Por Victor Artavia, NPS (Costa Rica), mayo 2017

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¡Repudiamos el nombramiento de Gonzalo Ramírez como presidente de  la Asamblea Legislativa!

¡Hay que retomar la movilización para enfrentar su agenda reaccionaria!

Por Víctor Artavia

El 1° de mayo se eligió el nuevo directorio legislativo, el cual terminó conformado por varios de los partidos más neoliberales, pro-patronales y reaccionarios de la Asamblea Legislativa: Liberación Nacional (PLN) y Renovación Costarricense (RC) obtuvieron dos cargos, el Movimiento Libertario (ML) logró uno y el otro fue para la diputada independiente (exlibertaria) Carmen Quesada.

Esto generó un repudio entre sectores de la izquierda y del activismo social, particularmente por la elección del diputado Gonzalo Ramírez, del partido Renovación Costarricense, como presidente del Congreso.

Ramírez es un reconocido predicador cristiano que adversa los derechos de las mujeres y la población LGBTI. Por ejemplo, es un acérrimo opositor del matrimonio igualitario y de las sociedades de convivencia entre personas del mismo sexo, integra el bloque parlamentario “provida” que se opone al aborto y la Fertilización in Vitro (FIV), etc. Además es un personaje cuestionado legalmente, pues estuvo en prisión preventiva dos meses por falsificar la firma de un juez para liberar el embargo de siete terrenos, aunque nunca fue encontrado culpable al lograr una conciliación.

La votación del 1° de mayo dio por resultado un directorio legislativo pro-patronal, abiertamente reaccionario, afín al PLN y diseñado por su candidato presidencial, Álvarez Desanti, el cual tiene por objetivo profundizar los ataques contra los derechos de las mujeres y la población LGBTI, a la vez que allanar el camino para los proyectos de ley que atenten contra las conquistas salariales del sector público (como puede ser reactivar la ley de empleo público en cualquiera de sus variantes) antes que asuma el nuevo gobierno en mayo del 2018, donde el PLN aspira a retornar a la presidencia. Además, que sea encabezado por un personaje de la talla de Gonzalo Ramírez, demuestra el grado de decadencia de la democracia burguesa costarricense y representa una provocación contra las mujeres y la población LGBTI.

La conciliación con el gobierno fortalece al PLN y los reaccionarios cristianos

¿Cómo se explica que un predicador fundamentalista evangélico y cuestionado legalmente presida la Asamblea Legislativa del país? ¿Por qué el candidato presidencial del PLN, Álvarez Desanti, tuvo capacidad de maniobra para configurar un directorio legislativo totalmente a su conveniencia?

Más allá de los debates sobre las votaciones de las diferentes bancadas (en particular con el Frente Amplio que abordamos en otra nota), la principal razón que explica el triunfo de Gonzalo Ramírez y el avance del PLN en el directorio legislativo, es la política de conciliación que prevalece alrededor del gobierno de Luis Guillermo Solís y el PAC, bajo el supuesto de que su gobierno es una ruptura del neoliberalismo y una alternativa “progresista” ante el PLN.

Promovida por el FA, las burocracias sindicales y muchas dirigencias de los movimientos sociales, esta conciliación produjo que, durante los tres años que lleva la administración de Solís, el movimiento sindical y social dejara de lado las calles para exigir sus reivindicaciones, priorizando las “meses de diálogo” con Casa Presidencial o, más aberrante aún, dejando pasar la enorme cantidad de ataques del gobierno contra los sectores trabajadores y oprimidos en general, pues luchar contra el PAC es “hacerle el juego” al PLN. Así las cosas, aunque este gobierno tiene una política de congelamiento salarial, los sindicatos dejaron de marchar por reajustes acorde al costo de la vida; tampoco hay una oposición ante los atraques a las convenciones colectivas o la política represiva del gobierno con las luchas sociales (como ocurrió en Chánguena).

