocupado por las alas progresivas y regresivas en la Asamblea Nacional en la Revolución Francesa); no expresan el anclaje de clase que es característico del marxismo.

Como enseñaran nuestros fundadores, de lo que se trata es de organizar a la clase obrera de manera separada de los burgueses y pequeño burgueses (en sus propios partidos, en sus propios frentes electorales).

Esta confusión se extiende cuando se escribe –como justificación de acuerdos centroizquierdistas, no de clase- que “también Lenin llamó a votar al Partido Laborista inglés” (MST dixit). Pero lo que no se entiende aquí es que el Partido Laborista inglés, un siglo atrás, era un partido de clase; un partido reformista, sí, pero de los trabajadores.

Porque la delimitación política de clase va más allá de la delimitación de reformistas y revolucionarios (que son las que sirven para caracterizar nuestros partidos leninistas); la delimitación primera es la de clase, lo que significa que se puede integrar y/o votar a un partido reformista obrero (con la sola condición de que nunca apoyemos su política reformista).

Esta es la tradición del marxismo revolucionario; cualquier otro criterio es confusionista y puede llevar a volver a cometer viejos errores: “En el momento presente, cuando la pequeño burguesía democrática es en todas partes oprimida, instruye al proletariado, exhortándolo a la unificación y la conciliación; ellos desearían poder unir las manos y formar un gran partido de oposición, abarcando dentro de sus límites todos los matices de la democracia. Esto es, ellos tratarán de convertir al proletariado en una organización de partido en el cual predominen las frases generales social-demócratas, tras del cual sus intereses particulares estén escondidos y en el que las particulares demandas proletarias no deban, en interés de la concordia y la paz, pasar a un primer plano.

Una tal unificación sería hecha en exclusivo beneficio de la pequeño burguesía democrática y en perjuicio del proletariado. La clase trabajadora organizada perdería su, a tanta costa ganada, independencia, y advendría de nuevo en un mero apéndice de la oficial democracia burguesa. Semejante unificación debe ser resueltamente rechazada” (Marx, ídem).

[1] Este criterio equivocado fue justificado por la principal corriente de la izquierda del PSOL, el MES (Movimiento de Izquierda Socialista).

[2] Un artículo instructivo redactado por un dirigente de la mayoría mandelista es el de Pierre Rousset, “El NPA siete años después”, donde se caracteriza a dicho partido como “una conquista a la espera del surgimiento de algo que lo pueda superar”.

[3] Militantes de nuestra corriente internacional integran las filas de dicho partido apoyados en la valoración que estamos haciendo aquí: su carácter progresivo a pesar de sus inmensas limitaciones.

[4] Para los que no conozcan la historia, digamos que la Izquierda al Frente por el Socialismo se vio obligado a constituirse luego de la reiterada negativa del FIT a integrar al Nuevo MAS (y también al MST).

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