Por José Luis Rojo, Editorial SoB 428, 8/6/17

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¿A dónde va la Argentina?

“Ni por aquí, ni por allá. Por ser justamente tan compactas, las posiciones políticas más definidas pueden mostrarse como dominantes. Pero lo cierto es que a pocos días del cierre de listas y en el camino a octubre, con elecciones legislativas cruciales, la sociedad no parece estar involucrada en una supuesta polarización entre el oficialismo de Cambiemos, de un lado, versus el kirchnerismo junto a variantes del PJ en casos, por otro (…) Según un reciente estudio de opinión pública de Management & Fit, casi la mitad de los argentinos escapa a la puja bipolar” (Clarín, 5/06/17).

No es habitual que al comienzo de una campaña electoral haya tantos interrogantes. Esto es lo que caracteriza, sin embargo, el inicio de la actual campaña electoral. Despejada la coyuntura de grandes conflictos sociales (por obra de una conducción cegetista de lo más alcahueta), las elecciones dominarán seguramente el panorama de aquí al 13 de agosto próximo.

Interrogantes irresueltos

Habitualmente cuando se trata de elecciones de medio término se impone el oficialismo. Pero las que vienen no parecen ser elecciones típicas: nadie sabe quién se impondrá. A pesar de las encuestas que encargan unos y otros (¡que invariablemente dan como ganador al que las paga!), no hay datos certeros de ningún tipo, un factor que coloca incertidumbres en la coyuntura nacional.

La base material de las incógnitas está en la situación económica. Es verdad que el país no estalló; la transición de los k a Macri fue sin crisis general. Sin embargo, el gobierno de Cambiemos está fallando en sacar al país del estancamiento. Es esto lo que está fogoneando la bronca entre amplios sectores populares.

Todas las medidas de Macri han sido para los de arriba. Su discurso del “cambio” suena cada vez más vacío. A la inmensa mayoría le cuesta encontrar algo que los haya favorecido; la percepción generalizada es que Cambiemos es un gobierno exclusivamente para los ricos.

Macri viene fallando en sacar al país de la recesión. Aburren las repetidas cantinelas de que el país ya estaría “creciendo”, que las inversiones “empiezan a llegar”. En el primer año de la gestión de Macri el país cayó el 2% del PBI. Este año sólo se recuperaría lo perdido en 2016…

Para colmo difícilmente el aumento de los precios quede este año por detrás del 30%, lo que consagraría la segunda caída consecutiva del salario real luego de la del año pasado.

Mientras tanto, además de aumentar los ritmos de trabajo, también lo hacen los despidos, y no solo en las PYMES. La industria automotriz anda en problemas, con anuncios de suspensiones masivas en grandes fábricas como Ford y Volkswagen. Brasil, principal destino de las exportaciones automotrices argentinas, vive un derrumbe de su mercado automotriz de 3.5 millones de ventas años atrás a las actuales 1.8 millones; de ahí que la producción Argentina, que llegó a un tope de 850.000 unidades en el 2011, este año sólo alcanzaría la mitad de dicha cifra.

Por lo demás, se aprecia el fracaso del discurso inversor del gobierno. El empresariado en masa se justifica a la espera que Macri gane las elecciones. Sólo después de octubre podrían empezar a apostar realmente “por el cambio”.

A esto se suma un segundo problema. Macri encabeza un gobierno minoritario. Si bien tiene el apoyo de los más granado de la patronal y el imperialismo, electoralmente se referencia sólo en un tercio de la población: las clases sociales pudientes burguesas y medias que al tener resueltas las cuestiones esenciales pueden “comer República” (el discurso que les ofrece Carrió y otros figurones oficialistas del mismo tenor).

Atención que aquí, además, en materia de corrupción, ni Macri ni los k pueden arrojar la primera piedra: todos están involucrados en escándalos como los de Odebrecht, el enriquecimiento al calor del poder, los Panamá Papers, etcétera, por lo que “jugar este juego” es muy peligroso si va más allá de ciertos límites.

En todo caso, con este tipo de discursos no se puede satisfacer a las mayorías populares. Con salarios a la baja, suspensiones, despidos, con el crecimiento de la pobreza, la juventud precarizada o que directamente no consigue un trabajo, se alimenta la bronca; bronca que puede terminar en un voto castigo al oficialismo o incluso más: dar lugar a una vacancia política, una parte de la cual vaya hacia la izquierda.    