Por esto decimos que el FA, las dirigencias sindicales y sociales, son un “dique de contención” para el desarrollo de las luchas contra el gobierno del PAC, bajo la excusa de ser una alternativa progresista ante la derecha neoliberal.

Esto explica que, tras la crisis del gobierno de Laura Chinchilla (cuestionada con gran cantidad de luchas en la recta final de su mandato) y la derrota estrepitosa de Araya en las elecciones presidenciales del 2014, el PLN haya podido recuperar terreno como principal partido patronal en el país, para lo cual se apoyó en la desmovilización del movimiento sindical y social producto de la concertación alrededor del gobierno del PAC.

Esta concertación fue muy marcada dentro del movimiento LGBTI que, en un dos por tres, renunció a cualquier exigencia radical contra el gobierno del PAC, abandonó el método de la movilización para luchar por sus reivindicaciones y apostó por impulsar reformas mediante el lobby y decretos de Casa Presidencial. El resultado de esto está a la vista: se perdió la campaña por el matrimonio igualitario, el gobierno no garantizó ninguna de sus promesas de cambios progresistas en materia de género y LGBTI y los partidos cristianos retomaron fuerza para implementar su agenda reaccionaria. La moraleja solo puede ser una: ¡cuando las calles están vacías, las patronales y los reaccionarios se fortalecen!

¡Retomemos la movilización para enfrentar la agenda reaccionaria del directorio legislativo!

Por todo lo anterior, desde el Nuevo Partido Socialista (NPS) llamamos a transformar el repudio contra la designación de Gonzalo Ramírez y del directorio legislativo en movilización, pues es la única forma para impedir que avance en su agenda reaccionaria. No se puede depositar ninguna confianza en la Asamblea Legislativa y la institucionalidad del Estado burgués costarricense, el cual garantiza los intereses de los patrones y todas las formas de explotación y opresión en el país.

Pero esta movilización tiene que dirigirse también contra los ataques en curso que impulsa el gobierno de Luis Guillermo Solís, quien sostiene una política de congelamiento salarial y contra las convenciones colectivas en el sector público, la cual se ha visto favorecida por la concertación con el PAC entre las principales dirigencias sindicales y la dirección del Frente Amplio.

Debate sobre la votación del FA para el directorio legislativo

El Frente Amplio y el callejón sin salida del reformismo

“La pelea de discursos es útil como método parlamentario sólo para un partido combativo que está buscando apoyo popular. Dar un discurso en el parlamento, esencialmente, es siempre hablar hacia afuera de la ventana

Rosa Luxemburgo. “Socialdemocracia y parlamentarismo”, 1904

Por Víctor Artavia

La elección de Gonzalo Ramírez como presidente del directorio legislativo abrió un intenso debate sobre la actuación de la fracción parlamentaria del Frente Amplio (FA), la cual se partió en tres bloques durante la votación y desató una crisis interna en este partido.

Aunque cada bloque del FA desarrolló tácticas diferentes, los unió una misma estrategia reformista que mostró todos sus límites: acabaron plegándose a un sector patronal, no cuestionaron los mecanismos electorales tramposos en el parlamento burgués y fueron incapaces de plantear algún llamado a luchar contra el eminente avance de la derecha en la Asamblea Legislativa, expresado en las candidaturas del burgués Ottón Solís del PAC y el reaccionario Gonzalo Ramírez de Renovación Costarricense.

De lo anterior, se desprende la importancia de analizar a fondo el comportamiento de la fracción legislativa del FA, con la finalidad de extraer las enseñanzas estratégicas para desarrollar un parlamentarismo de izquierda clasista y revolucionario.

A continuación analizaremos cada bloque y su posición política.

A) G-4: el bloque de la cúpula y servil al PAC

El bloque de Patricia Mora, Edgardo Araya, Francisco Camacho y José Ramírez, contando con el aval de José María Villalta y Rodolfo Ulloa, votaron por Ottón Solís del PAC, alegando que era el “mal menor” en comparación con la postulación de Gonzalo Ramírez.

