Por Ale Kur. SoB 484, 30/8/18.

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EEUU

Falleció John McCain, un asesino imperialista y neoliberal

Ale Kur 

Esta semana falleció en Estados Unidos el senador republicano y excandidato presidencial John McCain. Se trataba hasta hace pocas semanas atrás de una de las figuras políticas más importantes de los EEUU. Era visto como una especie de “ala moderada” del partido republicano ya que aparecía como una especie de “opositor” a Donald Trump.

Aquí queremos retomar su prontuario político. McCain era hijo de un muy importante oficial militar norteamericano, involucrado en las invasiones a República Dominicana y a Vietnam en la década de los ’60. El propio John McCain imitó el ejemplo de su padre siguiendo la carrera militar. Participó de la guerra de Vietnam como piloto de bombardero, siendo parte de decenas de misiones de ataque contra el pueblo vietnamita. En una de esas misiones, su avión fue derribado y fue tomado como prisionero de guerra, lo que le otorgó un aura mítica de “héroe militar” para los imperialistas de EEUU.

De esta manera, McCain fue participe directo (y por voluntad propia) de una las más repudiadas masacres del siglo XX, contra la que se puso en pie uno de los más grandes movimientos juveniles de la historia, tanto en EEUU como en el resto del mundo.  El movimiento anti-guerra de la década del ’60 y comienzo del ’70 fue uno de los más destacados factores del giro a la izquierda y radicalización de amplios sectores de la juventud, junto a experiencias como el Mayo Francés y el movimiento por los derechos civiles en EEUU.

Luego de regresar de Vietnam, McCain comenzó su carrera política, apoyando la campaña del ultra-reaccionario Ronald Reagan, presidente republicano que inició la gran ofensiva neoliberal en los EEUU a fines de los ‘70. Rápidamente McCain fue electo al Congreso, primero a la Cámara de los Representantes y desde 1987 como Senador por Arizona -cargo que ocupó durante tres décadas enteras. Desde el principio McCain mantuvo un perfil político muy conservador, entre otras cosas siendo un ferviente anti-abortista que peleó por la revocación del histórico fallo Roe vs. Wade -es decir, el fallo de la Corte Suprema norteamericana que despenalizó el aborto a nivel federal. Mantuvo siempre posiciones neoliberales y contrarias a los intereses de las mayorías populares. Sin embargo, en algunos temas particulares votó por fuera de la línea partidaria republicana y en sintonía con posiciones más liberales, lo que le ganó la fama de político relativamente “independiente” y hasta “moderado”.

En 2008 fue candidato presidencial por el partido Republicano, siendo derrotado por Obama. Durante su mandato se ubicó como opositor por derecha al mismo, siempre con un ángulo reaccionario y antipopular. Desde el triunfo de Donald Trump mantuvo un perfil muy crítico hacia su figura –apareciendo como una alternativa republicana más “moderada”-, aunque esta oposición se limitó a lo discursivo. Desde su ubicación en el Congreso, McCain votó la gran mayoría de la agenda parlamentaria republicana (incluido especialmente todo lo relativo a nombramientos del gabinete y presupuestos), siendo por lo tanto un pilar fundamental de la gobernabilidad de Trump.

Otras joyas para señalar en su prontuario son sus posiciones en política exterior. En los 80 fue un firme aliado de los “contras” nicaragüenses, organizaciones armadas de ultraderecha cuyo objetivo era contener y aplastar la revolución sandinista. Desde fines de los ’90 y durante las siguientes décadas McCain fue un “halcón”, es decir, un partidario de las intervenciones militares de EEUU en países como Irak, Afganistán, Libia, etc. Otro de sus aspectos más destacados fue el apoyo a los fascistas ucranianos (que comenzaron a levantar cabeza con el proceso político iniciado en 2014).

Para terminar el panorama, McCain fue uno de los políticos de EEUU que recibió más dinero de la Asociación Nacional del Rifle, lobby pro-armas que tiene una enorme responsabilidad en las masacres recurrentes que ocurren en el país.

Un error gravísimo de Alexandria Ocasio-Cortez

Conociendo este largo prontuario, es muy fácil comprender que los socialistas no tenemos ni un milímetro que reivindicar de la figura de John McCain o de personajes similares. El rechazo al imperialismo es parte de las tradiciones más fundamentales de la izquierda, cultivado durante décadas de resistencia contra las guerras, invasiones y sometimiento colonial de gran parte del mundo por parte de las grandes potencias.

Sin embargo, esta muy básica posición de principios quedó a años luz de la ubicación que adoptó Alexandria Ocasio-Cortez[1], joven socialista candidata por el Partido Demócrata a la Cámara de los Representantes de EEUU. En su cuenta de Twitter, Ocasio publicó las siguientes palabras en ocasión de la muerte del senador republicano: “El legado de John McCain representa un ejemplo sin paralelo de decencia humana y servicio estadounidense”. No se trató de una ironía, de una broma ni nada parecido, sino de un intento expreso de acercarse al “mainstream” político a través de una brutal lavada de cara.

No hay ninguna razón que justifique semejante embellecimiento de un asesino imperialista, reaccionario, conservador y neoliberal: se trata de una actitud propia de un político del régimen y no de una figura política socialista como lo es Ocasio-Cortez. Este lamentable episodio pone en evidencia que la presión que ejerce el sistema hacia la adaptación y domesticación de los referentes populares tiene una fuerza brutal, y que puede operar a una gran velocidad quitándoles en muy poco tiempo su filo independiente y combativo.

Más grave aún, esto no se trata de un caso aislado. Al poco tiempo de ganar las primarias demócratas en su distrito, Ocasio retiró de su cuenta de Twitter toda referencia a su pertenencia socialista, reemplazándola por una identificación pública como parte de los “Demócratas por la Justicia”, tendencia liberal-progresista del partido (es decir, centroizquierdista). Otro error político de similar gravedad cometió Ocasio en una entrevista televisiva en la que, al ser consultada sobre las masacres de Israel contra Palestina, respondió con ambigüedades y reafirmó el supuesto “derecho a existir” del Estado de Israel, repitiendo el clásico libreto imperialista sobre el tema. También tuvo otros deslices en las redes sociales, dando a entender que ya no peleaba por abolir las deportaciones de inmigrantes.

El único antídoto a estas presiones a la adaptación es la construcción de organizaciones socialistas que levanten un programa y una estrategia de independencia de clase, de clara ruptura con el régimen, sus partidos y proyectos. Organizaciones que participen de las elecciones como un medio para expandir su llegada a la población, y no como un fin en sí mismo que subordine todo lo demás. Esto es precisamente lo que estuvo ausente en la campaña de Ocasio-Cortez. El socialismo norteamericano debe avanzar por ese camino para evitar nuevos deslices oportunistas, que tarde o temprano pueden acabar tirando por la borda todo lo conquistado.

[1] Sobre este tema, en el periódico SoB venimos publicando las siguientes notas: “Terremoto político en Nueva York: se impuso una candidata socialista en las primarias del Partido Demócrata” (Ale Kur, SoB 476, 5/7/18), “Estados Unidos: hace falta un partido socialista independiente del bipartidismo tradicional” (Ale Kur, SoB 477, 12/7/18)  y “EEUU – Crece la simpatía por el socialismo entre los que se oponen a Trump” (Ale Kur. SoB 482. 16/8/18).

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