Por Claudio Testa, 25/5/17

Categoría: Estados Unidos, Medio Oriente Etiquetas: ,

“Nunca ha habido un presidente de EEUU que iniciara su primer viaje internacional siendo perseguido por escándalos como estos.”
(Larry Sabato, presidente del University of Virginia
Center for Politics, AP-Time, May 19, 2017)

“Europa contempla boquiabierta cómo el líder político más poderoso del mundo parece cada vez más consumido por una crisis interna convertida en rutina. El presidente de EEUU debuta con una gira de nueve días por un campo de minas para la diplomacia –Oriente Próximo, empezando en Arabia Saudí, la cumbre de la OTAN y el G7– y lo hace en sus horas más bajas, en medio de una investigación, con espías rusos de por medio, y cuando ya nadie descarta nada, ni siquiera su caída. El drama americano inquieta cada vez más a sus aliados.

“Cuando el viernes Trump subió al avión, parecía como si por unos días fuera a escapar de la centrifugadora en que se ha convertido Washington, con su popularidad por los suelos, las Bolsas cayendo, la posibilidad de un impeachment comentándose con ligereza y el Partido Republicano hecho un manojo de nervios. Pero a minutos de su embarque empezó a circular que la investigación sobre la trama rusa, la conchabanza de su equipo con el Kremlin para favorecer su victoria electoral, alcanza a su círculo más cercano. La centrifugadora viaja en el avión.”
(Amanda Mars, corresponsal en EEUU, “Trump comprueba su peso exterior cercado por la crisis rusa”, El País, 21/05/2017.)

Este artículo, escrito al cierre de nuestro semanario Socialismo o Barbarie, tendrá sus inevitables limitaciones en dos sentidos.

En primer término, la crisis política al interior del régimen estadounidense ha avanzado unos pasos más en las últimas horas. Hoy el New York Times (24/05/2017), que lidera la campaña anti-Trump, publica el testimonio de John O. Brennan, hasta hace poco director de la CIA, ante el “House Intelligence Committee” (Comité de Espionaje de la Cámara de Diputados).[1]

Brennan ratifica la existencia de estrechos contactos entre gente de Trump y funcionarios del Kremlin, que el FBI en su momento también habría detectado. Pero informa esto con mucha más “delicadeza” y “medias tintas” (y también menos adjetivos) que el destituido ex director del FBI, James Comey, que acusa prácticamente a Trump de ser agente y/o socio de Putin.

El ex director de la CIA se escabulle diciendo que los contactos podrían haber sido “benignos” o una “colusión”… Él no tiene claro si una u otra cosa, pero dice que habría que “investigar”… En síntesis, se lava las manos estilo Poncio Pilatos, pero deja mucho más comprometido y embarrado a Trump

Este es entonces el marco en que se inicia su viaje… y hay que tenerlo muy en cuenta. Su gira internacional está cruzada por el signo de interrogación de cuánto durará en la Casa Blanca. Podría decirse que lo más “lógico” sería que continúe su mandato en base a que se someta y acepte la continuidad de las orientaciones ya marcadas por sus predecesores republicanos o demócratas… algo que en buena medida ya viene haciendo.

Sin embargo, el llamado “sentido común” muchas veces no funciona en tiempos de crisis. Como se advierte en un artículo que publicamos la semana pasada “la tensión ha seguido aumentando” y “se abre un horizonte de incertidumbre… si bien no parece inmediatamente probable su destitución… esta comienza a aparecer en el horizonte de lo posible” (ver de Ale Kur, “Sobrevuela el fantasma del ‘impeachment’ a Trump”[2].

Una semana después, podemos verificar que, en ausencia de Trump, las bases de su trono han continuado deteriorándose. Esto hay que tenerlo en cuenta en relación a su gira, porque será el fantasma que inevitablemente presidirá todas sus reuniones y negociaciones… aunque nadie se atreva a mencionarlo abiertamente.

La otra limitación –inevitable– de este artículo es que sólo vamos a considerar su primera visita importante, la de Arabia saudita. Los tramos siguientes aún están en curso. Pero veamos antes el itinerario completo de esta maratón geopolítica. La semana próxima, en la segunda parte de este artículo, analizaremos el resto, y haremos un balance final.

El viaje de Trump se inicia en Arabia Saudita donde estuvo el sábado 20 y el domingo 21. Luego, el lunes 22 y martes 23, Israel – Palestina, con diversas actividades y reuniones. El miércoles 24 fue recibido por el papa Francisco en el Vaticano. El jueves 25, está marcada una reunión en la sede de la Unión Europa, en Bélgica. También, una conferencia importante con la OTAN. Finalmente, el viernes 26 y sábado 27 en Sicilia, se encontrará con Merkel (Alemania), Macron (Francia), Theresa May (Reino Unido), Trudeau (Canadá) y representantes de Italia y Japón. Los temas: comercio mundial, terrorismo y refugiados.

Primera estadía, Arabia saudita: Cruzada contra Irán y (supuestamente) la más fabulosa venta de armamentos y otras montañas de dólares

Trump, desde el primer día de su presidencia (y también anteriormente en su campaña electoral), dio muestras una rabiosa islamofobia. Recordemos que uno de sus primeros decretos fue prohibir la entrada en Estados Unidos de ciudadanos de una larga lista de países catalogados como “islámicos”… por cual seguramente sus ciudadanos viajan a EEUU con la bomba en la valija.

Esto desató un estallido de grandes protestas dentro y fuera de EEUU y también fuerte oposición judicial que desembocó en el rechazo del decretazo.