Esta orientación es consecuente con la “teoría de los campos burgueses progresivos” del estalinismo, según la cual hay sectores burgueses regresivos y otros progresivos, entendiendo por los últimos a sectores que son más “cercanos” a los intereses de los sectores explotados y oprimidos.

Este planteamiento tiene su origen en la política de los “Frentes Populares” que, desde la década de los años treinta del siglo XX, el estalinismo soviético elevó a rango de “estrategia” política para todos sus partidos satélites. La premisa para aliarse con sectores de la burguesía caracterizados como “progresistas” (o “anti-neoliberales” en la actualidad), radica en una concepción populista de la realidad, donde la contradicción entre las clases sociales pasa a un segundo plano y la centralidad del análisis se coloca en las disputas entre bloques o campos políticos[1].

Bajo este esquema se pierde la “brújula de clase”, pues no existen explotadores y explotados, opresores y oprimidos, solamente hay neoliberales y anti-neoliberales, reaccionarios y progresistas, etc. En los hechos es una política que bloquea el accionar independiente de la clase trabajadora y los explotados, pues siempre existe (¡o se inventa!) una figura mediadora de la burguesía que representa un “mal menor” ante los sectores más neoliberales o conservadores. Justamente es lo que planteó este bloque del FA para justificar su voto, “embelleciendo” a Ottón Solís como una figura con rasgos progresivos con relación a Gonzalo Ramírez.

No perdemos de vista que Ramírez es un político reaccionario y servil al PLN, pero esto no justifica el voto por Ottón Solís, un consumado político burgués que bajo ningún motivo puede ser considerado un aliado de las luchas sindicales y sociales.  Solís es un abanderado de la política de ajuste fiscal contra la clase trabajadora, exige recortes en los pluses salariales, plantea el cierre de instituciones públicas, impulsa la educación dual, etc. Además su programa legislativo no contenía una sola propuesta para hacer avanzar los derechos de la población LGBT y las mujeres. Por otra parte, es importante recordar que durante la pelea contra el TLC se ubicó por la renegociación del tratado comercial y una de sus tácticas fue gestionar la intervención de senadores demócratas contra el TLC en la elección, es decir, promovió la intervención de políticos imperialistas en la política nacional[2]. Además cuando el NPS organizó la marcha del repudio contra la visita de Obama al país en 2013, Ottón Solís salió en medios de prensa atacando la movilización y llamó a los costarricenses a “pintar la entrada de las casas” por donde iba a transitar Obama… ¡Ottón es un burgués servil al imperialismo y ningún socialista consecuente puede darle su voto!

El G-4 representa la orientación hegemónica de la cúpula del FA, que durante años viene planteando una coalición con el PAC para las elecciones y, durante el gobierno de Luis Guillermo Solís, pasó a ser la “oposición aliada” y defenderlo desde la izquierda, sin cuestionarlo por sus ataques contra la clase trabajadora.

B) El bloque de los “disidentes”… y serviles al PLN

Por otra parte, el bloque “disidente” de Fallas y Arguedas (más el ahora independiente Hernández) votaron nulo en la elección del presidente legislativo, a sabiendas de que su voto se sumaría automáticamente a Gonzalo Ramírez debido al anti-democrático mecanismo electoral de la Asamblea Legislativa, que suma los votos nulos al candidato que tenga más votos en ese momento.

Este sector justificó su accionar a partir de que Ottón Solís rehusó apoyar los ocho puntos programáticos que inicialmente presentó la fracción del FA, además de que presionaron para que una mujer presidiera el directorio, por lo cual plantearon que el PAC postulara a Emilia Molina (diputada cercana a Casa Presidencial) en vez de Solís.