El 51% obtenido por Macri en el balotaje del 2015, se reducirá seguramente al 35% o menos: una caída del 20% que habrá que ver adónde irá a parar. Cambiemos se conformaría con obtener esos guarismos; pero aun así las cosas no están claras. El peronismo k, encabezado por Cristina Kirchner podría obtener un resultado similar y la elección –triunfo o derrota- dirimirse por escasos dígitos. El massismo podría aspirar a un 20% promedio nacional.

Siendo todas las expresiones patronales minoritarias se hace imposible otorgar pronósticos electorales certeros.

¿Cristina candidata?

Lo incierto del resultado electoral general no agota otros interrogantes; por ejemplo cuáles serán las principales candidaturas patronales.

Va de suyo que el interrogante por las candidaturas reenvía a problemas más de fondo vinculados el rumbo del país: si el “populismo” tiene algún futuro (la patronal lo ve como un cuco), o cuál podría ser una figura de recambio para el peronismo.

Aquí se coloca la eventual candidatura de Cristina. La impresión que dejó en su aparición televisiva es que preferiría no serlo (“bajar al llano” después de los altos cargos ostentados no sería de su agrado). Sin embargo parece plausible que se presente porque entre los k no se ve otra figura que la pueda reemplazar (ver en este sentido las recientes declaraciones de Ferraresi). Si el peronismo se reordenara alrededor de otra figura como Randazzo, Cristina y el propio kirchnerismo se verían definitivamente eclipsados.

Cristina tiene el problema que para volver debe recuperar los favores de la burguesía; cuestión que en el escenario actual es compleja colocando al peronismo en el brete de que la ex presidenta podría ser la carta del triunfo hoy… pero también de una derrota segura mañana.

Tampoco el macrismo tiene definidas sus cartas; una señal de que las cosas no están del todo bien en el oficialismo: un oficialismo que debajo de la superficie está acechado por incertidumbres varias.

Por un lado están los habituales tironeo con los radicales; también los desplantes continuos de Carrió (que por ahora correría por CABA). Pero sobre todo el problema de quienes encabezarán las principales candidaturas en la provincia de Buenos Aires. Hasta el momento se esperaba que Esteban Bullrich, actual Ministro de Educación de la Nación, sea el candidato a senador. Pero con el conflicto docente sin paritaria firmada y la brutal campaña anti docente desarrollada por Vidal y Cambiemos, Bullrich no parece ser la figura más simpática para pelear por la provincia…

Tampoco han aportado luz los resultados de La Rioja, Chaco y Corrientes. En la intendencia de la capital de esta última provincia se impuso el candidato de Cambiemos. Sin embargo, en las dos primeras provincias triunfó el peronismo, con lo cual el “banco de pruebas” que configuraron estas elecciones no dejó certezas para el escenario nacional.

En síntesis: si algo caracteriza la elección que viene es la incertidumbre; incertidumbres que remiten no simplemente a cuestiones electorales, sino al problema más profundo del rumbo general del país.

El fantasma del helicóptero      

Yendo de la elección al rumbo general del país se aprecia que se enciende un alerta amarilla. No es casual que los empresarios estén avaros para realizar inversiones al menos hasta después de las elecciones.

Macri está adelantando un ajuste brutal para el 2018. Con el tipo de cambio atrasado, un déficit fiscal que ronda los 30.000 millones de dólares y un endeudamiento externo que crece de manera sideral para cubrir gastos corrientes, lo que se adelanta es una dramática vuelta de tuerca del ajuste luego de las elecciones.

Ahora bien: el interrogante es con que fuerzas –con que relaciones de fuerzas- contará el gobierno para llevarlo adelante. Debemos repetir que tiene el apoyo cerrado de la patronal y el imperialismo yanqui (¡el gobierno de Trump se está transformando en un gran punto de apoyo para Macri!).

Pero de cualquier manera si perdiera las elecciones tendría poca legitimidad para llevar adelante el duro ajuste que le están reclamando sus economistas más afines. Hay que recordar que institucionalmente depende de otros bloques para votar leyes y que atendiendo a las circunstancias reales hasta ahora ha ensayado un “gradualismo” en materia de ajuste y fiscal que promete dejar de lado en el 2018.

El gran interrogante es con qué fuerzas de apoyo contará para cumplir con estos compromisos de “transformar el país”, sobre todo si sale derrotado de la contienda electoral.