De todos modos, esa visión “trumpista” del “terrorismo islámico” era muy  unilateral: sólo afectaba a países “islámicos”… pobres. En cambio, Arabia saudita estaba exceptuada, a pesar de haber sido la cuna de Osama Bin Laden y de Al Qaeda, y de donde salieron en su casi totalidad los que supuestamente realizaron el atentado de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. La islamofobia de Trump se derrite cuando se trata de billones…

En ese marco, la visita y actividades de Trump en Arabia saudita tuvieron dos coordenadas muy claras: una geopolítica y otra, la de lograr algunos billones de dólares.

El aspecto geopolítico se centra en dinamizar el enfrentamiento contra Irán como potencia regional. Para eso, se trata de exacerbar la hostilidad entre musulmanes sunnitas (encabezados por Arabia saudita y gobiernos afines) contra la rama chiíta del Islam, que tiene su centro en Irán.

Por supuesto esto no es nuevo, ni mucho menos invento de Trump. Agudizar las diferencias religiosas entre los pueblos que se quiere dominar, ha sido uno de los trucos más viejos de los imperialismos. Ya bajo Obama, lo de “Arabia Saudita versus Irán” tuvo muchas expresiones, directas o indirectas.

La de consecuencias más terribles ha sido la intervención conjunta de Arabia Saudita, EEUU, Francia y más indirectamente del Reino Unido en Yemen para castigar a los rebeldes houtíes que en el 2015 se apoderaron de su capital Sanaa. El justificativo es que los houtíes responden a Irán. Entonces, es lícito un buen genocidio para que escarmienten. La población que se salva de las bombas está muriendo de hambre y de epidemias como el cólera. Este crimen viene siendo cuidadosamente silenciado por los grandes medios.

Pero Obama, simultáneamente, maniobró junto con otras potencias para negociar con Irán un acuerdo que le impidiese lograr armas nucleares. Pero el pacto entre Irán y el G5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania) molestó profundamente a los dos grandes enemigos regionales de Irán: a saber, Israel y Arabia Saudita. En EEUU, el acuerdo del G5+1 fue rechazado por los republicanos y, por supuesto, por su actual presidente Donald Trump.

Ahora, Trump logró en Arabia Saudita un buen clima para reanudar la lucha del Islam sunnita contra los herejes de Teherán. Y no sólo en el reino saudita, sino también en su cortejo de lacayos, los gobiernos de otros países “islamícos” a los que se financia desde Riad. Así Trump presidió grandes reuniones con esos sirvientes que lo aplaudieron a rabiar, olvidando la campaña islamofóbica con que ganó las elecciones.

Pero lo más resonante mundialmente fue el segundo rubro, la montaña de dólares que supuestamente desde Arabia saudita se volcaría en EEUU. Este es un golpe de efecto que retumbaría en EEUU y que quizás explica porqué el primer viaje al exterior de un presidente yanqui no se inicia en Europa, a China u otra gran potencia… sino al reino saudita

“Ha sido una jornada formidable”, proclamó Trump. “Centenares de millones de dólares de inversiones en los Estados Unidos… y empleos, empleos, empleos!!!”

Efectivamente, los anuncios de la agencia oficial saudita hablan de más 36 acuerdos que van desde ventas de armas a construcción de infraestructuras en Estados Unidos con fondos saudíes. El valor total de las inversiones superaría los 380 000 millones de dólares. Sólo la venta de armas –se supone que para enfrentar a Irán– llegaría a 109.000 millones de dólares. Asimismo, el fondo soberano saudí se uniría al gestor de activos Blackstone de EEUU para constituir un fondo de 40.000 millones de dólares para renovar las decrépitas infraestructuras estadounidenses.

Estos anuncios, lógicamente, han retumbado en Estados Unidos. Pero, al mismo tiempo, no parecen haber revertido apreciablemente el deterioro político de Trump.

Es que, por abajo, habrá que ver si lo de “empleos, empleos, empleos” se hace realidad. Ya muchos van tomado nota de la distancia entre los anuncios y promesas de Trump y lo que finalmente han ido resultando en la realidad.

Pero también, a nivel de los especialistas, hay grandes dudas sobre las cifras. Es que Arabia Saudita no es un barril sin fondo ni la cueva descubierta por Alí Babá, como muchos creen. El descenso de los precios de hidrocarburos ha repercutido duramente sobre gran parte de la población… y también sobre las finanzas del Estado… que no son lo mismo que las fortunas inmensas de los miles de parásitos que componen la familia real de los Saud.

La tasa oficial de desempleo es del 12%, pero es una fábula estadística. El porcentaje real es mucho mayor. Los hospitales públicos están cada vez más faltos de medicinas. El mayor fondo del reino, el General Retirement Foundation (GRF), que paga las pensiones de los retirados del sector público y de las fuerzas armadas, acaba de anunciar que está prácticamente en quiebra.[3]

Son noticias como estas las que llegan desde hace un tiempo desde Arabia Saudita… Cumplir con las promesas de compras bilonarias de armas y demás acuerdos con Trump, podría dar combustible para un estallido político-social.

Por supuesto, Arabia Saudita no es Irán ni Egipto… pero sus trabajadores y sectores populares también necesitan comer.

……………………

1.- Ver Matt Apuzzo, “Russia-Trump Tie Was Big Concern Of Ex-C.I.A. Chief”, New York Times, May 24, 2017.

2.- Ver en Socialismo o Barbarie Nº 426, 18/05/2017, http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=9767

3.- “Saudi retirement foundation loses reserves…”, Middle East Monitor, May 15, 2017.

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