Ante la negativa del PAC por cambiar su candidato, ambos optaron por emitir su voto nulo, decisión que Fallas calificó como independiente pues no respaldaron al  “menos malo, entre Ottón y Gonzalo la diferencia es que uno es católico y otro es cristiano, ninguno pretendía impulsar la agenda de género, ni la agenda de derechos humanos” (obtenido del perfil de Ligia Fallas diputada). Agrega, correctamente, que la agenda legislativa de Solís incluye muchos proyectos que atentan contra los sectores trabajadores y la educación pública, entre otros aspectos negativos.

A pesar de que Fallas procura justificar su voto de cara a la izquierda y sectores que la identifican como una diputada crítica del gobierno y la política conciliadora del FA con el PAC, su discurso no resiste la prueba de los hechos.

En primer lugar, porque nada justifica que permaneciera pasiva ante el hecho de que su voto se iba a sumar a alguno de los dos candidatos en cuestión. Lo correcto en este escenario para mantener un perfil independiente, hubiera sido retirarse del plenario en el momento que los  votos nulos se sumaban al candidato con más votos a favor.

En segundo lugar, su acción “independiente” debió acompañarse de un llamado a la movilización ante el avance de la derecha en la Asamblea legislativa, preparando a los sectores trabajadores y movimientos sociales a organizarse para luchar.

En tercer lugar, porque si el objetivo era que una mujer presidiera la Asamblea Legislativa, pudo postularse a sí misma y no limitarse a buscar una candidata entre las filas de los partidos burgueses. Desde una postura feminista socialista es inaceptable impulsar a una diputada burguesa a un puesto de representación porque no representa un avance en los derechos de las mujeres. ¡Bajo este argumento hubiéramos votado por Laura Chinchilla en el 2010! Con estas posturas, Fallas no se diferencia en nada del feminismo burgués.

Pero nada de esto ocurrió. Fallas y Arguedas se limitaron a no votar por ninguno de los dos candidatos, no realizaron ningún llamado a la lucha y no tuvieron reparo en que su voto se sumara automáticamente a Gonzalo Ramírez. ¿Por qué actuaron de esta forma? Debido a que ambos realizaron una negociación con el PLN para colocar en el directorio a la diputada Carmen Quesada, electa por el derechista Movimiento Libertario que se declaró independiente al tener choques con su partido por oponerse a la concesión de los muelles a APM TERMINALS y adversar la ley de empleo público.

Jorge Arguedas fue más honesto sobre la maniobra implícita en su actuación, al declarar que “esto es política, es el arte de hacer lo posible (y) lo posible lo hicimos: pusimos a Quesada (…). Eso es un estorbo para Gonzalo” (La Nación, p. 6A, 03/05/17). Posiblemente Quesada haga “contrapeso” a Gonzalo Ramírez en las reuniones del directorio legislativo y gestione espacios en las comisiones para Fallas y Arguedas. Pero esto no justifica el voto de dos parlamentario de izquierda a una diputada que proviene de las filas de un partido abiertamente neoliberal y patronal.

Esta maniobra legislativa de Fallas y Arguedas denota un total oportunismo sin principios, donde nunca medió ningún criterio de independencia de clase. Su accionar refleja los peores vicios de la política parlamentaria burguesa, donde la norma exige negociar votos a cambio de prebendas y cuotas de poder.

C) El bloque “independiente” y su sospechoso desconocimiento del reglamento legislativo

Por último tenemos al bloque de Gerardo Vargas y Suray Carrillo, quienes votaron por el primero para que presidiera el directorio, pero al estar fuera de la lista de candidatos se contabilizó como un voto nulo y, por lo tanto, se le sumó al candidato con más votos, en este caso Gonzalo Ramírez. Su decisión la justificaron porque no hubo acuerdo con Ottón Solís sobre la agenda que propuso la fracción del FA, ante lo cual optaron por emitir su voto de esa forma.

