Por Claudio Testa, SoB 404, 3/11/16

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“Sorpresivamente, el presidente filipino puso de cabeza la arquitectura de seguridad del Sudeste asiático. Un duro golpe para EEUU, y un movimiento muy arriesgado para Filipinas. Lo que ha hecho efectivamente Rodrigo Duterte, es atreverse a romper con la protección de EEUU. Y lo hizo con una afrenta diplomática sin precedentes: viajó a China y anunció en medio de un foro económico que la alianza de su país con Washington, una alianza que tiene décadas de antigüedad, es historia.

“Mientras los estadounidenses estuvieron en Filipinas velaron por su propio beneficio todos estos años, por lo que para Duterte es el momento de decirle finalmente adiós a los «amis» y al «hijo de puta de Obama». Un desalojo que Duterte empacó para sus nuevos amigos en Pekín, a quienes se lo entregó como un regalo servido en bandeja de plata.” [Thomas Latschan, “El peligroso juego de Duterte”, Deutsche Welle (DW), 21/10/2016]

En las elecciones de EEUU ha resonado un tema que también se discute mundialmente. Y es el de su relativa y gradual decadencia como “super-potencia”.

Por eso, el lema de campaña de Donald Trump es “Make America Great Again” (Haga a (norte)América grande de nuevo). La decadencia de EEUU es su eje electoral. Trump se postula para revertirla.

A su vez, el lema de Hillary Clinton también alude a la fuerza del imperialismo yanqui: “Stronger Together” (Más fuertes juntos), aunque lo hace en forma más brumosa.

Sin hacer exageraciones “catastrofistas”, es evidente que el imperialismo yanqui ya no es lo que era en otras épocas… aunque siga siendo la principal potencia, sobre todo a nivel militar.

Esa situación comienza a notarse en lo que hoy es el principal operativo geopolítico de EEUU, el llamado “Giro al Pacífico”. El tan publicitado “giro”, anunciado en 2012 por Obama, consiste en primer lugar en estructurar amplias alianzas contra China… además de mudar más del 60% de la flota yanqui al Pacífico para que apunten contra esa potencia emergente.

Allí, sus barcos y aviones se dedican a montar provocaciones frente a las costas chinas, directamente o con auxilio de sus aliados en la zona… entre los que se contaba en primera fila Filipinas… antes del actual presidente Rodrigo Duterte.

Asimismo, de parte de EEUU, hay un amplio abanico de iniciativas no militares pero que también apuntan contra Pekín. Por ejemplo, el Trans-Pacific Partnership (TPP), acuerdo de “libre comercio” de EEUU con países del Pacífico y de América Latina que excluye a China.

EEUU teme no sólo el crecimiento económico de China en sí mismo, sino también su fortalecimiento militar y la perspectiva de alianzas económicas, políticas y militares con Rusia y otros países euroasiáticos, que podrían derivar en un potente bloque geopolítico y económico fuera de su control. Es que, además de los operativos de China –como el “nuevo camino de la seda”–, Rusia está impulsando por el otro lado la llamada Unión Económica Euroasiática. Se trata también de un “giro al Pacífico”, pero iniciado desde la otra punta de Eurasia, y que ahora está empalmando con el “Nuevo Camino de la Seda”, operativo de expansión impulsado por Pekín. Este proceso de asociación, aunque está lejos de completarse, ya ha tenido avances de distinto tipo, desde la construcción de extensos ferrocarriles hasta los acuerdos en 2014 sobre gas y petróleo… También, peligrosamente, comienza a tener su componente militar, como el ejercicio naval conjunto China-Rusia en septiembre pasado, en el Mar de la China Meridional, teatro de las provocaciones estadounidenses.

Efectivamente, es en ese mar donde están más “calientes” las tensiones militares entre China versus EEUU y aliados locales. En un artículo anterior[1], analizamos los numerosos incidentes de este “tira y afloja”, que incluye los peligrosos roces y provocaciones bélicas en el Mar de la China Oriental y especialmente en el Mar de la China Meridional.

Es en los archipiélagos de ese último mar donde los incidentes son más numerosos y calientes… y es también donde China enfrentaba reclamos de Filipinas. Recordemos que recientemente Manila le ganó a Pekín un juicio en La Haya sobre la soberanía de algunos islotes estratégicos del archipiélago de las Spratly.