Dado lo traidores que son los dirigentes sindicales y la complicidad que podría tener de un peronismo incluso kirchnerista lanzado a recuperar los favores de los capitalistas, lo llevará seguramente adelante de todas maneras. Pero esto podría colocar un escenario de crisis de gobernabilidad, de salida adelantada del gobierno o al menos de segura derrota electoral en el 2019, lo que reabriría todas las incertidumbres sobre el rumbo del país.

Señalemos, de cualquier manera, que esto no dependerá solamente de la Argentina, sino del curso de la región e incluso el rumbo del mundo más en su conjunto, lo que no hace más que sumar incertidumbres adicionales.

Pero en todo caso sirve como para entender que no estamos ante una mera elección, una elección más: se está frente a un evento político-electoral que conecta con cuestiones de fondo irresueltas y que podría dar lugar a una enorme crisis si el gobierno no sale lo suficientemente revalidado de las elecciones, si conserva una condición minoritaria y se viera obligado a llevar adelante el más duro ajuste económico de las últimas décadas.

Después de La Rioja, más que nunca la izquierda renueva sus fuerzas

Difícilmente el escenario futuro sea de estabilidad. Además, la vacancia política está presente y podría seguir beneficiando a la izquierda en un proceso lento pero acumulativo de construcción electoral y, más desigualmente, orgánica.

¿Cuál es la contradicción específicamente en el terreno de la propia izquierda? El tapón en el que se ha transformado el FIT, que ha retrocedido sideralmente de colocarse como un canal para cualquier proceso de organización que vaya más allá de recoger votos o incluso siquiera eso (electoralmente la izquierda podría aparecer como una alternativa muchísimo más sólida si apareciera unida).

Ocurre que el FIT no es simplemente una cooperativa electoral: es menos que eso cuando día tras día queda a las puertas de la ruptura y aun así se abroquela aparatistamente para intentar evitar cualquier desarrollo que no pase por sus manos.

Sin embargo, esto podría tener fecha de finalización. Nuestro partido de la mano de la candidatura de Manuela Castañeira y la Izquierda al Frente por el Socialismo, está lanzándose con todo a la campaña electoral. La realidad es que el impacto de la candidatura de Manuela está creciendo todos los días, avanzando a ojos vista en su instalación como una de las principales figuras de la izquierda. Las muestras de simpatía y reconocimiento hacia ella son cotidianas.

Pero además acaba de concretarse un primer resultado electoral de cómo les va a los dos frentes de la izquierda en La Rioja. Es obvio que muchas de sus características son específicas, no trasladables a otros distritos, al resto del país.

Sin embargo, ocurrieron tres acontecimientos notables que algo indican. Primero, la suma de los votos de la Izquierda al Frente por el Socialismo y el FIT alcanzó el 3.5% (lo que viendo la votación en el Chaco al PO muestra que hay votos para la izquierda); segundo, que la Izquierda al Frente se impuso sobre el FIT obteniendo el 1.9% de los votos frente al 1.6% de dicho frente de la izquierda que tenía una instalación anterior; y tercero, que nuestro frente logro romper el techo electoral, lo que seguramente no hubiera ocurrido de ir el Nuevo MAS y el MST por separado.

Conclusión general muy importante en el seno de la izquierda: en iguales condiciones se reparten los votos de la izquierda e incluso al FIT le puede empezar a costar caro su comportamiento de secta, la impunidad aparatista con la que se ha manejado hasta aquí.

Claro que los escenarios nacionales serán más complejos; pero La Rioja muestra que existe un lugar objetivo para nuestro frente, que el monopolio de los votos de la izquierda del FIT tiene fuertes elementos artificiales, de aparatos, que la Izquierda al Frente podrá disputarle la representación de la izquierda en todos los distritos.

La oportunidad que tenemos por delante es inmensa. Existen condiciones reales para intentar romper el piso proscriptivo de la ley electoral incluso en la provincia más difícil: la provincia de Buenos Aires.

La candidatura de Manuela y el nuevo frente expresan que la izquierda renueva sus fuerzas apostando a superar las inercias de la experiencia del FIT. Si Manuela y el nuevo frente pasan las PASO, inevitablemente se vendrá una rediscusión en el seno de la izquierda.

Te llamamos a que nos acompañes, a que te anotes como candidato de nuestras listas. A que construyamos juntos la campaña de Manuela y de la Izquierda al Frente por el Socialismo en todo el país.

¡Vamos con todo a romper el piso proscriptivo y a reabrir el juego en la izquierda!

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