Por Elías Saadi, SoB 431, 29/6/17

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Genocidio en cámara lenta auspiciado por Israel

En las cúpulas políticas del enclave colonial conocido con el nombre de “Estado de Israel”, se vienen multiplicando las discusiones acerca de qué “solución final” conviene implementar para deshacerse definitivamente de la molestia que significa la existencia del pueblo palestino.

Con Trump, quedó prácticamente sepultada la farsa de los “Acuerdos de Oslo” de 1993. Esos “Acuerdos” iban a poner en práctica la llamada “solución de los dos Estados”: junto al Estado de Israel se levantaría otro Estado, el Palestino. Pero, como se alertó en su momento y se confirmó después, los Acuerdos de Oslo eran una inmensa burla, una trampa para ganar tiempo e ir encaminando una gradual y progresiva “limpieza étnica” que dejaría finalmente todo en manos de Israel.

Parte fundamental de su implementación fue dividir en dos al pueblo palestino restante en la región… además de los refugiados que ya estaban dispersos por Medio Oriente y otras partes del mundo.

Por un lado, algo menos de dos millones de palestinos, están encerrados en la Franja de Gaza, que constituye así el campo de concentración más poblado de la historia. Hoy está custodiado por dos carceleros implacables y estrechamente asociados: Israel y la dictadura de Al-Sisi que impera en Egipto, bajo el auspicio de Arabia Saudita… y también del gobierno de Tel Aviv.

El resto de los palestinos (que no están en el exilio) vive en su mayor parte en la zona de Jerusalén-Cisjordania. Allí, la política de “limpieza étnica” implicó el despojo gradual por la fuerza de sus tierras y viviendas, para implantar en su reemplazo a colonos sionistas. Por eso, la Cisjordania palestina es hoy un mapa totalmente fragmentado por los enclaves de los sionistas, que circulan libremente. Los palestinos, en gran parte desalojados, están prisioneros en guetos cercados por altos muros.

Al asumir la presidencia, Trump anunció solemnemente el fin de los “Acuerdos de Oslo”. Pero, según su estilo, esto luego quedó en la bruma, entre otros motivos porque los mismos colonizadores sionistas no tienen pleno acuerdo de qué hacer a partir de allí.

Esto se agrava con la reciente votación de su parlamento, que declara a Israel como Estado judío, lo que implica –si se aplicase a fondo– la exclusión de toda persona que practique otra religión o no tenga ninguna… Es una medida semejante a las que inspiraron persecuciones y matanzas en otros siglos –como las expulsiones de moros y judíos de España, el genocidio de los armenios en la Primera Guerra Mundial o la bestialidad nazi en la Segunda Guerra Mundial–. Ese tipo de discriminaciones, más aún bajo determinantes religioso-racistas, siempre abrió las compuertas “legales” para consumar cualquier barbaridad…

Para encarar esta situación, algunos proponen resucitar lo de los “dos estados”, aunque sea bajo la forma de un “bantustán”, como ya lo es la “Autoridad Palestina” en sus islotes de Jerusalén-Cisjordania. Otros proponen mantener un solo Estado, pero dando a quienes no sean judíos, un status de “ciudadanos de segunda clase”. Por ejemplo, no tendrían derechos políticos (como votar ni ser electos) ni tampoco muchos derechos civiles.

Pero también están los partidarios de avanzar en la “limpieza étnica”; es decir, combinando masacres con expulsiones, eliminar masivamente a los palestinos.

Esto último no es nada nuevo, ni tampoco es el programa de dos o tres marginales… Es lo que piensan muchos, pero pocos lo dicen en voz alta como el famoso Avigdor Lieberman, repetidas veces ministro de Defensa, de Relaciones Exteriores o vice-Primer Ministro que opina cosas como las siguientes: “La solución es la que EEUU adoptó en Hiroshima y Nagasaki” (donde arrojó bombas atómicas). O: “hay que ahogar a los palestinos en el Mar Muerto”.

Si no se ha hecho lo que predica Lieberman, no es porque la mayoría de los dirigentes políticos de Israel estén en contra. Si fuese así, Liberman no habría integrado prácticamente todos los gobiernos de Israel desde el año 2001. La razón decisiva de que no se aplique su recomendación de “ahogar a los palestinos en el Mar Muerto” y/o arrojar bombas nucleares en Gaza, es que internacionalmente no están dadas las mismas condiciones que en la España de los Reyes Católicos, ni en el Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, ni en Europa en los tiempos de Hitler.

Gaza: ¿de campo de concentración a campo de exterminio?

Pero muchas veces lo que no se puede hacer de golpe puede lograrse paso a paso. Esto es lo que está sucediendo en la Franja de Gaza.

Para eso ayudan ciertos cambios en la situación mundial y específicamente de la región, entre ellos las derrotas de la Primavera Árabe, las diversas guerras en que han degenerado las situaciones en Siria-Iraq y otras regiones, la elección de Trump en EEUU, que funciona estrechamente asociado a enemigos de los palestinos como Israel, en primer lugar, pero también con Arabia Saudita y la dictadura de Al-Sisi en Egipto.