En una entrevista concedida al diario La Nación, Vargas indicó que su consciencia le indicaba que “ni Gonzalo Ramírez ni Ottón Solís son personas que debían tener la presidencia de la Asamblea Legislativa. Uno por su agenda antiderechos humanos y el otro por su agenda neoliberal, contra los empleados públicos de este país.”[3]

Esta posición pareciera ser más coherente al definir el voto en torno a caracterizaciones políticas de los candidatos, no dejándose arrastrar por la presión de elegir al “menos malo”, como hicieron los diputados del llamado “G-4”. Pero basta analizar un poco más a fondo su caso para demostrar que no se diferencia mucho del accionar de los otros dos bloques del FA.

En primer lugar, porque Vargas señala en esa entrevista que lo mejor era que el PAC hubiese aceptado proponer a Emilia Molina en vez de Solís, lo cual contaba con el consenso de la fracción del FA. Es decir, acepta que no hubiera tenido problema en votar por una diputada cercana al gobierno de Luis Guillermo Solís, mismo que sostiene una política de congelamiento salarial y ataque a las convenciones colectivas en el sector público. Así queda en evidencia que el diputado Vargas nunca pensó su voto en términos de independencia política del gobierno y los partidos patronales.

En segundo lugar, Vargas no puede explicar ¿por qué no se retiró de la votación para evitar que su voto fuera sumado a uno de los dos candidatos, aunque tenía plena conciencia de que eso iba suceder? En la entrevista citada anteriormente, responde a este cuestionamiento de dos formas. Por un lado, acierta al denunciar el mecanismo anti-democrático del reglamento legislativo mediante el cual se suman los votos nulos a un candidato, contradiciendo la intención del votante. Pero se equivoca cuando aduce que no tenía forma de evitar que su voto se sumara a alguno de los candidatos, pues eso está estipulado en el artículo 201 del reglamento, cuando en realidad este artículo establece que no se suman los votos de los diputados que se retiran del plenario antes de que se llame a votación y se pida el cierre de puertas.

Nos surge la duda de ¿por qué no optó por denunciar ante la prensa el mecanismo electoral tramposo del parlamento, para justificar su retiro del plenario antes de que se llamara a la votación? Dado que la votación se realizó pasadas las 5 pm del 1° de mayo, luego de todo un día de negociaciones entre corrillos, tuvo tiempo de sobra para asesorarse jurídicamente sobre el contenido del artículo 201 y ejecutar esta táctica parlamentaria.

Visto lo anterior, son razonables las dudas alrededor de su votación, a sabiendas de que iba a favorecer al candidato impulsado por el PLN, Gonzalo Ramírez. Acá es necesario recordar el historial del diputado Vargas en estos tres años de gestión parlamentaria. Votó a favor de elegir al represor del 8N y reconocida ficha del PLN, Celso Gamboa, como magistrado porque lo conocía de toda la vida. También son conocidas las gestiones que realizó ante la ARESEP para cuestionar la metodología para calcular el precio de los pasajes,  lo cual dijo que hacía para defender a los usuarios…aunque a las reuniones ¡llegó acompañado de representantes de los empresarios de buses!

Las causas y profundidad de la crisis del FA

El FA atraviesa su peor crisis política y el recuento de daños es muy severo: su fracción legislativa estalló en tres bloques, todos capitulando a un sector burgués y demostrándose incapaces de pensar su accionar político por fuera de los límites del parlamentarismo burgués.

Agregamos, además, que es una crisis que incorpora cuestionamientos a la estrategia reformista del FA que, en la votación del 1° de mayo, no pudo satisfacer a ninguno de los sectores que integran el partido.

El G-4 y la cúpula del FA (el sector más a la derecha del partido) salió golpeada porque no lograron instalar a Ottón como presidente legislativo y ven deteriorada su capacidad de relación/negociación con el gobierno, ante lo cual promueven la expulsión (¡un operativo a la usanza estalinista!) de Ligia Fallas y Jorge Arguedas para depurar el partido de los “anti-ottonistas” y replantear su diálogo con el PAC.

El ala “disidente” de Fallas y Arguedas, de origen sindicalista y más “independiente”, realizó una negociación oportunista y sin principios con el PLN, demostrando que no constituyen ninguna tendencia progresiva de izquierda a lo interno del FA[4] y terminaron por adaptarse a la lógica parlamentaria.