Pero este juicio había sido iniciado por gobiernos anteriores… Rodrigo Duterte, que asumió la presidencia el 30 de junio pasado, venía con otros planes…

“Mi abuelo es chino… Sólo China puede ayudarnos”

A poco más de cien días de su presidencia, Duterte tira el petardo que resuena en Asia-Pacífico y todo el mundo: en vísperas de un viaje a Pekín, anuncia que Filipinas da la espalda a EEUU y gira hacia China. Escuchemos algunas de sus explicaciones:

“«China merece el respeto del que disfruta actualmente», dijo Duterte, y alabó «el compromiso y la generosidad de China al ayudar a los demás como importante jugador de la comunidad internacional. Además de prestar atención a su propio desarrollo, China nunca se ha olvidado de los países subdesarrollados, demostrando su devoción por ayudar a países africanos y del sudeste asiático a impulsar su desarrollo».

“En cuanto a la cooperación económica y comercial entre los dos países, apuntó que «Filipinas tiene abundantes recursos turísticos, minerales y agrícolas y China posee un enorme mercado lucrativo. Los dos vecinos gozan de una alta complementariedad y un potencial considerable para una cooperación más profunda».

“Afirmó también que su país «necesita conservar sus lazos amistosos con China y aprender de sus éxitos en los sectores económico y comercial, especialmente en momentos de la actual crisis financiera global».

“Sobre el Mar Meridional de China, Duterte aseguró: «Prefiero el diálogo a la confrontación… No tiene sentido ir a la guerra. No tiene sentido luchar por una masa de agua. […] Es mejor el diálogo que la guerra. Queremos hablar sobre la amistad, sobre cooperación, y sobre todo, sobre comercio. La guerra no nos llevará a ninguna parte»[2].

“Duterte también declaró su «oposición a los intentos de algunos países de afuera [léase EEUU] de inmiscuirse en Mar de China Meridional… No tenemos interés en dejar a otro país que hable. Sólo quiero dialogar con China.»

“Finalmente, añadió: «Otros países [léase EEUU] saben que nos falta dinero. Pero en lugar de ayudarnos, todo lo que han hecho es criticar. China nunca critica: nos ha ayudado tranquilamente».

“El presidente también expresó su deseo de que Filipinas se una a la iniciativa china de la Ruta de la Seda. Su país está falto de fondos para infraestructura, como ferrocarriles y puertos para la Ruta, pero espera que China le pueda proporcionar préstamos. «Hay muchas cosas en mi país que me gustaría implementar, pero falta capital social», dijo el presidente.

“«Si podemos conseguir las cosas que China ha dado a otros países por la vía de la asistencia, podremos ser parte de sus grandes planes para toda Asia, especialmente el sudeste asiático», dijo.

“«Somos filipinos y estamos dispuestos a cooperar con ustedes, para que nos ayuden en la construcción de nuestra economía y nuestro país. Hay dos millones de personas de origen chino en Filipinas. Por lo tanto pedimos su ayuda, llamando al pueblo chino a ayudar a los chinos aquí. Ellos son filipinos pero también son chinos», agregó.

“«Mi abuelo era chino… Sólo China puede ayudarnos», finalizó Duterte.”[3]

Poco después Duterte, en una visita a Japón, detonaba otro petardo: “He declarado que seguiré una política exterior independiente. Quiero que mi país quede libre de la presencia de tropas militares extranjeras.”[4] Y anunció un plazo de dos años para negociar su retirada.

Por supuesto, las únicas “tropas militares extranjeras” que existen en Filipinas son las de EEUU, que están allí desde 1898, cuando se apoderaron de las islas en la guerra contra España, la misma en que tomaron Cuba y Puerto Rico. Luego, para ahogar en sangre los reclamos de independencia, EEUU cometió el llamado Genocidio Filipino, que costó un millón de muertos sobre una población de nueve millones. Desde entonces, con la sola interrupción de la ocupación japonesa (1941-45), las bases militares del imperialismo yanqui salpican las islas.

