Socialismo o Barbarie Francia

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A medida que se acerca la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, con el fantasma creciente de una abstención récord que dejaría atrás la victoria aplastante de Chirac contra Le Pen en 2002, se multiplica la presión hacia el “voto útil”, hacia el “mal menor”, la necesidad de “frenar al Front National”. Claro que según los diferentes escribas de la burguesía, la única manera de combatir el ascenso de la extrema derecha sería encolumnarse detrás de un banquero ultra-liberal que promete seguir reforzando las mismas políticas que le abrieron el camino al FN.

No somos insensibles al justo repudio e incluso temor que el avance de la extrema derecha genera en cientos de miles de trabajadores, de jóvenes, de inmigrantes. Sin duda, el Front National representa lo peor de esta sociedad de explotación y de opresión: además de un programa 100% capitalista por más “candidata del pueblo” que quiera presentarse Marine Le Pen, el Front National es un concentrado de racistas, de xenófobos, de machistas, de todos aquellos que detestan la organización de los explotados y oprimidos y sus peleas por la emancipación. El avance del Front National constituye un peligro de envergadura para nuestra clase social, la difusión de sus ideas entre los trabajadores es un grave problema que debemos combatir prioritariamente, porque sólo lleva a la división de los trabajadores y a un retroceso de todas las conquistas democráticas y sociales arrancadas con décadas de lucha y de organización.

Pero si el Front National constituye nuestro peor enemigo, la discusión alrededor del voto a Macron no gira en torno a que ambos serían “lo mismo”, sino a cuál es la manera más eficaz de combatir a la extrema derecha, de avanzar en la organización independiente de los trabajadores. En efecto, Macron refleja por su parte lo más concentrado de gran capital, de la política neoliberal y flexibilizadora, de los designios de la Union Europea capitalista que funciona como una gran maquinaria para someter a los trabajadores e imponerles fuertes retrocesos en materia social. El gobierno de Hollande ha demostrado cuán lejos puede llegar el “social-liberalismo” (y Macron es un paso más en este sentido) en sus ataques contra los trabajadores y los sectores populares. Pero además, demuestra que los rasgos antidemocráticos y reaccionarios está lejos de ser el monopolio del FN: es el gobierno de Hollande el que puso en pie el Estado de Urgencia, el que profundizó las intervenciones imperialistas, el que reprimió brutalmente a las movilizaciones contra la reforma laboral y la terminó imponiendo por decreto. Macron no solamente apoyó esta política, sino que ya anunció que pretende gobernar “por ordonanza”, es decir pasando por encima del parlamento, para imponer sus reformas antisociales.

Son estas políticas antisociales, antidemocráticas, las que llevaron al crecimiento del Front National. Lejos de constituir una “barrera” contra el mismo, un nuevo gobierno del social-liberalismo, incluso apoyado por la derecha en un gran gobierno “de unidad nacional”, es el mejor garante de que la formación de extrema derecha logrará cada vez más presentarse como la única alternativa a un sistema político cada vez más ilegitimo y en descomposición. No podemos pretender combatir al Front National con las “armas” de la burguesía, es decir con la “democracia” burguesa y su falsa alternancia: la única manera de combatir a la extrema derecha es con la organización y la movilización de los explotados y oprimidos, construyendo la necesaria unidad de nuestra clase más de la raza, la nacionalidad o la religión, obteniendo nuevas conquistas sociales para evitar la tierra arrasada que constituye el caldo de cultivo de las ideas reaccionarias.

Pero esto no puede llevarse adelante si los trabajadores abandonan su independencia política encolumnandose detrás de un candidato burgués, diluyéndose detrás del “Frente Republicano” que el conjunto de los partidos patronales, de los grandes medios, de las cámaras empresarias intentan construir detrás de Emmanuel Macron. La batalla por la abstención en esta segunda vuelta es una batalla por reafirmar que en la pelea contra la extrema derecha pero también contra las reformas antisociales que el gobierno de Macron prepara, no hay ningún atajo posible: los trabajadores solo pueden contar con sus propias fuerzas, con su organización y su movilización independiente, rechazando ambas alternativas burguesas. Los cientos de miles de jóvenes y de trabajadores que tomaron las calles contra la reforma laboral no pueden darle su voto el domingo a Macron que promete llevar aún más lejos estos ataques, y que más allá del contenido que cada uno dé a su voto, se verá más fortalecido cuanto mayor sea su resultado para llevar adelante su política antiobrera.

Es por eso que llamamos a la abstención este domingo 7 de Mayo, en la perspectiva de contribuir a que los trabajadores se delimiten claramente de toda variante burguesa y construyan su independencia política. De lo que se trata, entonces, es de construir frente a la falsa polarización entre Macron y Le Pen la verdadera polarización: entre los de abajo y los de arriba, entre explotados y explotadores. En ese sentido, es necesario que los trabajadores se doten de un propio programa alternativo, a las antípodas del programa nacional-imperialista de Le Pen y de la perspectiva neoliberal globalizadora de Macron: un programa de urgencia social, de prohibición de los despidos, de nacionalización bajo control obrero de toda empresa que cierre, de defensa de los derechos de las mujeres, de los inmigrantes, de todos los oprimidos.

Esta es la perspectiva que encarnó en las elecciones la candidatura de Philippe Poutou, cuyo importante eco y simpatía que despertó demostraron el terreno que existe para construir una alternativa independiente de ruptura con el capitalismo, opuesta a todo el personal político de la burguesía (en particular a la “anti-sistema” Marine Le Pen que se protege con su inmunidad parlamentaria), desde los intereses de los trabajadores. Es por esto que nos parece un gravísimo error que el NPA no tenga un llamado claro a la abstención de cara a este domingo, como consecuencia de la política de su dirección mayoritaria que hace su eje en la “lucha contra Le Pen”. Ahora bien, esta lucha no puede desconectarse, como lo hemos dicho, de la necesidad de resistir a toda presión que apunta a llevar a los trabajadores detrás de un sector patronal, de pelear por la independencia política de nuestra clase, porque la misma construya su propia alternativa.

Es por esto que este 7 de Mayo para nosotros será ni Marine Le Pen ni Emmanuel Macron, y que desde el 8 Mayo estaremos en las calles para combatir la política antiobrera del nuevo gobierno y ponerle así un verdadero freno al desarrollo de la extrema derecha y su difusión de ideas reaccionarias.

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