En cuanto al accionar de Vargas y Carrillo, aunque son diputados con más proximidad al G-4 y la cúpula del FA (de ahí que no pidan su expulsión y estén rearticulándose con el G-4), con su votación evidenciaron la adaptación del FA a los mecanismos electorales parlamentarios y que el partido funciona como una “cooperativa electoral”, donde cada  diputado gira hacia donde quiere o le conviene.

¿Por qué estalló la crisis en este momento? Durante los dos gobiernos anteriores del PLN (administración Arias 2006-2010 y Chinchilla 2010-2014), el FA se fortaleció por su ubicación como una oposición de izquierda reformista que llamaba a luchar contra los gobiernos del PLN.  El alto perfil mediático que conquistaron Merino y Villalta se explica en gran medida porque eran las figuras representativas de la “verdadera oposición”, slogan que durante este periodo utilizó el partido para forjarse una identidad entre sus simpatizantes.

Pero lo anterior se modificó con el triunfo del gobierno del PAC y el éxito electoral del FA en las elecciones del 2014, lo que generó mayores expectativas (y al mismo tiempo presiones) sobre el relato del arco progresista y la alternativa contra los “mismos de siempre”. Bastaron tres años del gobierno de Luis Guillermo Solís y su creciente giro a la derecha, para que a lo interno del FA se incrementaran las disputas sobre la forma de relacionarse con el PAC: unos abogando por una mayor capitulación al PAC y al gobierno por ser el “mal menor” ante el PLN,; otros presionando para tener un perfil más independiente del PAC pero sin ningún criterio clasista y de independencia de clase, por lo que terminaron cerrando un acuerdo sin principios con el PLN.

Las tensiones a lo interno de la fracción del FA se venían acumulando desde el inicio mismo del periodo legislativo en 2014, pero se profundizaron en el marco del año pre-electoral donde se plantea, con más fuerza que nunca, qué perfil sostener como oposición y cómo relacionarse con el PAC. Esto explica la pugna de Arguedas con Villalta por no asumir la candidatura presidencial del FA, cuya verdadera razón es no convertirse en un estorbo para el PAC en las próximas elecciones y facilitar un acuerdo de coalición electoral (eterna aspiración de la cúpula del FA).

De ahí que caractericemos que el FA atraviesa una crisis que incorpora cuestionamientos a la estrategia reformista, pues su relato progresista demostró muy rápidamente sus límites. El FA pasó de promoverse como un partido de oposición que apoyaba las luchas contra los gobiernos de turno y donde sus diputados eran voceros de algunos sectores sindicales y sociales, a transformarse en la izquierda pro-gobierno que, en palabras de la misma Patricia Mora, “Hemos cargado con las pulgas del Gobierno en muchas decisiones”.

Esto no significa que el FA vaya a desaparecer ni deje de sacar diputados, pero dudamos que en el próximo período genere las simpatías que tuvo para la elección del 2014. La orientación del G-4 y la cúpula del FA es llevar a fondo su línea de capitulación al PAC y cuanto burgués “progresista” surja en la política nacional. ¡Esa es la esencia de su estrategia reformista, la cual tiene sumido al partido en un callejón sin salida!

¡Ante la crisis del FA, pongamos en pie una nueva alternativa socialista revolucionaria!

Un amplio sector de la juventud de izquierda y el activismo sindical viene realizando una experiencia con el FA, la cual atraviesa un momento de crisis. Por eso queremos abrir un diálogo con los sectores de base del FA, con muchos de los cuales compartimos espacios en el movimiento sindical, estudiantil, feminista, etc., para plantearles que rompan con ese partido reformista y se sumen a la construcción de una alternativa de izquierda verdaderamente socialista, clasista e independiente de cualquier gobierno y partido burgués.