Hoy, esas bases juegan un papel fundamental en los aspectos militares del “Giro al Pacífico” de Estados Unidos contra China…

Malasia, otro gobierno en peregrinación a Pekín

Casi al mismo tiempo, otro histórico peón de EEUU en el Asia-Pacífico y, específicamente, en el disputado Mar de la China Meridional, emprendió la peregrinación a Pekín.

El primer ministro de Malasia, Najib Razak, está ahora en la capital china, encabezando una delegación de decenas de funcionarios y empresarios que se quedará más de una semana en Pekín. La agenda es amplia. Incluye la compra de naves chinas para el patrullaje de las costas de Malasia en ese disputado mar, y también otras operaciones financieras, comerciales y de inversiones entre ambos países.

De conjunto, según el Asia Times: “cualquiera sean los designios de Malasia, todo da la impresión de un desacople de EEUU y de un allegarse a China”[5]. Asimismo, el Asia Times opina que esto es parte de una tendencia más de conjunto: “La visita de Najib Razak a Pekín sigue a la del presidente filipino Rodrigo Duterte, que anunció la «separación» con EEUU y firmó un montón de memorándums de inversiones chinas en su país.”

Este “tigre de la Malasia” no es sin embargo como el honestísimo Sandokán, el legendario personaje de Salgari. En este caso, la ruptura con Estados Unidos habría sido detonada por un monumental escándalo financiero, en que está implicado el gobierno malayo.

Se trata de la bancarrota del fondo 1Malaysia Development Berhad (1MDB), fundado y operado por Najid. La actitud de Washington fue la de motorizar a su “Department of Justice”, para que abriese una investigación muy comprometedora para el gobernante malayo. Por el contario, Pekín, sin hacer preguntas molestas ni tampoco investigaciones, vino al rescate de Najid con un préstamo de 2.300 millones de dólares.

Ante ese milagro del cielo, la conversión de Najib Razak parece haber sido instantánea. Y este mes hizo su “hajj”, su peregrinación, aunque no a la Meca sino a Pekín.

Notas:

1.- Ver “Juegos peligrosos en los mares de China”, SoB n° 392, 11/08/2016 (http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=8396) y “Reunión del G-20 en China – Mucho ruido y pocas nueces”, SoB n° 396, 08/09/2016, (http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=8584).

2.- La respuesta inmediata de Pekín fue dejar pescar libremente a los barcos filipinos… en zonas de riqueza ictícola fabulosa.

3.- Charlie Campbell, “I Am a Chinese” – “Philippines Offensive in China”, Time, Oct. 19, 2016 y “Sólo China puede ayudarnos”, agencia Xinhua, 17/10/2016.

Señales importantes pero no definitivas

Lo que ha sucedido en estos días con Filipinas y Malasia, dos Estados inscriptos en la “esfera de influencia” del imperialismo yanqui, es un síntoma indudable de su debilitamiento geopolítico. Sobre todo lo de Filipinas sería muy importante… sobre todo si llegara a consumarse el desalojo militar anunciado por Duterte.

Más que una semicolonia norteamericana, Filipinas ha sido de hecho un “protectorado”, colmado de instalaciones militares de EEUU y que ahora iban a ser ampliadas con cinco nuevas bases para operar contra China. Si su presencia militar quedase reducida a cero, sería un cambio histórico.

Sin embargo, tomando nota de este proceso inédito, hay que señalar también sus debilidades e indefiniciones. Evidentemente, nadie puede confiar en Duterte ni menos aún en los personajes de Malasia.

Internamente, con la justificación de terminar con el narcotráfico y la inseguridad, Duterte desató una ola de asesinatos que ha sembrado el terror entre las capas más pobres. Y después de su viaje a Pekín, ha hecho declaraciones más conciliadoras y moderadas en relación a EEUU. Asimismo, aunque hoy goza de una enorme popularidad, el giro hacia Pekín hace temer intentos de golpe de Estado de los sectores burgueses y militares más ligados al imperialismo yanqui.

Indudablemente, el imperialismo yanqui viene debilitándose pero de ninguna manera está acabado, ni en Asia-Pacífico ni a escala mundial. Para terminar del todo con su dominio son necesarias otras fuerzas: las movilizaciones revolucionarias de los trabajadores y las masas populares.

Y esto, además, sin olvidar que ni China ni Rusia son dos potencias más “progresivas” que Estados Unidos.