En esa situación, a los habitantes de la Franja de Gaza se les vienen imponiendo condiciones de vida cada vez más degradadas. La última de ellas, que repercute en todos los aspectos de la vida y la salud, es que tienen electricidad no más de tres o cuatro horas al día.

La última operación militar importante de Israel contra los palestinos de Gaza fue en 2014, donde fueron asesinados más de 1.500 habitantes. Gran parte de ellos eran jóvenes, porque el fuego de la aviación israelí apuntaba principalmente en escuelas. Recordemos cómo también en esos momentos en Israel se agitó masivamente la campaña de asesinar mujeres palestinas embarazadas con el lema de “un disparo, dos blancos”. Con esa consigna se distribuyeron miles y miles de camisetas, especialmente entre los soldados, para incitarlos a cometer ese doble asesinato.

Pero mediante esta brutal agresión, Israel no logró los objetivos militares que deseaba y, encima, generó un repudio mundial, no sólo en Medio Oriente. Golpeó especialmente en Europa, y también pegó en EEUU.

Desde entonces, Israel ha jugado a la carta de un bloqueo que no levanta tanto “ruido” ni protesta mundial y no es menos destructivo.

Según un informe del Banco Mundial, el PBI de Gaza ha caído mucho más de un 50% después de esta última agresión israelí.

La situación ha ido de mal en peor, gracias también a la colaboración del canalla de Al-Sisi, que logró imponer un bloqueo total en el tramo fronterizo de Gaza con Egipto. La tasa de desempleo es la más elevada del mundo (un 45%). El bloqueo impide la entrada desde materiales de construcción hasta alimentos.

En el mar frente a Gaza hay abundancia de pesca, pero Israel ha prohibido la pesca a más de 6 millas de la costa… Esa franja permitida tiene los fondos marinos cada vez más emponzoñados. Es que otra de las medidas de Israel (respaldadas por el dictador de Egipto) ha sido obstaculizar la construcción de cloacas y sistemas de tratamiento de aguas servidas. Se trata de que la población se vaya envenenando con los detritus que le impiden tratar, y que también se emponzoñen las playas.

Todo esto ha ido generando una crisis médica sin precedentes. El Hospital de Gaza debe encargarse de la sanidad de unos dos millones de pacientes, pero le han bajado el presupuesto de salud de 4 millones de euros a 500.000 por mes.

Otra forma infame de presión son las trabas cada vez mayores para que enfermos graves –como niños con cáncer– obtengan permiso para salir de la prisión de Gaza y tratarse afuera. Adrede, se demoran esos permisos, hasta el enfermo pierde las esperanzas de remisión.

La falta de electricidad lleva la situación al colmo

A eso se le fue agregando la falta cada vez mayor de la provisión de electricidad. Como en toda Palestina, Israel ha impuesto un monopolio total de provisión de electricidad. Con ese objetivo, persigue, por ejemplo, los paneles solares, también en la Cisjordania ocupada.

En Gaza, ha reducido la provisión oficial a no más de cuatro horas… que en realidad la mayoría de la veces oscila entre tres y dos horas. Estamos en la temporada de mayor calor, con temperaturas entre 30 y 40 grados.

Esto implica que en medio de la hambruna generalizada, no se pueden conservar alimentos en las heladeras. Que en medio del bajón general de la salud, los hospitales tienen graves problemas para aplicar tratamientos, preservar remedios, bancos de sangre, etc. Y, así, la larga lista de consecuencias que no es difícil imaginar…

Por eso, los especialistas internacionales han pronosticado un “derrumbe de todos los servicios vitales” si esta situación prosigue. En resumen: los criminales de Tel Aviv están llevando a un pueblo a una situación insoportable.

La Autoridad Palestina aporta su granito de arena

Pero quizás lo más indignante de este genocidio en cámara lenta ha sido la actitud de la Autoridad Nacional Palestina, con sede en Ramalla (Cisjordania) y presidida por Mahmud Abbas.

Como se mantiene el pleito con Hamas por el dominio de la Franja de Gaza, Abbas y la Autoridad Nacional Palestina son quienes promovieron los cortes de luz.

Cada mes, la Autoridad debe pagar a Israel la factura de electricidad de Gaza. Para eso, recibe un subsidio de fondos de ayuda internacional.

Unilateralmente, Abbas y la Autoridad Palestina desde abril decidieron no pagar y embolsarse ese dinero. Es una forma de chantaje contra Hamas, pero quienes pagan las consecuencias son los dos millones de palestinos que viven en Gaza.

Israel, por supuesto, está igualmente de parabienes. Su peón de Ramalla le ha aportado un pretexto para agudizar la crisis social en Gaza, que se está transformando en una grave crisis de supervivencia!!!

Y, por sobre todo, le ha facilitado a Israel profundizar la experiencia de “genocidio en cámara lenta”, que combina desde la falta de comida, el envenenamiento de la franja costera, el no tratamiento de los desperdicios, la liquidación de los servicios de salud, y ahora, para coronar esto, el regreso a las épocas anteriores a la energía eléctrica.

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