Esta tarea es fundamental, pues de lo contrario muchos de esos sectores pueden terminar desmoralizados y abandonar la lucha política ante la frustración que está generando la orientación reformista de la cúpula del FA, cada vez más plegada al PAC y consumida por los vicios del parlamentarismo burgués.

Desde el Nuevo Partido Socialista (NPS) les invitamos a conocer nuestro proyecto político, uno que participa en las elecciones pero no para adaptarse al régimen burgués, sino para cuestionarlo en su totalidad. Recientemente acabamos el proceso de inscripción del NPS para las elecciones del 2018 por San José, donde estaremos presentando candidaturas a diputación, las cuales queremos transformar en verdaderos “tribunos socialistas” que cuestionen a TODA la sociedad capitalista, que denuncien el mecanismo tramposo de la democracia de los ricos y eduquen a la clase trabajadora, las mujeres y la juventud en no confiar en las instituciones del Estado burgués, pues están al servicio de garantizar todas las formas de explotación y opresión en beneficio de los capitalistas y los sectores reaccionarios.

En este sentido estamos llamando a constituir un Frente de Izquierda Socialista, que tenga por objetivo fortalecer un polo socialista y clasista en las elecciones y sectores donde intervenimos, para impulsar las luchas contra los ataques del gobierno, las patronales y los sectores reaccionarios.

Finalizamos con una cita de Rosa Luxemburgo, quien sintetizó magistralmente cómo debe orientarse un partido socialista revolucionario de oposición en el parlamento, para cumplir su labor de educar a los sectores explotados y oprimidos:

“El hecho que divide a la política socialista de la política burguesa es que los socialistas se  oponen a todo el orden existente y deben actuar en el parlamento burgués fundamentalmente en calidad de oposición. La actividad socialista en el parlamento cumple su objetivo más importante, la educación de la clase obrera, a través de la crítica sistemática del partido dominante y de su política. Los socialistas están demasiado distantes del orden burgués como para imponer reformas prácticas y profundas de carácter progresivo. Por lo tanto, la oposición principista al partido dominante se convierte, para todo partido de oposición, y sobre todo para el socialista, en el único método viable para lograr resultados prácticos. Al carecer de la posibilidad de imponer su política mediante una mayoría parlamentaria, los socialistas se ven obligados a una lucha constante para arrancarle concesiones a la burguesía. Pueden lograrlo haciendo una oposición crítica de tres maneras: 1) sus consignas son las más avanzadas, de modo que cuando compiten en las elecciones con los partidos burgueses hacen valer la presión de las masas que votan, 2) denuncian constantemente el gobierno ante el pueblo y agitan la opinión pública, 3) su agitación dentro y fuera del parlamento atrae a masas cada vez más numerosas y así se convierten en una potencia con la cual deben contar el gobierno y el conjunto de la burguesía”

(Rosa Luxemburgo, “La crisis socialista en Francia”, en Obras escogidas: 54)

[1] Esta concepción tuvo su primera aplicación con los mencheviques durante la primera fase de la revolución rusa, la cual fue disputada frontalmente por Lenin en las “Tesis de Abril”. Luego desde la III Internacional el estalinismo la convirtió en estrategia generalizada para todo el mundo, con desastrosos resultados, como sucedió en la guerra civil española. Posteriormente Mao le dio contenido filosófico con su teoría de las contradicciones. Esto lo aborda con mucha claridad un libro del dirigente trotskista Nahuel Moreno, “La traición de la OCI”.

[2]   Una torpeza táctica que fue aprovechada por el gobierno de Arias para impulsar la intervención directa de la Embajada de los EEUU en el referéndum, potenciando la victoria del SI.

[3] www.nacion.com. “Gerardo Vargas Varela: Aplaudo y acepto lo que dice la Comisión Política del Frente Amplio sobre mi persona”.

[4] En particular para caso de Ligia Fallas, diputada con posturas generalmente independientes del gobierno, pero que no tiene formación política ni la orientación de constituir una tendencia de izquierda clasista a los interno del partido.

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